Bitácora de la hija de Neptuno (52)

por Flavia de la Fuente

17 de septiembre

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 12 grados. Temperatura del aire: 17 grados. Viento: NO 15 km. Olas: 0,5 m. Nubes y muy poco sol. Marea bajando. Tiempo de natación: 25 minutos.

Seis días sin nadar. Una vergüenza. Un papelón sin igual. Primero fue por el temporal, el mar no estaba para ir a chapotear, y después no sé, triunfó el diablito.

Hoy tampoco iba a ir al mar, me sentía cansada. Solita no nos había dejado dormir porque se la pasó ladrando en la pieza.

img_4953

Pero, si bien no había sol, no hacía frío y no había viento. Y el mar estaba muy calmo. Ya no había excusas.

Así que pese a todos los no que el diablito planteó, hoy hizo su reaparición triunfante el angelito: “Si no nadás hoy, no existís. Hay pocos días tan apacibles. ¿Estás cansada? ¿Aguantátela! ¿Querés ser una nadadora de la tercera edad o no? Ya no hay tiempo para seguir deshojando la margarita. En una semana cumplís 57 años. ¡A entrenar, perezosa!”

Hay que reconocer que también fue un triunfo del entrenador, quien se sumó al angelito y me dijo: “Hoy vas a nadar sí o sí. Es un día perfecto. No hay excusas que valgan.”

Y lo cierto es que yo necesito nadar.

No saben lo bien que me siento ahora.

Pensé que me iba a meter unos diez minutos, quince a lo sumo.

Me sentía tan débil que tardé media hora en ponerme todo el equipo de natación. La lucha con los guantes, las medias y el traje de neoprene no es fácil. Hoy casi me derrotan.

Una vez vestida, salí a la calle y me moría de calor con mi atuendo invernal.

Pesada, me arrastré hasta el muelle, me faltaba el aire, en fin, era una especie de ruina humana.

Entré al agua con desconfianza. Caminé un poco y a los tres minutos me zambullí. Miré el reloj y pensé: “No más de diez minutos, de ninguna manera”.

Esa libertad me ayuda, me da energía y liviandad.

La obligación pesa.

Metí la cara en el agua fría y empecé a bracear distraídamente hacia el Norte, de a ratos mirando con cariño al sol que me calentaba la cara.

Iba con la corriente ligeramente en contra, o sea, que algo avanzaba, pero muy poco. Pero a mí me gusta nadar mirando hacia el sol. Es más alegre. Por eso elegí la ruta más difícil.

Ni bien empecé a nadar, se me despertó el espíritu deportivo.

“¡Buenos días, Flavia!”, me dijo el espíritu deportivo. “A ver con qué me sorprendés hoy.”

“Hoy no saldré del agua ni miraré el reloj hasta pasar el Aguila, tarde lo que tarde”, le contesté, asombrada por su inesperada aparición.

Y lo cierto es que costaba llegar. Parecía que nadaba siempre en el mismo lugar. Pero no me importaba.

Sabía que iba a bracear hasta llegar. Así de simple. Sin preocupaciones, sin esfuerzo, solo seguir hasta el final.

Braceaba y braceaba, y respiraba cada varias brazadas lo que me llenó de vida.

Me sentía otra persona.

La geronte cansada no estaba más, se había esfumado.

Ahora era una atleta infatigable.

¿Por qué salir del agua? ¿Para qué? ¿Por qué no cansarse?

Nadaba con placer, ligera, cantando lo de siempre, solo mirando de vez en cuando si me acercaba al bendito edificio en construcción, porque el Hotel Aguila hoy es una obra, que dentro de algún tiempo será un hospedaje gigante y acaso horrible.

También pensé en la posibilidad de volver nadando al muelle, con la corriente a favor, que es hermoso, pero me dio miedo de que mi entrenador no me viera y se asustase.

Es feo perder de vista a un nadador.

En el verano a mí se me perdió una vez Quintín. Y me asusté mucho. Aunque había guardavidas por todos lados, pero él nada sin torpedo ni nada, el muy demente. Sufrí, es horrible la sensación de que alguien puede desaparecer en el agua.

Así que desistí del cambio de rumbo y seguí nadando hacia el Norte.

Como todo llega, de pronto vi que estaba por el Aguila. Miré el reloj y vi que habían pasado apenas 15 minutos.

Y yo quería nadar más.

Así que me puse a nadar en diagonal hacia la costa (hoy me había metido, involuntariamente, bastante adentro).

Tardé mucho en llegar a la playa.

Nadaba y nadaba y Quintín y Soli siempre estaban lejos.

Cuando llegué, me senté en la arena, me dejé golpear por las olitas, respiré hondo con la satisfacción del deber cumplido, me puse de pie y salí.

Mi entrenador estaba muy orgulloso de mi actuación: “Le diste muy duro. Me cansaba de solo mirarte.”

Y un señor que andaba juntando los caracoles gigantes que hoy había por la playa también me felicitó.

Llegué al muelle y un pescador me dijo: “¿Cómo anda la sirena?”

Es divertido esto de ser la reina de la playa.

Recién me bañé y no tengo frío, aunque estoy vestida como para ir a dar una caminata por el hielo.

Tres tazas de oolong, una medialuna de grasa y a escribir.

Me quedé con las ganas de nadar más.

Mañana, si no hay mucho viento, voy de nuevo.

Pero tengo que nadar duro. Debo hacer un entrenamiento riguroso. El mínimo tiene que ser media hora por lo menos. Ya estoy muy entrenada. Nadé todo el año.

Además, si nado menos, me quedo con las ganas.

Estaría bueno, para festejarme mi 57 cumpleaños, nadar 57 minutos ese día.

Puedo ir aumentando de a poco durante esta semana.

La próxima vez, 35. La siguiente 45, quizás para festejar el día de la primavera. Y así puedo llegar al sábado a los 57.

Pero el agua sigue a 11 o 12 grados, según el día.

Creo que me voy a congelar, no parece una buena idea para festejar mi cumpleaños dado que soy una mujer añosa.

Sin embargo, lo debería intentar, me dice el angelito.

Lo bueno es que si lo logro voy a quedar tan cansada y endorfinada que no habrá lugar para la menor melancolía.

Ni siquiera me voy a enterar de que cumplo años.

Parece un excelente plan.

Quizás, quizás, quizás.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: