Bitácora de la hija de Neptuno (46)

por Flavia de la Fuente

22 de agosto

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 10 grados, Temperatura del aire, 16 grados. Viento: O 24 km. Olas: 0,6 m. Sol. Marea subiendo. Tiempo de natación: 12 minutos.

De vuelta a las aguas marinas, después del fin de semana polar y con fuertes vientos del sudeste.

Hoy dudé en bañarme, porque había ráfagas fuertes del Oeste que me daban frío, aunque había un sol radiante, no había ni una sola nube en el cielo, y me pareció un desprecio a la naturaleza que tan bella se mostraba ante mis ojos no asistir a mi cita con Neptuno.

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Es que si uno espera el día perfecto en estas latitudes, creo que solo se podría nadar una semana al año. Ni siquiera en el verano tengo ganas de nadar.

Pero una vez que estoy en el agua nunca quiero salir.

Hoy, ni bien metí los pies en el agua, todavía bien enfundados en las medias de neoprene, sentí que el agua estaba helada.

¿Será una sensación?, pensé.

Recordé a Al Alvarez que siempre se daba cuenta cuando el agua subía o bajaba un grado y les corregía la pizarra a los guardavidas que habían sido negligentes con la medida de la temperatura.

Pero el dato del día es que no solo Al nota esas pequeñas diferencias, que no deben ser tan pequeñas para el cuerpo humano.

Me acabo de fijar en el sitio Seatemperature, donde chequeo la temperatura para ponerla en mi bitácora y el agua descendió un grado, está a 10.

Y se notaba. Me quemaba un poco la cara, cuando me metí en el agua sentí el frío a través del traje hasta que entré en calor con la natación.

La otra noticia es que a partir de hoy ya no voy a nadar solo hasta el Aguila o hasta el Fontainbleau, o sea menos de 500 metros.

Como ya no hace frío al salir, nadaré lo que tenga ganas.

Le pedí permiso a mi entrenador y el aceptó de buen grado. El tampoco pasa frío como antes.

Levantar barreras da felicidad.

De hoy en más voy a nadar lo que quiera.

Ni yo lo puedo creer.

Me da una pequeña euforia.

La primavera o más precisamente el invierno tardío, aun con aguas heladas, es mucho más amable que el otoño tardío o el invierno temprano.

Ya empezamos la carrera final hacia la libertad.

El próximo paso será sacarme las medias y los guantes.

Calculo que eso será para el 21 de septiembre, para festejar la primavera.

Y en octubre, adiós capucha, solo gorra.

Y en noviembre, chau gorra.

Y en diciembre, basta de traje.

En enero y febrero nadaré desnuda.

4.mar.P1040734

De la ballena y su cortejo de gaviotas asesinas no hubo noticias.

Quizás la tormenta las alejó de estas playas.

Yo, por las dudas, seguí nadando por la orillita.

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