Diario intermitente (93)

por Quintín

2 de agosto

El otro día, cuando escribí sobre la reciente traducción del Finnegans Wake ignoraba que la versión de Marcelo Zabaloy había generado una polémica. Alguien me advirtió en un tuit que la revista Ñ había publicado, junto con una entrevista a Zabaloy, una reseña indignada de Matías Serra Bradford. Zabaloy contestó y la discusión se trasladó al blog del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires a cargo de Jorge Fondebrider y sus huestes, gente corporativa e intolerante con la que (lo sé por experiencia) meterse trae problemas.

49.aeroparque parada colectivos

Yo también me indigné cuando supe que Zabaloy incluía referencias al mundo de la política y la farándula locales y así aparecían en el libro Macri, Magnetto, Rial e Insaurralde, entre otros nombres. En su defensa, transformada en ataque, Zabaloy proclama que el traductor es tan autor como el escritor y tiene derecho a la autonomía, lo que justifica que cuando Joyce escribe “curragh machree, me bosthom fiend”, él transcriba como “Curras macri, mi desalamado del bosthoon”. O que “the horseshow magnete” pase a ser “el magnetto del circo hípico” y agrega “Habiendo sido los magnetto de nuestro medio sobreendilgados por una plethoracia de parachutes.”

No quiero aburrirme ni aburrirlos actuando como árbitro de la disputa, pero está claro que la idea de colonizar la literatura universal desde una mirada gaucha siempre estuvo latente entre los intelectuales nativos y los años kirchneristas exacerbaron esa tendencia. Zabaloy la expresa mediante su tentación infantil de dejar el sello de sus simpatías políticas en el texto de Joyce, como quien pinta “aguante Cristina” en un baño publico.

De todos modos, lo más interesante de la polémica es la intervención, mediante dos comentarios de lector, de Juan Díaz Victoria, un poeta mexicano que está traduciendo el Finnegans Wake. En el primer comentario, Díaz toma partido decidido por Zabaloy: “Esta traducción ocupa desde ahora un sitio respetable en la historia de las traslaciones de FW a cualquier lengua, por completa, valerosa, valiosa y entregada: exigente consigo misma”.

Pero en la segunda intervención, Díaz incluye la primera página de su traducción y propone cotejarla con la de Zabaloy. Copio a JD Victoria (así firma):

correrrío, pasado lo de Eva y Adán, desde viraje de ribera hasta recodo de bahía, nos trae por un cómodo & amplio vicio cívico urinario de recirculación de vuelta a Howth, Castel y Enrededores.

Sir Tristram, violamores, de sobre el mar angosto, había no todavía pasado otra vez & vuelto a arribar desde Norte Armórica a este lado del raquítico istmo de Europa Menor para pelear a puño su aislada guerra peneinsular: ni había habido piedras del alto sawyer por el riachuelo Oconee exageradas más ellas mismas hasta ser jorgios no gitanos fabulosos del condado de Laurens mientras fueron doblando en dublín su número de mendigos madres y padres ininteligibles huraños & tramposos todo el tiempo: ni una voz de un fuego había bramadicho yo soy yo para babautizar tú eres petricio: no aún, sin embargo muy pronto después del hijo venido disfrazado de venado, había un cadetito cabrón & engañoso acabado en el culo de un soso viejo & ciego isaac: todavía no, aunque todo se vale en vanidad & banalidad, estuvieron envueltas & escritas hermanas sosias iracundas con dos en un nathanyjoe. Ni al pudrir una pizca de la malta de ‘pá había Jhem o Shen hecho cerveza por luz en arco y al final del puente rory al oriente el arco iris ceja reina estaba para ser vistos algunos anillos sobre la cara del agua.

La caída (bababadalgharaghtakamminarronnkonnbronntonnerronntuonnthunn-trovarrhounawnskawntoohoohoordenenthurnuk!) de un alguna vez viejo salmonzuelo par de wall street en apuro por el muro es recontada temprano en cama y más tarde en vida para abajo a través de toda la juglaría cristiana. La gran caída de la pared de lejos implicó a tan corto plazo del aviso la pafcaída de Finnegan, sólido hombre irlandés, que la cabeza de humpty en la colina del mismo prontamente envía una buena indagación hacia el oeste en busca de sus dedos del pie de dumpty en el pueblo: y su obelisco pica arriba punto y sitio está en el lugar del noqueo en el parque donde naranjas han sido puestas para oxidarse & descansar sobre el verde pasto desde que el primer diablinés amó vivo a livia & al liffey.

Y luego agrega:

Y así, página por página, al desentrañar todas las palabras “extrainjertas”, aparece la trama… totalmente legible.

Efectivamente, con el esfuerzo del caso, puedo seguir más o menos de corrido la traducción de JDV, algo que no consigo hacer con el original. Para eso, supongo, sirve una traducción: para acercar un libro a los que no dominan el idioma en que fue escrito. Pero eso no ocurre con la versión de Zabaloy, dificultosa y trabada, al menos en el escaso número de páginas que intenté leer.

JDV señala las dificultades para traducir ese pasaje y todo el conocimiento que requiere:

Y sabiendo que Tristram es un conde, primer dueño del castillo de Howth; que Armórica es una región de Francia; que Jonathan Sawyer fundó una ciudad llamada Dublín en EU; que el hijo de Joyce se llamaba Giorgio; que San Patricio es el patrono de Irlanda; que Jacob engañó a su padre Isaac disfrazado con una piel de venado para simular los vellos de su hermano; que Jonathan Swift tenía dos amantes llamadas Esther a las que bautizó como Stella & Vanessa; que Noé fue embriagado por sus hijos; que la novela refiere a una canción de taberna protagonizada por el albañil ebrio Tim Finnegan, quien “resucita” después de una caída cuando alguien arroja a su cadáver whiskey (agua de la vida); que Humpty Dumpty también se cayó de un muro; que hay un obelisco en el parque Phoenix de Dublín; que naranja y verde son los colores de Irlanda y que el río Liffey de esta ciudad también alude a Life, vida.

Para concluir:

Pero ese lector insomne que demanda la obra tendría que saberlo, o investigarlo, o sacar conclusiones de las palabras-portafolios en más de sesenta idiomas. Y con la versión de Zabaloy, una buena parte del trayecto ha sido hecha: hasta donde llegaría un lector promedio nativo en inglés.

Es decir, envenenado elogio, que la traducción de Zabaloy es un meritorio esfuerzo amateur, que no llega a desentrañar el texto como JDV sí hace. O, dicho de otro modo, que es un trabajo a medias que no vale la pena leer, como no vale la pena leer el Finnegans Wake de corrido en inglés sin notas y sin ayuda erudita, con el agravante (digo yo) de que si Joyce oculta las pistas, Zabaloy, con sus caprichos nac&pop, la tendencia a no traducir palabras sencillas y la decisión de no incluir notas, las entierra. Y eso es, más o menos, lo que intentaba señalar Serra Bradford en su críticas: que el trabajo puede ser bueno para Zabaloy, pero insuficiente para Joyce. Y en eso coincide, involuntariamente acaso, JDV.

Cambiando de tema, seguí escuchando los cuartetos de cuerda de Shostakóvich y leí unas cuantas cosas al respecto. Me llamó la atención que todos los comentarios señalaran que cada obra del compositor estaba contaminada por su relación con la burocracia soviética. Se discute en relación a cada pieza si la compuso para complacer a Stalin, para no tener problemas en su carrera, para desahogar su desesperación o para criticar irónicamente al régimen. Salvo, dicen, los Preludios y fugas para piano, escritos a la manera del Clave bien temperado de Bach. Eso, leo, es “música pura”, a salvo de las iras de los jerarcas. Escucho una versión (los grabó tres veces) de Tatiana Nikolaeva, eximia artista soviética a la que Shostakóvich eligió para estrenarlos oficialmente y grabarlos bajo su tutoría, de acuerdo a las prácticas de ese sistema de funcionarios. Nikolaeva suena espléndida y la música hermosa. Después probé con Vladímir Áshkenazi, que suena demasiado fuerte y agresivo para mi gusto. Y ahora escucho la versión de Keith Jarrett, que suena despacio (tal vez excesivamente), pero me gusta más.

Hablando de cuestiones sioviéticas, leo en Ñ que Boris Groys “define la revolución comunista como la transferencia de la sociedad del medio del dinero al medio del lenguaje, para postular el gobierno de los filósofos”, asegura que el experimento soviético estuvo cerca de este gran logro y advierte que “la experiencia del comunismo soviético no puede reducirse a las represiones del estalinismo.” Me voy a leer un rato El archipiélago Gulag para desintoxicarme de estos nostálgicos de la censura y la obediencia (en su tiempo negadores del asesinato masivo) que hoy venden como nueva la mercadería que ya estaba estropeada en 1917.

Este diario me salió demasiado peleador.

Foto: Gabriela Ventureira

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3 comentarios to “Diario intermitente (93)”

  1. Hugo Abbati Says:

    Supongo que Joyce, hombre de genio y juguetón, se hubiera divertido mucho de ver a Magneto y a Macri en su Finnegans. La escritura da para esto y mucho más. De todos modos, no deja de dar cierta tristeza “local” que pasen estas cosas. Joyce, con su Ulises y su Finnegans, se ha transformado en una especie de aventura lectora en el que los cruces culturales y la multiplicidad de idiomas operan como un atractivo para personas que se sitúan más allá del simple lector, expresión esta que no excluye al lector de calidad que lee desde su propio bagaje. Pero el asunto parece ser que esta gente se inclina decididamente hacia la resolución de enigmas, más allá del simple experimentar la lectura, de modo que los afanes y las disputas joyceanas adquieren con frecuencia un carácter onanista en una comunidad más o menos cerrada que postula su “diferencia” en discusiones de este tipo. Los Cantos de Pound (mentor y maestro de Joyce) presentan dificultades similares (y hasta Eliot). Pero como la pólvora es poca y los chimangos muchos, hay que dejar que los muchachos se diviertan,aunque a veces se lo toman de modo tal que parece que la cosa va en serio. De risa.
    Y disparo desde aquí un tiro en favor de William Vollmann y, en particular, su Europa Central. Su Shostakóvich, uno de sus protagonistas, es más cercano que el de Barnes porque hay en Vollmann un espíritu documentalista y, sobre todo, una ambición, de la que Barnes carece, un escritor de ficción más constreñido por los aspectos formales de la narración que, así y todo, ha escrito magníficas novelas. El loro de Flaubert y Arthur y George así lo prueban. A mí El ruido del tiempo me gustó, pero se nota el cansancio.

    Coda: ¿Para cuando A portrait of the artist as a young man partiendo de la figura de Aníbal Fernández?

  2. janfiloso Says:

    Parece que primero viene Proust.

  3. Marcia C. Reiriz Says:

    En cuanto a la traducción de Zabaloy, no se si estoy en condiciones de juzgarla en pleno, pero el hecho de que introduzca a Macri y a Magneto, me parece una idiotez soberana. Saludos

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