Bitácora de la hija de Neptuno (43)

por Flavia de la Fuente

15 de agosto

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua, 11 grados. Temperatura del aire, 16 grados. Viento O 34 km. Olas: 0,7 m. Sol y nubes. Marea bajando. Tiempo de natación: 15 minutos.

Tenemos de visita en casa a Geraldine y a Sebastián. Y Sebastián resultó ser, además de un gran cinéfilo, un adicto y experto en las Olimpíadas.


Así que desde hace un par de días que seguimos juntos todas las carreras de natación, el atletismo, en fin, que estamos agotados de tanto desgaste físico, el que hacen los atletas en Río.

Hoy me desperté, desayuné mi pan con tomate con Quintín y luego se levantaron las visitas con la novedad de que se estaba corriendo la carrera femenina en mar abierto. Así que terminamos los cuatro en la cama mirando la carrera de 400 metros en la bella y contaminada bahía de Guanabara.

La carrera duró dos horas, no la vimos toda, pero sí vimos el final.

Me puse contenta porque ganó la holandesa, porque imaginé que sería una pequeña alegría para nuestro querido amigo Peter van Bueren.

Después, agotados por el esfuerzo de las nadadoras, salimos a caminar por la playa.

Era un mediodía apacible, la gente retozaba en la playa, todo invitaba al baño de mar.

Así que volví a casa, me puse mi ropa de hija de Neptuno y acompañada por Geri, Sebas y Solita me fui a nadar.

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Hoy no batí ningún record, pero ni Phelps lo hizo durante estas olimpíadas.

Nadé lo de siempre, 15 minutos, del muelle al Hotel Aguila y de vuelta en dirección al Sur.

Y les dediqué mi modesta aventura a las nadadoras de aguas abiertas de Río 2016.

Fue un nado grato, tranquilo, rítmico, a una velocidad de crucero, siempre la misma.

Una vez más, agradecí haberme metido en el agua.

Noté que el mar ya no está tan frío porque no me molestó el primer choque de la frente en el agua.

Parece que se acabaron las inclemencias del invierno.

Ya puedo empezar a nadar un poco más más. Prometo 20 minutos la próxima vez.

Tampoco tengo frío al salir. El sol calienta y hasta quema la piel. Hoy quedamos todos bronceados.

Creo que en septiembre me voy a sacar las medias y los guantes de neoprene para ver qué pasa.

Lo más raro que me pasó hoy, fue que mientras nadaba veía a Geri caminando y leyendo un librito diminuto en la playa.

Era una imagen rara, sacada de alguna película francesa, una de Rohmer, por ejemplo, o de Godard.

Mi amiga leía un librito viejo de Haikus que le mostré anoche.

Pensé que el agua fría me había producido alucinaciones, pero más tarde, una vez bañada y con el cerebro en mejor estado, le pregunté si ella leía caminando en la playa mientras yo nadaba y me respondió que sí.

Mañana a las 14 hs, quizás después de nadar, voy a ver el nado sincronizado.

La foto grupal la sacó Quintín, para asentar el recuerdo de los amigos que hoy tan gentilmente me acompañaron a nadar.

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