Diario intermitente (98)

por Quintín

26 de agosto

Un poco más de Jarrett. En su bitácora de hoy, Flavia dice que se hizo adicta a escucharlo y quiere Jarrett todo el día. En un sitio que se llama All About Jazz, un tal Mark Corroto da una razón científica para esto. Dice así:

Para los fanáticos, los críticos y los músicos, la obra de Keith Jarrett funciona como una descarga de dopamina en el cerebro. Como toda actividad placentera — sexo, drogas, comida—, escuchar la música de Jarrett libera un neurotransmisor químico en el cerebro que refuerza los sistemas de placer del cuerpo. Los devotos de Jarrett buscan todo el tiempo esa respuesta placentera, que fue la que sintieron la primera vez que tomaron contacto con la música de Jarrett.

Y luego menciona el Köln Concert como un punto de entrada muy común a la liberación de dopamina jarrettiana, como fue mi caso. La explicación no parece muy sólida (¿por qué la música de Jarrett sí y otras no?), pero hay algo de inmediato, de directo en la recepción de lo que Jarrett toca, algo que no requiere de demasiadas explicaciones. Incluso algo íntimo, como una relación muy particular entre el artista y el público que no tiene demasiados equivalentes.

67.postal JJ y edificios

Tal vez todo tenga que ver con cierta simplicidad que, en principio, se nota en la limpidez de su modo de tocar el piano (que sigue siendo adictivo cuando se hace disonante). Pero también, en una preservación de esa limpidez por varios medios musicales y no musicales. Por ejemplo, no es menor que Jarrett haya decidido permanecer en el sello alemán ECM desde 1971 y que ECM haya crecido con Jarrett, un poco en familia. Otra pata de esta intimidad es la presentación de los discos, que pocas veces tuvieron texto y, en los últimos años, solo unas breves palabras de Jarrett, en general dedicadas a hablar de la pureza de su música y de la sencillez y profundidad de sus emociones, encontradas en el momento de tocar con la mente en blanco.

Escucho Testament – Paris-London, grabado en esas ciudades a fines del 2008, y me encuentro con unas liner notes sorprendentes. Allí, Jarrett cuenta que dio esos conciertos poco después de que su mujer lo abandonara después de veinte años y estaba con el corazón destrozado. Después de esa revelación, se limita a describir cómo llegó arrastrándose a la sala y recuerda a las personas que le dieron ánimo en esos días dolorosos, en los que no soportaba ver a las parejas caminando por la calle y comprando regalos de Navidad. No he leído muchas cosas así en un disco, cosas que, en general, dan una cierta vergüenza ajena. Pero a Jarrett parece sentarle, lo mismo que los gestos que hace o los jadeos y gruñidos que emite cuando toca, que provocaban la burla despiadada de Miles Davis.

Pero Jarrett cuenta otra cosa más en esas notas. Cómo pasó de las improvisaciones de una hora a un formato más corto, debido al síndrome de fatiga crónica que lo afecta desde 1996 y que, en su etapa aguda, estuvo por terminar con su carrera. Pero también que la enfermedad lo llevó a simplificar muchas cosas (aunque, en realidad, después se hicieron complejas de nuevo). En su peor momento, Jarrett grabó en el estudio de su casa un disco que se llama The Melody At Night, With You, en el que toca los standards literalmente, casi sin improvisar, lo que le valió algunas críticas furibundas y la apresurada conclusión de que todo había terminado para él. Pero a mí me gustó mucho ese disco cuando lo escuché en esta maratón, me pareció que era muy interesante que Jarrett pudiera hacer eso también. Es decir, tocar las melodías como hacía mi viejo, un pianista de jazz de salón que no era capaz de improvisar, pero tocaba muy bien esas piezas. Recuerdo también, de paso, que mi viejo escuchaba improvisaciones de algunos pianistas y las transcribía para después tocarlas. Por ejemplo, de Thelonious Monk.

Con lo que, en mi caso, la dopamina que libera Jarrett está asociada, por así decirlo, con la magdalena de Proust. Y me preguntó ahora por qué dejé de escuchar jazz y perdí tiempo con la política en esos años de mierda en los que, además, murió mi viejo.

Foto: Gabriela Ventureira

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2 comentarios to “Diario intermitente (98)”

  1. Germán Says:

    http://articulo.mercadolibre.com.ar/MLA-629822971-tocando-el-horizonte-la-musica-de-ecm-steve-lake-_JM

    Este libro es una gloria y un legado para los seguidos de ECM en general y de Jarrett en particular.
    Saludos

    PD: el link comercial, fue la única manera de postear el libro y, nada tiene que ver conmigo

  2. Montañés Says:

    Encontré una discreta colección de Jarrett aquí (con BitTorrent bajó en un par de horas): 26 discos de estudio, 7 en vivo, 9 de la recopilación The Impulse Years y 6 del box set At the Blue Note, en vivo, que estoy escuchando en estos momentos. Es menos de la mitad del centenar que lista Wikipedia y que seguramente puede encontrarse en Rutracker, pero no está mal para empezar.

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