Bitácora de la hija de Neptuno (49)

por Flavia de la Fuente

30 de agosto

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 11 grados, Temperatura del aire, 13 grados. Viento: NNE 7 km. Olas: 0,5 m. Sol y niebla. Marea bajando. Tiempo de natación: 20 minutos.

Sábado, domingo y lunes los vientos fuertes del Sudeste me mantuvieron lejos del mar.

1.muelle


Hoy a la mañana fui a pasear con Solita y no se veía nada por la niebla en la playa.

La nada es bella.

Las cosas aparecen y desaparecen y la niebla estiliza las fealdades.

Nada parece vulgar.

El mundo se vuelve elegante y enigmático.

Saqué fotos y disfruté de la perra que trotaba despreocupada sin alejarse demasiado de mí.

Solita es la alegría.

Pero cada día me hace sentir que soy más un perro.

En mi afán de complacerla, de ayudarla a vivir bien, me la paso pensando en ella y llevándola a pasear o a tomar sol.

¿Las perras también tienen osteoporosis?, me pregunto.

Por si acaso, la llevo siempre a tomar un rato de sol, así puede generar vitamina D y asimilar el calcio.

Quién sabe.

Mejor prevenir.

Solita ya cumplió ocho años. Come comida para perros adultos de más de siete.

Ya no corre como antes.

Cada día la quiero más.

Y cada día nos entendemos más.

Somos inseparables.

No saben lo que me cuesta dejarla para ir a Buenos Aires.

Siempre pienso en Mi perra Tulip de Ackerley, J.R.

Es un libro maravilloso.

Ya lo leí dos veces.

Creo que hoy lo voy a leer por tercera vez, pero esta vez lo voy a leer en inglés en el Kindle.

Tengo la sensación de que cada año que pasa me voy pareciendo más al señor Ackerley.

Por la obsesión con la perra (perras en mi caso), digo.

Poco a poco me voy convirtiendo en un perro.

Pero en un perro bon vivant, no en Diógenes, por ahora.

En todo caso, no está tan mal la vida de perra chic.

Al menos dos paseos diarios por la playa, baños de mar y de sol, mimos, comida, casa, abrigo y medicina aseguradas.

Ninguna preocupación.

Una vida feliz y ligera.

Quiero ser Solita.

Pero volvamos a lo nuestro que es la natación.

Como les decía, íbamos con la perra haciendo nuestro primer paseo del día por una playa fantasmagórica.

carritosenlaniebla.

Caminábamos por los médanos y no se podía ver el mar por la bruma.

Ni tampoco el muelle.

La niebla era espesa.

Pero espeso también era mi deseo de nadar.

Así que decidí que bien acompañada por mi entrenador y la perra, con o sin niebla, hoy iría al agua.

Y así lo hicimos.

Dejamos todo en el muelle y me metí en el agua.

Por suerte, brillaba el sol.

La marea estaba bajísima.

Se podía pasar caminando por detrás del muelle.

Como tenía miedo de que volviera la niebla, había decidido nadar por la orillita, con el agua apenas por la cintura.

Una tristeza.

Pero no quería estar a 100 metros de la costa y no ver nada, me daba miedo.

Desde la costa, mi entrenador me hacía señas de que me metiera atrás de la rompiente.

Yo no le hacía caso.

Un rato antes había estado con Solita haciendo nuestro segundo paseo y la niebla era tremenda. Desde el médano, de nuevo, no se veía el mar.

Así que seguí con lo mío y me puse a bracear casi en la arena seca.

Tan cerca estaba de la costa que en un momento dado encallé, por no hacerle a caso a mi experto entrenador.

Gracias a un súbito ataque de coraje, me puse de pie y me fui caminando hasta detrás de la rompiente.

Qué placer vencer el miedo.

Nadar en el mar más profundo.

Feliz de la vida, seguí braceando y dejándome arrullar por las olas suaves.

De nuevo, decidí nadar sin mirar el reloj.

Salir cuando tuviera ganas.

El agua parecía tibia, no me da frío en la cara.

Habría apostado que estaba más caliente, pero me acabo de fijar y sigue en 11 grados.

Aunque el windguru dice que está a 14.

Pero lo cierto es que nadé 20 minutos y salí porque había llegado al Hotel Solmar y pensé que quizás me agarraría frío en la caminata de vuelta.

Hay un kilómetro del muelle al Solmar.

Volvimos tranquilamente conversando con Quintín y juntando shells por el camino.

Así que hoy batí mi record invernal, en distancia y en tiempo: 20 minutos y un kilómetro respectivamente.

Creo que la próxima vez voy a nadar hasta el Balneario Norte, que está a 1,5 km.

Tengo ganas de nadar más.

Quiero ser una atleta de la tercera edad.

Y ya me falta poco.

Me tengo que entrenar.

Es ahora o nunca.

El mes que viene cumplo 57.

El tiempo vuela.

Por último, recibo una maravillosa noticia perruna.

Graciela, la maravillosa paseadora de Ella y Janis se animó a soltarlas en la playa y las dos nadaron en el mar.

Ella y Janis son grandes nadadoras.

No saben lo feliz que estoy porque mis otras dos perritas volvieron a nadar en el mar.

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2 comentarios to “Bitácora de la hija de Neptuno (49)”

  1. GabrielaV Says:

    Muy lindas la bitácora y las fotos. En cualquier momento salen los cuatro a nadar y Solita se queda en la casa preparándoles la tina caliente.

  2. lalectoraprovisoria Says:

    Gracias, Gabi! A ver cuándo te venís para acá a nadar conmigo. Y después volvemos correteando por los médanos.

    Besos y felicitaciones por las fotos!

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