Bitácora de la hija de Neptuno (57)

por Flavia de la Fuente

1 de octubre

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 13,5 grados. Temperatura del aire: 15 grados. Viento: NE 19 km. Olas: 0,6 m. Sol y nubes. Marea bajando. Tiempo de natación: 25 minutos.

Primera natación de octubre. Hoy de nuevo, fui al mar con mi querida amiga Gabi.

Yo tenía decidido ir a nadar, pero Gabi, como es natural, tenía frío y no se animaba.

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Veníamos caminando por la playa y a lo lejos avistamos a una gente en el agua. Podían ser pescadores, surfers, no veíamos bien. Ni bien estuvimos lo suficientemente cerca vimos que se trataba de un hombre y una mujer que chapoteaban felices en el agua, sin traje ni nada parecido. Y permanecieron disfrutando del mar durante mucho tiempo.

Nos acercamos para ver a los bañistas y Gabi decidida me dijo: “Yo también me voy a meter. Pero en malla, me da fiaca ponerme el traje”.

A esto último yo me opuse, porque hacía frío. Los tortolitos acuáticos eran jóvenes y bastante robustos.

Y no es nuestro caso.

Finalmente, para mi felicidad, Gabi disfrutó del mar como la pareja marina: hizo la plancha, salió a tomar sol y, al cabo de un rato, ¡se metió de nuevo!

Mientras tanto, yo nadaba ida y vuelta hasta el Fontainbleau, como quien hace largos en una pileta.

Aunque era una pileta movida, con un oleaje caótico pero suave.

Según nos dijo alguna vez el rey de los guardavidas, el señor Ricardo Espada, seguramente en ese momento había alguna tormenta cerca en el mar. Quizás llegue más tarde a nuestras playas y traiga vientos tremebundos. No lo sé.

Pero el vaivén de las olas me despejaron y me sacaron muchas sonrisas.

De lejos, cuando empecé a nadar oía los grititos de Gabi jugando con el agua. Me daba alegría saber que estaba jugando como una niña en el agua.

Y así, lentamente, me fui alejando, cantando lo de siempre y braceando.

Al principio me costaba. En un momento, miré el reloj y había nadado apenas 7 minutos y parecía una hora.

No sé por qué hoy amanecí muy cansada.

Pero pasados los diez minutos de natación, me empecé a sentir bien y no quería salir.

El agua estaba deliciosa con sus trece o catorce grados de temperatura y, además, hoy estaba transparente.

Como siempre, disfruté más de nadar más hacia el Norte, con el sol de frente, que ilumina el agua y la vida.

Salí del mar y Gabi ya no estaba en la playa.

Vine rápido a casa, me duché y tomamos todos el oolong de rigor con las bananitas desecadas y almendras.

Un mediodía primaveral.

Ahora es de noche y ya no es más primavera porque hace un frío bárbaro.

Estoy triste porque Gabi se volvió a Buenos Aires.

Foto: Gabriela Ventureira

3 comentarios to “Bitácora de la hija de Neptuno (57)”

  1. Geraldine SK Says:

    Diosas F&G!

  2. lalectoraprovisoria Says:

    A ver, querida Geri, cuando venís a nadar. Ya podés hacerlo sin traje!

    Besos de la hija de Neptuno

  3. Geraldine SK Says:

    Este año seguro, my dear friend! Noviembre en Mar del Plata quizá y con seguridad a principios de diciembre en la querida San Clemente, si pueden!

    Besos a todos.

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