Diario intermitente (97)

por Quintín

25 de agosto

El otro día hablé de Keith Jarrett, de mi encuentro con el Köln Concert hace muchos años, el posterior olvido prejuicioso de su música y de su reaparición en mi vida a partir de las novelas de Barnes y de Vollmann sobre Shostakovich. Una cosa llevó a la otra y terminé escuchando los Preludios y fugas de Shostakovich por Jarrett, de ahí pasé al Clave bien temperado y entonces pensé en seguir escuchando a Jarrett y eso es lo que hago desde hace veinte días en los que debo haber recorrido unos setenta discos, que bajé del maravilloso sitio ruso (la oferta de Jarrett en Spotify es ínfima e irritante).

66.postal edificios

Debo decir que me terminé convirtiendo en un adicto. Lo fui escuchando en orden cronológico y ahora suena The Out-Of-Towners, un disco con el trío Peacock- DeJohnette grabado en Munich en 2002. Pienso terminar con los discos que faltan, que no son muchos, y volver a empezar de nuevo, tal vez con las grabaciones con el saxofonista Charles Lloyd, o con los conciertos de 1971 con la banda de Miles Davis en el piano eléctrico, instrumento que después abandonó para siempre. Jarrett es único en la mezcla de versatilidad y costumbre: grabó (casi todo para el sello alemán ECM) alternando jazz y música clásica, improvisaciones y standards, obras propias y ajenas, solo, con trío, cuarteto y, alguna vez, con orquesta. Pero tuvo prácticamente solo tres formaciones: el trío-cuarteto americano de Impulse (Redman-Haden-Motian), el cuarteto europeo (Garbarek-Danielsson-Christensen) y el Standard Trio (Peacock-DeJohnette). Con este último dio una infinidad de conciertos y supongo que deben circular en alguna parte grabaciones piratas, pero con las oficiales uno tiene para entretenerse. (Para tener una idea del volumen de todo eso, hay un disco que conmemora el concierto número 100 de Jarrett en Japón y otro que conmemora el 150.)

No es fácil hablar de Jarrett, no solo para mí que soy un neófito, sino para los críticos musicales. Tal vez eso ocurre porque su música tiene algo de transparente. Cuando toca clásicos, los toca como un razonable músico clásico, sus conciertos solos y no jazzísticos dependen de la inspiración del momento, aunque son siempre frescos y escuchables, sus performances con el trío recorren distintos estilos de la tradición mainstream del jazz (desde el ragtime hasta el bop duro, pasando por el swing y la influencia latina) y en particular del piano (Waller, Powell, Monk), sus standards suenan al mismo tiempo fieles e inventivos. Es curioso porque esta descripción parece la de un conservador, pero si bien Jarrett no es un vanguardista, a nadie odia más que a Winston Marsalis y a su revival de pacotilla, de falso guardían del templo. En realidad, Jarrett sigue estando muy cerca de Miles Davis, aunque su carrera no fue un continuo salto hacia adelante (o hacia el vacío, según se mire). Pero lo de Jarrett tampoco fue una repetición de sí mismo. Acaso en la suma de Jarrett y Miles, dos músicos sin prejuicios y sin ataduras, populares pero dispuestos a correr el riesgo de la incomprensión y el aislamiento, ligados de algún modo a Europa y reacios a estacionarse en el academicismo, haya una síntesis de la música americana y, tal vez, de lo mejor de la clase media americana. Creo que ya estoy divagando.

Lo que se averigua de Jarrett leyendo un poco es que es un gran neurótico, que tiene un discurso sobre el arte un poco místico, desde Gurdjieff a lo new age, aunque su música no lo sea. Es curioso que haya muy poco escrito sobre él (detecté una biografía inconseguible, un estudio académico sobre la sociología del Köln Concert) y esto indicaría que nadie tiene mucho para decir de Jarrett. O que la música se explica a sí misma. Pero casi todo lo que ha tocado tiene belleza y tensión, es agradable de oír pero no banal y no le falta swing, esa característica inefable de algunos jazzeros y, especialmente, de algunos pianistas. Supongo que en una segunda recorrida por su discografía (gracias nuevamente, rutracker, no te mueras nunca) podré distinguir algún matiz más. O no, pero supongo que la voy a pasar bien.

Foto: Gabriela Ventureira

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