Diario intermitente (99)

por Quintín

4 de septiembre

Sigo con el plan de escuchar a Keith Jarrett, así que volví atrás y empecé con sus discos con la banda del saxofonista Charles Lloyd. Pero no me dijeron demasiado, sobre todo porque las grabaciones que conseguí en la web son bastante malas y a Jarrett se lo escucha muy poco en el fondo. Y así llegué a su época con Miles Davis, que se extiende desde junio de 1970 hasta noviembre de 1971. Jarrett entra a la banda después de las grabaciones de Bitches Brew y sus secuelas, justo en medio de las sesiones de Jack Johnson (en dos de las cuales llega a tocar con otros dos tecladistas, Chick Corea y Herbie Hancock) y se va antes de que empiecen las sesiones de On the corner. Es decir en la mitad del fabuloso experimento eléctrico de Miles, en el que el free jazz se fusiona con el rock y que terminaría, tras extremar todas sus apuestas, en el colapso personal de 1975 que lo tuvo sin tocar hasta 1980 y del que, dicen los críticos, no se recuperaría hasta su muerte de la que se cumplen cincuenta años este mes. Nunca me animé a escuchar las grabaciones de Miles Davis a la vuelta de su retiro.

70-tobogán

Pero volvamos a Jarrett. Antes de tocar el piano eléctrico y el órgano con Miles, había grabado tres discos como solista. Dos en trío de jazz con Charlie Haden y Paul Motian: Life Between The Exit Signs (1967) y Somewhere Before (1968). El tercero, Restauration Ruin (1968), es un álbum de folk rock, en el que canta y toca al menos diez instrumentos, lo cual muestra claramente que Jarrett estaba buscando entonces un registro en el que establecerse como músico. Aunque Restoration Ruin es delicioso de escuchar, después de él Jarrett descartaría el pop, el rock y la vertiente de cantautor y multiinstrumentista.

Durante su estadía con Miles Davis, Jarrett grabaría varios discos más para Atlantic. Uno con Gary Burton (1970) y tres con el cuarteto, acompañado por el saxo Dewey Redman, el bajo Charlie Hayden y el baterista Paul Motian (The Mourning of a Star, El juicio y Birth. Pero también editaría sus primeros discos con ECM, el sello que sería decisivo en su carrera. Uno con Jack DeJohnette (Ruta and Dayta) y el primero suyo como solista de piano: Facing You, grabado en Oslo el 10 de noviembre de 1971, al día siguiente de un concierto con Davis en esa ciudad. Facing You es un disco muy importante, porque a diferencia de los anteriores, muestra una dirección propia, como si se separara en ese punto de la influencia de Miles por tres vías diferentes: una es la vuelta al piano y el abandono para siempre de los teclados eléctricos. La segunda un distanciamiento tanto del rock como del free y la tercera, la aparición del estilo “improvisador al piano” con composiciones propias, casi sin síncopas, más cerca de la música clásica que del jazz, aunque en años posteriores Jarrett volvería al jazz de los standards al mismo tiempo que grabaría discos como intérprete de Bach, Mozart, Händel o Shostakovich, además de algunas experiencias con el órgano y la música de inspiración religiosa.

Escribí las líneas anteriores como un resumen para mí mismo, tanto de la carrera de Jarrett como de la de Davis en un período muy intenso que tiene, no ya en estudio sino en vivo un punto muy alto que es la caja del Cellar Door (con Jarrett, Bartz, Henderson, DeJohnette, Moreira y McLaughlin) y luego una infinidad de conciertos en Europa (una decena se puede encontra en YouTube) con Jarrett en piano eléctrico y órgano, Bartz en saxo, Henderson en bajo, Leon “Ndugu” Chancler en batería y dos percusionistas, Don Alias y Mtume. Estos conciertos son, para mí, de los más flojos de Davis aunque tienen algunos momentos inspirados. Escuchándolos, queda claro por qué Jarrett se aburrió, pero también por qué se aburrió Davis y terminó de cortar amarras con la tradición jazzística hasta suprimir los teclados y abrazar el hip-hop y la herencia de Hendrix, James Brown y Sly Stone. Pero todavía no escuché nunca con atención esos discos, aunque tengo el recuerdo de que sus últimos, especialmente Dark Magus, transmiten una energía asombrosa. Pero en este momento escucho las Complete Jack Johnson Sessions y son fantásticas, de una potencia rockera increíble.

Foto: Gabriela Ventureira

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