Apuntes de la Premier League (7)

por Quintín

Crack. En una fecha gris, llena de empates y de partidos opacos, se produjo el gol del año (seguramente de la liga, probablemente de Europa), a cargo de Dimitri Payet para el West Ham. Fue un gol digno de Messi, a base de giros, amagues y gambetas que terminó en una definición de fantástica elegancia. Suprema rareza, hace dos semanas Payet metió la asistencia del año, un centro de rabona totalmente inesperado que dejó la pelota en la cabeza de un compañero para que la empuje. Más raro aun, Payet hizo estas genialidades en un equipo que anda muy mal y ocupa posiciones de descenso, en un momento en el que iba perdiendo de local y los hinchas estaban furiosos. Pero lo verdaderamente extraño es la trayectoria de este francés de 29 años, nacido en la isla Reunión, que queda en el Océano Indico y donde transcurre Sirenas del Mississippi de Truffaut. Payet, probablemente de ascendencia tamil, se formó en los clubes locales y a los 18 años pasó al Nantes; después jugó en el Saint-Etienne, el Llille y el Marsella de Bielsa, donde se hizo ver como para que después lo comprara el West Ham en la temporada 2015-2016 y lo empezaran a tener seriamente en cuenta para la selección francesa. Hizo tres goles en la Eurocopa reciente y su salida de la titularidad no le hizo nada bien al equipo. Sigo con atención a Payet desde que lo vi el año pasado en su actual club y es de esos jugadores de los que espero que brille en cada partido. Y siempre me pregunto por qué no es una gran figura del fútbol mundial con ese talento y esa magia.

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Claro que uno puede ver el gol de Payet en los noticieros o en la web, pero haberlo visto en directo fue uno de los grandes momentos futbolísticos de este año. Esos segundos en los que pasé del asombro a la incredulidad, al deseo de que el gol se concrete y, finalmente, a la explosión de alegría serán inolvidables.

Coordinación. Hablé de una fecha opaca y lo fue en grado sumo. Seis empates (una cifra inusual), dos goles por partido de promedio, equipos sin precisión ni creatividad, dominio de las defensas sobre los ataques, malas prestaciones individuales y colectivas. La gran pregunta es si esto es una casualidad, algo que las probabilidades no desmienten: la fecha anterior fue más interesante, la próxima tal vez lo sea. Pero hace tiempo que observo una regularidad que aparece en todos los torneos, donde hay fechas en las que el fútbol es colorido y otras en las que es amargo. Puedo dar una razón concreta para la triste séptima fecha inglesa: a los equipos no les hace bien jugar copas europeas en la semana. De hecho, los que las jugaron (con excepción del Tottenham) tuvieron tardes flojas y el peor partido, sin duda, fue el cero a cero entre Leicester y Southampton, los dos equipos chicos con presencia en Europa y poco plantel. Esta teoría se puede reforzar con lo que pasó el fin de semana en España, donde los equipos coperos también tuvieron malas actuaciones. Pero, en Inglaterra, también aflojó el Liverpool, que venía bien y no juega copas y, si bien se recuperó el Chelsea, tampoco hizo nada genial. Tengo la sospecha de que esto trasciende esta explicación countural y cualquier otra. Una hipótesis es que la preparación física de los equipos, orientada a aguantar el largo campeonato inglés, alcanza en esta etapa del año un estado que favorece la resistencia pero atenta contra la precisión, o que por exceso de concentración en el esfuerzo se produce una saturación indeseada que le resta frescura a los jugadores. Y tengo también una hipótesis de máxima: que en estas cuestiones intervienen factores exteriores, que pueden ir de lo meteorológico (puedo asegurar que se juega mejor cuando hay más humedad) a lo cósmico, aunque no quiero implicar nada místico ni esotérico sino una coordinación invisible de las cosas o las personas como la que se produce entre los relojes de péndulo o en la menstruación de las mujeres que viven juntas.

Paliza. El Tottenham Hotspurs de Pochettino lo pasó por arriba al Manchester City de Guardiola. Lo superó en cada minuto y en cada parte del campo, lo presionó de tal modo en que no le dejó espacio en ninguna parte y, cuando tuvo la pelota, la usó con velocidad, confianza y criterio. Tuvo la seguridad defensiva y la explosión ofensiva de las que careció el City y si Bravo no le ataja el penal que Lamela insistió en patear sacándole infantilmente la pelota de las manos al coreano Son (a veces embarullado pero este año incisivo y certero), la goleada podría haber sido catastrófica. Hoy por hoy, los Spurs son el mejor equipo de la liga y continúan una evolución ascendente que, por ahora no choca, como le ocurrió el año anterior, contra la fatiga por exceso de disciplina.

En la fecha anterior, cuando le ganó injustamente al Swansea, habíamos señalado que el City empezaba a tambalear, lo que se confirmó el miércoles contra el Celtic en un empate con suerte. La caída se veía venir y el primero en saberlo fue Guardiola, que puso a recuperar en el medio a Fernando y a Fernandinho como solía hacer el ingeniero Pellegrini cuando las cosas no iban bien. Con Fernando más atrás que él, Fernandinho deja de ser un jugador importante y creativo para convertirse en un volante de equilibrio ordinario. Parece difícil encontrarle un reemplazo a De Bruyne. Gundogan no se adapta y tal vez sea hora de convocar a Yaya Touré, cuya ausencia es un capricho del técnico. Para mí, una de las cosas más importantes de un entrenador es que haga rendir a sus mejores jugadores. Y Yaya es un fenómeno.

Aburrimiento. Si el City jugó su peor partido, el del United no fue genial, aunque nada hacía suponer, y menos después de que el United se pusiera en ventaja con un gol del resurrecto Martial, que el Stoke podía llevarse algún punto. Pero cuando los equipos de Mourinho van ganando, suelen recibir la indicación de congelarlo todo, lo que en principio sería suficiente para impedir que un equipo tan anémico como el Stoke pueda empatar. Pero cuando los jugadores solo esperan que llegue el final se aburren y son propensos a tener baches en la concentración. Tuvieron uno y Joe Allen consiguió su segundo gol. Algo parecido le pasó al West Bromwich, que esta vez iba ganando y también se aburrió, permitiendo que el Sunderland, que no parecía tener ni con qué pasar la mitad de la cancha, lo sorprendió con un gol de Van Aanholt, otro que no juega de titular por capricho de su técnico.

Addio. Hoy se confirmó el despido de Francesco Guidolin después de su fallido intento en convertir al Swansea a su sistema de mucho orden en la defensa y poco progreso en el ataque. Desde que empezó el torneo digo que es mejor que lo echen porque nos vamos al descenso. Hoy, cuando finalmente lo echaron, no estoy tan seguro de que sea una gran idea. Sí, Guidolin era muy defensivo. Sí, confiaba en esos nueves peninsulares que parecen salidos del túnel del tiempo. Sí, no lo ponía a Jefferson Montero (esta vez no estuvo ni en el banco). Sí, durante su permanencia al frente del equipo se vendieron jugadores buenos y se trajeron otros dudosos. Sí, sí, sí. Pero tanto en el partido con el City como el sábado contra el Liverpool, Guidolin aplicó un método de presión alta y restricción de los movimientos contrarios de tal modo de no descartar un trato respetuoso de la pelota y un movimiento ofensivo basado en su tenencia cuando las circunstancias lo permitían. Perdió los dos partidos y se fue, dejando la incógnita por lo que vendrá, porque los dueños americanos contrataron a un técnico americano, Bob Bradley, ex de la selección americana. Qué puede salir de acá es un misterio. Espero que no sea el descenso.

Respiro. El mejor partido de la fecha fue Watford – Bornemouth. Empataron dos a dos y fue un placer ver dos equipos chicos que no tienen complejo de equipos chicos y no salen a rasguñar puntos sino a jugar de igual a igual con los demás. Bornemouth, con el joven técnico Eddie Howe (sonaba para reemplazar a Wenger en el Arsenal y ahora para la selección inglesa), recluta jugadores locales que se lucen. En el equipo juega ahora Jack Wilshire, un aporte de calidad, pero también Callum Wilson, gran goleador, y un suplente muy interesante como Josh King. En Watford, el técnico es el viejo tano Walter Mazzarri, que pone tres en el fondo. (hasta ahora era el único pero, finalmente Conte se decidió a utilizar el sistema en el Chelsea), pero también dos puntas (Deeney e Ighalo), más dos jugadores especialmente atractivos. Uno es el incipiente Isaac Success, que entró y revolucionó el partido. El otro es el holandés descendiente de marroquíes Nordin Amrabat, un defensor-volante-wing por la derecha al que todos los fines de semana le veo hacer cosas fantásticas (el sábado hizo la gran asistencia de la fecha). También es un caso raro, porque con la calidad que tiene, a los 29 años nadie parece haber reparado en él. Como Payet es un crack tardío, aunque su caso es menos evidente.

Referees. En el sitio oficial de la Premier League hay un artículo de Andre Marriner sobre el entrenamiento y la vida en el “Select Group”, la élite de 18 árbitros que dirigen los partidos del torneo. Es interesante lo profesionalizado que se ha vuelto el oficio, tan lleno ahora de obligaciones. Los internacionales como Marriner (son ocho) participan en unos 70 partidos por año, además de reuniones, visitas a escuelas y a los propios equipos entre otras tareas, además de que se los controla no solo en cada actuación, sino también en la dieta y el plan de entrenamiento personalizados. Hasta el funcionamiento cardíaco es objeto de una medición de la que informan después de cada partido. El objetivo del Select Group es armar una máquina de dirigir cuyas piezas son los árbitros. Se busca que su actuación sea cada vez más uniforme, más homogénea y que los errores se minimicen al límite. Este año, por ejemplo, se dispuso que los árbitros sean muy severos con las protestas y que sancionen los agarrones en las áreas y todos los cumplen. Es tan absorbente el régimen de vida de los árbitros que incluye su matriculación en una maestría que los prepara para su reinserción laboral cuando dejan la profesión.

Además, ha habido varios cambios en el reglamento a partir en esta temporada. El más importante es aparentemente invisible: por primera vez las reglas tienen una redacción racional y clara, están formuladas y explicadas como para que todo esté en el papel y no haya dudas posibles. Esa redacción terminó de introducir el nuevo concepto sobre la intencionalidad de las faltas, que sutilmente se empieza a reflejar en el modo de dirigir. Ahora se distingue claramente, por un lado, lo que es foul (imprudencia), amonestación (temeridad) y expulsión (uso desmedido de la fuerza). Pero también la diferencia entre la falta que se comete en disputa de la pelota y la que obedece a una intención previa, lo que los relatores ingleses llaman cynical foul. Así, por ejemplo, en la regla del último recurso ya no es penal y roja cuando la falta es en un contacto producido en la disputa del balón sin intenciones ulteriores. Viendo los partidos ingleses, se empieza a entender cómo se aplicarán las reglas del juego a partir de ahora. Hay una racionalidad ostensible en el sistema.

De este modo, el fútbol inglés ha pasado de ser el más permisivo (hace algunos años vi dos jugadores intercambiarse trompadas delante del árbitro, que solo los miró como diciendo “ya está”), a uno de los más restrictivos. Por un lado, si hay contacto claro con el adversario, se sancionan las faltas; por el otro, se amonesta cuando estas son más que el contacto inherente a la disputa. Así, hay muchas más amarillas que antes pero, curiosamente, casi no hay rojas. En siete fechas, si no me equivoco vi solo una expulsión por dos amarillas y una por roja directa (por la locura de Nolito): el resto fueron por manos como último recurso. Es como si los jugadores supieran perfectamente que solo pueden cometer una falta (sutilmente) intencional por partido. La violencia, además, parece haber sido excluida.

Claro que dirigir así tiene el riesgo de excederse y de terminar cobrando cualquier cosa, lo que es y lo que no es. Así fue como Jonathan Moss hizo un desastre en el partido del viernes entre el Everton y el Crystal Palace. Pitó todo y sacó nueve amarillas, además de anular mal un gol por offside y cobrar como directo un tiro indirecto (es curioso que los árbitros se hayan olvidado del indirecto, aunque está en las reglas) que terminó en gol. Moss arruinó un partido cuya atracción era el enfrentamiento entre dos tanques belgas: Lukaku, que convirtió el tiro libre mal cobrado, y Benteke, que empató con un cabezazo fabuloso suspendido en el aire.

Lo del propio Marriner tampoco fue brillante el cierre del fin de semana. En un partido en el que el Arsenal no podía quebrar al Burnley, venía teniendo una muy buena actuación: el juego fluyó casi sin infracciones, al punto de que hubo solo dos minutos de descuento. Pero la arruinó en la última pelota: un corner que se ejecutó sin razón fuera de hora y que fue gol de Koscielny en offside y con la mano (bueno, la mano fue casual.) Es que, entre tantas modificaciones reglamentarias, se olvidaron de una cláusula que le recuerde a los árbitros que no deben favorecer a los equipos grandes.

Basta. El peor partido, dijimos, fue el cero a cero de Leicester – Southampton, muy agravado por que no llegó el relato en inglés y siempre hay un partido en el que me toca sufrir a estos venezolanos formados en el béisbol. Esta vez me sacaron de las casillas. Saben tan poco de fútbol que ignoran lo que no saben y, en consecuencia, se dedican a enseñarle a los espectadores. Y también a los jugadores: uno de ellos se puso a explicar cómo tenía que definir Jamie Vardy cuando enfrentaba al arquero. No se dan cuenta hasta qué punto son irrespetuosos y hacen el ridículo. Espero que alguien de direcTV lea estas líneas y se apiade de mí, preocupándose de que siempre tenga la opción de escuchar el relato en inglés.

Foto: Gabriela Ventureira

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4 comentarios to “Apuntes de la Premier League (7)”

  1. DIEGO BATLLE Says:

    Vengo siguiendo al Tottenham de Pochettino desde hace dos temporadas y ha conformado un grupo realmente notable y con muchos juveniles (o veinteañeros), varios de los cuales incluso son la base de la selección inglesa. Pasó por arriba como decís al City de Guardiola sin Kane (el 9 suplente, Janssen, es lamentable) y con la propia “medicina” de Pep: presión en toda la cancha. Está claro que no tiene tanto recambio como los grandes y terminará pagando a la larga tanto desgaste e intensidad entre Premier y Champions. Pero quedó 2º el año pasado y este arranco muy bien. Ayer el “neo-bielsismo 2.0 de Pochettino y Berizzo le ganó los dos partidos al guardiolismo: el City de Pep y el Barcelona de Luis Enrique. Toda una curiosidad. Saludos.

  2. lalectoraprovisoria Says:

    El Tottenham terminó tercero. Segundo fue el Arsenal. Pero igual, hizo un campañón y puede repetir. El problema es jugar siempre a ese ritmo, no tanto por una cuestión de plantel. Hace poco se le lesionaron tres tipos en un partido. Y corren un poco demasiado aunque ocupan los espacios como nadie.

    Q

  3. DIEGO BATLLE Says:

    Sí, es verdad, quedó tercero a un punto del Arsenal. Igual sigue siendo meritorio porque tiene menos presupuesto y estrellas que los dos Manchester, Arsenal, Liverpool y Chelsea. Ni que hablar el mérito enorme del Leicester 2015/6, que igual parece que ahora apunta a la Champions (una vez en la vida) y en el torneo pinta para hacer sapo. Comparto: el estilo Pochettino pone en riesgo el físico de los jugadores, sobre todo con partidos martes/miércoles y sábado/domingo. Y mientras el City tiene 2 o 3 jugadores por puesto, el Tottenham parece tener un plantel de 18/20 jugadores y poco más. Quizás pueda promover algún juvenil como ya lo hizo, pero con eso difícil avanzar en la Champions y pelear la Premier.

  4. lalectoraprovisoria Says:

    Una de las características más sorprendentes del Leicester 2015-2016 es que prácticamente no tuvo lesiones ni suspensiones. Ahora, aunque con menos rendimiento y más partidos, le pasa lo mismo. Ese es un tema que nadie tocó en profundidad. Ni siquiera con superficialidad. Pero estoy convencido de que es método y no casualidad.

    Q

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