Bitácora de la hija de Neptuno (45)

por Flavia de la Fuente

19 de agosto

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua, 11 grados. Temperatura del aire, 16 grados. Viento NO 12 km. Olas: 0,3 m. Sol y nubes . Marea bajando. Tiempo de natación: 12 minutos.

Siempre hay sorpresas en la playa.

Ayer saqué fotos de una ballena acosada por decenas de gaviotas que la picotean para desangrarla. Según dicen con el correr de los días lo logran.

1.gaviotaymar.P1040819


Pienso que debe tratarse de una ballena enferma porque nada muy cerca de la costa.

Hoy al mediodía fuimos con Quintín y Solita a la playa y desde el muelle vimos el mismo espectáculo. Gaviotas brillantes que perseguían a una ballena u orca, vaya uno a saber.

Una mujer que pasó a nuestro lado sugirió que eran dos ballenas, dato que ratificó Quintín, y según la paseante nadaban juntas porque se estaban apareando.

Yo no vi dos ballenas, solo veía un animal grande, negro, que se movía a lo lejos, aunque no estaba a más de 50 metros de la orilla.

A mí lo único que me preocupaba en ese momento es que la ballena me estaba aguando mis planes de ir a nadar.

¿Cómo voy a ir a nadar junto a dos ballenas que se andan paseando por las costas sanclementinas?

Para colmo, van y vienen, tal como lo hago yo. Van hacia el Sur, hasta el Edén y vuelven pasando por detrás del muelle y llegan hasta el Balneario Norte. Luego pegan la vuelta de nuevo hacia el Sur. Y así siguiendo. Un ida y vuelta sin fin.

Me daba un poco de miedo, por no decir terror.

Pero después de reflexionar como un minuto, decidí que nadaría igual con o sin ballenas.

Las ballenas no caminan, no son como los lobos marinos.

Si nado cerca de la orilla, pensé, con el agua por la cintura o por el pecho, en esa zona estoy segura porque ellas van a encallar.

Además, suponiendo que las avistara, no tendría más que pararme y salir corriendo del agua. Nada que temer.

Con esas ideas en la cabeza, me puse la capucha y me fui a nadar.

Mi entrenador me prometió que me tocaría el silbato en caso de ballena a la vista.

Pero yo no oigo nada con los tapones en los oídos más la capucha más mis acúfenos.

Como siempre, me zambullí al Norte del muelle y nadé hacia el Aguila.

Me metí poco, como ya les dije más arriba.

Y siempre miraba a Quintín, por las dudas.

Solita también me miraba muy atenta mientras yo nadaba.

Quizás le llamara la atención que estuviera, como las ballenas, muy cerca de la costa.

Braceé en el agua ya no tan fría, respiraba cada cuatro brazadas y, de vez en cuando, levantaba la vista para disfrutar del espectáculo de la luz que riela en el agua.

Qué agradable cómo calienta el sol en la frente.

Llegó la primavera. Los aromos están todos amarillos. Los ciruelos en flor.

1.aromos.P1010997

Aunque mañana se va a ir. Va a haber viento Sudeste y mucho frío. Me dice Quintín que va a nevar en Buenos Aires.

Pero el invierno ya perdió, el sol calienta siempre al mediodía.

Nadé feliz de la vida, canturreando “Qué será, será” y cuando vi que había llegado al Aguila, decidí salir para no tomar frío a la vuelta.

Aunque ahora que lo pienso, debería haber vuelto nadando al muelle.

Eso es lo que suelo hacer cuando llego antes del tiempo deseado de natación.

Pero lo cierto es que hoy estaba cansada y me pareció sensato un tiempo de natación moderado.

Y acá estoy, apurada para ir al muelle a sacar la foto del día 20.

¡Qué será, será!

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