Bitácora de la hija de Neptuno (41)

por Flavia de la Fuente

7 de agosto

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua, 10 grados. Temperatura del aire, 11 grados. Viento NO 14 km. Olas: 0,3 m. Sol. Marea subiendo. Tiempo de natación: 14 minutos.

Sigue la primavera, y hoy la fuimos a festejar con Solita a Punta Ignacio, el parador que está en la esquina de casa frente al mar.

Ahí hacemos fiaca. Yo tomo un té con una medialuna y Soli se echa al sol y les ladra a todos los perros que pasan por ahí. Un programón para la dueña y su perra.

2.Solita.P1030364


El sol era una delicia y calentaba mucho.

Tanto calentaba que me dio miedo de que Solita se me insolara.

También llegó el sol a nuestro patio, lo que también me llenó de alegría porque vi a Janis y a Ella descansando contentas en ese rincón calentito.

La vida parece en orden después del baño de mar.

Porque hoy había amanecido fatal.

Anoche, miramos las competencias de natación y me agarró una angustia tremenda.

Y ni qué decirles con los que hacían gimnasia en las barras.

Temía que se cayeran y se desnucaran.

Quintín me abandonó cuando llegó el momento de la gimnasia porque le aburre. Y a mí me solía gustar, hasta que ayer fui presa de esa angustia tremenda ante un accidente fatal.

Por suerte, me quedé dormida mientras los atletas seguían con sus piruetas.

Pero no tengo más ganas de mirar las olimpíadas.

Me hacen sufrir.

O quizás anoche estaba demasiado cansada y sensible.

Además me irritaba que pasaran en cámara lenta solo los gestos de las nadadoras, por ejemplo, besos, manos en alto, y nada de mostrar un rato con detenimiento sus movimientos al nadar.

Me moría de ganas de estudiar cómo nadaban crawl.

Y no pude verlo.

Veremos si hoy tengo más suerte.

Hoy a la noche vamos a ver de nuevo las carreras acuáticas con mi entrenador, para ver si sacamos algo en limpio.

Creo que también hay algo en aguas abiertas. Leí en el diario que los atletas tendrán que nadar con la boca cerrado por la alta contaminación de la bahía de Guanabara.

Yo vivo tragando agua de no sé qué calidad, pero supongo que muy sucia no ha de ser ya que es mar abierto.

¿Sabían que mucha gente toma agua de mar como medicina?

Se compra en las farmacias.

Volviendo a mi natación, hoy, como me levanté con un signo menos, no tenía ganas de ir al mar. Por lo tanto, debía ir al mar, sí o sí.

Para colmo, mi traje estaba todo mojado y también las medias.

Salí de casa con un malhumor espantoso con un traje empapado y sin ganas de nadar.

Le dije a mi entrenador que me importaba un cuerno el espíritu olímpico, que me iba a dar un chapuzón de un minuto y nada más.

En ese estado de fastidio me metí en el mar, en el mismo lugar que ayer.

No había olas.

Varios pescadores me miraban desde la costa.

Ni bien empecé a nadar me di cuenta de que no iba a parar hasta llegar a mi meta triunfal.

Nadaba con un tirón en el brazo izquierdo que por suerte se me pasó en unos minutos.

Obvio que pensé que era del corazón.

Pero ya no le hago caso a esos detalles, o al menos trato.

Seguí nadando entonces con infarto y todo.

Cuando el infarto cedió, redoblé el ritmo.

En un momento dado, creí que había llegado al Aguila.

Nadé en diagonal hasta la orilla y me vi que me faltaban los mismos dos metros que ayer.

Y el agua estaba tan deliciosa que decidí seguir nadando hasta el final del edificio.

Nadé cinco minutos más que realmente disfruté.

No había olas molestas, el sol me calentaba la cara cada vez que levantaba la cabeza del agua.

Cumplida mi misión olímpica, salí y me encontré con Soli que venía a saludarme.

Mi entrenador me felicitó y volvimos charlando a casa.

En un momento dado, yo hablaba y hablaba y mi marido no me contestaba nada.

Le pregunté: Che, ¿vos me escuchás cuando hablo?

“Sí, obvio”, me contestó.

“Entonces, ¿por qué no me contestaste ninguna de todas las preguntas que te hice?”, le comenté incrédula.

“Es que a veces me distraigo”, me contestó.

Así que harta de hablar sola y de tragar frío, volví callada y contenta a casa donde me recibieron Ella y Janis, quienes siempre chupan mis guantes salados con gran deleite.

Anuncios

2 comentarios to “Bitácora de la hija de Neptuno (41)”

  1. Yupi Says:

    Ayer veía nadar los 400 libres a Katie Ledecky, que le sacó como media hora a la segunda. Su estilo parece ser una combinación de brazadas y patadas asimétricas. Si te fijás los brazos marcan 1,2-1,2-1,2 mientras que las piernas marcan 1,2,3-1,2,3-1,2,3.

  2. lalectoraprovisoria Says:

    La verdad es que no vi nada cómo patean. Habría agradecido, como ya dije, que me mostraran al menos 50 metros en cámara lenta, para ver qué hacen con los brazos y las piernas. Pero, sobre todo, me interesan los brazos, que es lo que yo más uso en el mar.

    Ayer no vimos nada de las Olimpíadas. Estuvo bueno?

    Besos

    F

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: