Diario intermitente (94)

por Quintín

5 de agosto

Cuando me pongo a escuchar música, sufro de una especie de compulsión de completitud que, después de unos días, se transforma en hartazgo. A continuación, paso meses sin poner un disco hasta que todo comienza de nuevo.

51.aeropuerto 2

El otro día, como conté, la novela de Barnes me llevó a escuchar a Shostakóvich y, asesorado en Twitter, empecé por los cuartetos de cuerdas. Como desde chico me gusta la música para piano, seguí por los preludios y fugas. Escuché la mejor versión soviética (Nicolaevna) y luego la de Keith Jarrett, que me dio curiosidad. De ahí pasé a escuchar, por Jarrett, El clave bien temperado de Bach y encontré un sitio muy bueno de Philip Goeth dedicado a esa obra, aunque más técnico que el de los cuartetos de Shostakóvich. Allí hay una sección que compara las distintas versiones y Goeth, después detestar a Ashkenazi y encontrarle objeciones a Barenboim y Richter, recomienda especialmente las de Glenn Gould, Jenö Ando, Andras Schiff y Rosalyn Tureck. Me fijé qué había en Spotify y creo que solo está la de Ando.

Goeth ni menciona a Jarrett, que toca el primer libro en piano y el segundo en clavicémbalo o (harpsichord). Empecé a pensar que había algo raro con Jarrett, en el sentido de que, en un momento dado, hablar bien de él se había vuelto medio mersa. De hecho, a mí me alcanzó la ola. Hace más de cuarenta años escuché el famoso Concierto de Colonia (el disco de piano más vendido en la historia) y quedé absolutamente fascinado. Pero después me dio vergüenza, como si Jarrett fuera una especie de Waldo de los Ríos o de Paulo Coelho, música de divulgación y de autobombo. Y así fue cómo abandoné a Jarrett casi antes de empezar. Sabía que estaba ahí, que tocaba jazz y música clásica, que hacía escándalos en los conciertos cuando le sacaban fotos (me hacía pensar en Bobby Fischer, otro americano solitario, loco e incomprendido, aunque en grado superlativo). Pero no escuché nada en mucho tiempo y pensé que tal vez había llegado la hora de volver sobre Jarrett para ver qué era eso. En realidad, sí lo escuché con Miles Davis, pero en discos en los que es muy difícil saber quién toca qué.

Hace cuarenta años, la única manera de conocer la obra de un músico era comprar los discos (o robarlos) y si la tecnología siguiera siendo la misma, la acumulación de la obra (Jarrett grabó ochenta discos, más los piratas) haría imposible la tarea de revisarla. Pero está Spotify. Y, sobre todo, está el sitio ruso, que todavía no ha sido alcanzado por la Gestapo antipiratería (hoy leí que cerraron Torrentz, una desgracia). En Spotify no hay mucho de Jarrett (solo 23 álbumes que, en general, no son los que uno querría escuchar primero, por ejemplo no está el Köln Concert; me pregunto si alguno de los competidores de Spotify no está más surtido). Pero lo que no está ahí suele estar en lo de los rusos. Así que hice lo de siempre: puse a bajar la obra de Jarrett (en este momento estoy terminando) y a escuchar desde el principio.

Bueno, no exactamente, sino a partir de su primer disco solista, Life Between the Exit Signs, con Charlie Haden en bajo y Paul Motian en batería (antes había tocado y grabado con Art Blakey y Charles Lloyd), es decir un clásico trío de bop. Pero el disco siguiente se llama Restoration Ruin (1968) y es un excelente álbum de folk rock, en el que Jarrett aparece en toda clase de teclados, canta (la voz me hizo acordar a Donovan), toca la guitarra, el bajo y otros instrumentos. Que yo sepa, Jarrett no insistió en esa línea, pero lo que hacía daba como para esperar una gran carrera en el género popular.

Después Jarrett abandonó el rock y se acercó a la música clásica. En este momento, escucho el que creo es su primer álbum clásico, In the Light (1973). En el booklet que lo acompaña, Jarrett pide que lo escuchen con la mente abierta y con absoluta concentración y, si conocen su obra anterior, que no la relacionen con este disco. De los ocho temas que componen los dos CD, Jarrett toca solo en tres y se presenta más como compositor y director orquestal que como intérprete de obras ajenas (dirección que tomaría más tarde). La verdad, es muy lindo lo que escucho, y muy variado. Dice Jarrett: “Esta es una colección de piezas escritas a lo largo de seis años. Representan mis intenciones musicales más personales y quizá más secretas hasta ahora.” Seis años, son los años en los que se había desarrollado su carrera hasta ahí, es decir que mientras tocaba con sus formaciones o con Miles Davis, pensaba y componía otra música.

¿Qué hacer con un caso como Jarrett? Es evidente, que este tipo de artista genera adhesiones incondicionales, fanatismos, pero también rechazos y miradas condescendientes. Pone a los críticos en una situación complicada: no hay manuales para entender a un músico con ese rango musical. Para complicar aun más las cosas, está lo de Miles Davis.

Jarrett empezó a tocar con Miles en marzo de 1970, poco después de Bitches Brew, en las sesiones de Jack Johnson. Un paréntesis: la caja de Jack Johnson, con las sesiones completas, me gusta mucho. Son más bien ensayos desparejos y relajados, en los que, a diferencia de casi todo el Miles eléctrico en Columbia, no intervino a posteriori Teo Macero para aplicarle su cut&paste, parte fundamental de su obra de esos años. Siempre me generó dudas el trabajo de Macero, casi coautor de los discos, una especie de editor cinematográfico que se apropia de la obra del director (aunque en general se lo considera un prócer). Macero, por supuesto, odia esta caja, dice directamente que es una mierda y que haberla sacado así es una vergüenza. Tengo un aliado en la batalla contra Macero: Thelonious Monk, con el que siempre se llevó muy mal. El sistema de grabación de Davis hizo, entre otras cosas, que lo que grababa en esos años en estudio suene tan distinto de lo que hacía en vivo.

Jarrett estuvo dos años con Miles Davis, 1970 y 1971, en una formación de septeto y en pleno período de fusión con el rock, gran rotación de los músicos. Una estación antes del vértigo del período In the Corner y su colapso físico posterior. En estudio, Jarrett grabó poco más en estudio con Davis, la colaboración está en los discos Get Up with It, Directions, Live/Evil, más o menos contemporáneas de las actuaciones en los distintos Fillmore (dos cajas que salieron recopiladas en 2014 en un bootleg oficial) y de las grabaciones en el Cellar Door (esta gran caja salió en 1975). Después, con Gary Bartz en vez de Steve Grossman en saxo y Michael Henderson en vez de Dave Holland en bajo, se fueron de gira a Europa hasta fin de año. Después, Miles dejó de grabar por un año y volvieron a Europa en octubre. Durante ese tiempo, Jarrett grabó para Atlantic e Impulse con el American Quartet (Redman, Haden, Motian), en dúo con DeJohnette y, casi al final de su estadía con Davis, el primer álbum solo (Facing You, para ECM en Noruega). ECM es el sello alemán en el que aparecería el Köln Concert y, para algunos, sería símbolo de música blanca, pasteurizada y sin swing.

Durante el 71 y el 72, Jarrett tocó el piano eléctrico y el órgano. Especialmente con Miles, que había desterrado el piano acústico de sus formaciones. De hecho, Miles llegó a usar tres teclados eléctricos (Jarrett, Corea, Hancock) y después los suprimió del todo. Con Davis, Jarrett fue madurando la decisión opuesta y desde que dejó el septeto, volvió al piano y declaró que había tocado los teclados eléctricos pero que los odiaba. Es como si en esa disputa por el piano entre Miles y Jarrett, por prohibirlo o ponerlo en primer plano, se hubiera jugado el futuro del jazz.

Escucho ahora a Jarrett en su primer disco post Miles, Expectations, el único que grabó para Columbia, donde no tuvo una gran estadía (para saber qué pasó, debería conseguir una biografía de Jarrett, pero no encuentro ninguna en formato ebook). Esta grabado con el cuarteto más Sam Brown en guitarra y Airto Moreira en percusión (también hay bronces y cuerdas en algunos temas). No es jazz tradicional ni la fusión rockera que tocaba con Davis. Hay varios temas de acento latino (me gusta mucho Common Mama), una veta que le gustaba cultivar a Jarrett, así como también el toque funky y rockero. Pero claro, años después, Jarrett se puso a tocar standards y ese es otro de los tantos capítulos de su discografía.

Espero continuar escuchando a Jarrett y no saturarme en el camino como me suele ocurrir.

Foto: Gabriela Ventureira

Una respuesta to “Diario intermitente (94)”

  1. Germán Says:

    …”Hace más de cuarenta años escuché el famoso Concierto de Colonia (el disco de piano más vendido en la historia) y quedé absolutamente fascinado. Pero después me dio vergüenza, como si Jarrett fuera una especie de Waldo de los Ríos o de Paulo Coelho, música de divulgación y de autobombo. Y así fue cómo abandoné a Jarrett casi antes de empezar. Sabía que estaba ahí, que tocaba jazz y música clásica, que hacía escándalos en los conciertos cuando le sacaban fotos (me hacía pensar en Bobby Fischer, otro americano solitario, loco e incomprendido, aunque en grado superlativo)”…

    Creo que al leerlo por primera vez me dio un poco de bronca las comparaciones musicales y me reí con la referida al ajedrez.
    Como me gusta entrar a la pagina a sumar más que a polemizar; quiero aportar mi comparación preferida con Jarrett y es de nuestro gran César Aira. Ambos tienen una obra monumental y grandilocuente, con altos y bajos, se los puede amar u odiar por sus extravagancias u ocurrencias pero nunca podrán ser obviados en su virtuosismo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: