La soledad de la bruja

por Manuel Chiappara

La Historia nos ayuda a salir de la ilusión maniquea en la que a menudo nos encierra la memoria: la división de la humanidad en dos compartimentos estancos, buenos y malos, víctimas y verdugos, inocentes y culpables. Tzvetan Todorov

El debate sobre lo ocurrido en nuestro país durante los años 70 parece estar cerrado. En 12 años de gobierno, el kirchnerismo ha logrado construir un relato oficial sobre aquellos años, instalando una serie de dogmas, templos y sacerdotes que, aquel que pretenda ponerlos en duda, tendrá que rendir cuentas por el atrevimiento. Sí, vivimos presos de un pasado impuesto por un gobierno autoritario y corrupto.

¡Uno menos, que pase el que sigue!

Lopérfido pagó los costos por intentar romper la omertá y cuestionar los dogmas instalados como verdades indiscutibles. Dijo lo imperdonable: que la cifra de 30.000 desaparecidos era falsa. De inmediato, los guardianes de la doctrina setentista pidieron su cabeza.

candado

Pero lo que dijo, no es ni más ni menos que lo que sostiene Graciela Fernández Meijide, quien integró la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP). En el documental El Diálogo, que protagoniza con Héctor Leis, Meijide cuenta que la cifra de los 30.000 surgió en el año 77, cuando el número de desaparecidos estaba en aumento. En una reunión con el entonces Secretario de Derechos Humanos de Kirchner, Eduardo Luis Duhalde, comenta que ella le preguntó de dónde había salido la cifra de los 30.000. Dijo que Duhalde le respondió que, cuando se habían exiliado a Europa, se armó la Comisión de Derechos Humanos de los argentinos y comenzaron a trabajar sobre Naciones Unidas. Por aquel entonces, la Convención sobre Desaparición Forzada de personas no existía. La Convención que más se asemejaba era la de Genocidio, pero ésta, exigía un número notable (de víctimas) para ser aplicada y fue allí que apareció la cifra de los 30.000, que luego se instaló como símbolo. Más aún, el ex integrante de Montoneros, Luis Labraña, admitió, en diferentes notas, haber sido él quien sugirió dicha cifra en Holanda, para que la organización “Solidariteit met de Argentine Moders” (Solidaridad por las Madres Argentinas), pudiera obtener un subsidio económico del Estado holandés para las Madres de Plaza de Mayo. Según afirmó, al momento de pedir ese subsidio, tenían un listado con 3.800 casos, y para generar conmoción pública, era necesario un número mayor.

Luego de sus declaraciones públicas, Lopérfido fue hostigado con una serie de escraches fascistas organizados por un sector perteneciente al ámbito cultural (en su mayoría agrupaciones kirchneristas y de izquierda). Vale aclarar que estos sectores jamás osaron escrachar al Jefe del Ejército, Cesar Milani, nombrado por Cristina Kirchner, acusado encubrir la desaparición del soldado Ledo en el año 76. Esto demuestra, que el barómetro de los escrachadores está ligado más a la conveniencia y oportunismo político que a cuestiones éticas objetivas.

La cruzada contra el ex Secretario de Cultura porteño se intensificó cuando éste decidió sacar a la luz los negocios que se hicieron entre productoras de medios y el gobierno kirchnerista para comprar las voluntades de los actores, evitando todo tipo controles y auditorias.

A Lopérfido lo dejaron solo. Ningún integrante de su espacio político salió a respaldarlo y solidarizarse —ni antes, ni ahora—, y dejaron el camino libre para que la policía del pensamiento pudiera tener su trofeo. Si los funcionarios que en privado piensan lo mismo que el hereje se hubieran manifestado en público sobre el tema, a los inquisidores se les hubiera complicado el asunto, puesto que no es lo mismo tener que cazar a una bruja sola que a veinte, por poner un número. Prefirieron no meterse para no correr riesgos.

Señorita, Manfroni dijo malas palabras

Pero la primera bruja no fue Loperfido. Al primero que el gobierno le soltó la mano fue a Carlos Manfroni, quien había sido designado por la Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, como Subsecretario de Asuntos Legislativos. A Manfroni le hicieron una operación y el gobierno cedió. En una nota con fecha 13 de diciembre de 2015 publicada en Pagina 12, titulada “El mensaje del diablo”, Horacio Verbitsky trae al presente opiniones vertidas por Manfroni hace 40 (cuarenta) años acerca del rock, el progresismo y el judaísmo. Charly Garcia, uno de los músicos aludidos en las opiniones del joven Manfroni, expresó, a través de una carta, su repudio e indignación contra el funcionario. Manfroni pidió disculpas, dijo que estaba arrepentido de lo que había escrito hace 40 (cuarenta) años, que hacía tiempo que no pensaba de esa manera, pero fue tarde. Como en el caso anterior, ningún funcionario decidió apoyarlo, y la Ministra Bullrich, pidió su renuncia.

De todos modos, no estaría de más preguntarse qué estaría haciendo Verbitsky en el tiempo en que Manfroni opinaba esas cosas. El 2 de julio de 1976, fecha que podría coincidir con las opiniones de Manfroni, explotó una bomba en el comedor de la Superintendencia de Policía, causando la muerte de veintitrés personas, cuatro de las cuales eran mujeres. Ese mismo día, la agrupación Montoneros se adjudicó el hecho. En julio de ese mismo año, tanto Verbitsky como Rodolfo Walsh eran miembros de la agrupación y ocupaban cargos formales con el grado de Oficial y Oficial primero, respectivamente. Es decir, que mientras Manfroni escribía disparates, Verbitsky colaboraba con una agrupación que ponía bombas y mataba gente inocente.

Doble vara I

Quien tampoco ha sido concebida sin pasado, es Patricia Bullrich. En una nota del diario Perfil, contó que había militado en la Juventud Peronista, y refiriéndose a la agrupación Montoneros, dijo:

Era una organización jerárquica. Se entraba en la organización (Montoneros) sólo cuando ellos consideraban que podías estar. Eso no quiere decir que no cantásemos a favor de Montoneros. Estaba organizado en estamentos. En la base estaba la JP y después, varios grados de jerarquía en Montoneros. Había que entrar.

A su vez, en la misma nota, Bullrich dice que hoy no piensa como antes. Entonces, ¿No hubo, acaso, una doble vara para juzgar el pasado de Manfroni y el de Bullrich, siendo que ambos asumieron públicamente sus errores, y uno de ellos siguió en el cargo y el otro no?

Técnicamente, habría que ver si lo que pasó con Lopérfido y Manfroni fue una caza de brujas. Digo, porque esta teoría sería totalmente aceptada en el caso de que el kirchnerismo estuviera en el gobierno, tirando todo el aparato estatal contra el hereje de turno, como lo hizo durante 12 años. Pero este caso es más complejo porque el kirchnerismo ya no está en el gobierno. Me refiero al gobierno porque al parecer, conservan mucho poder. En definitiva, hay que concluir que el actual gobierno ha cedido a los caprichos de un sector que lejos está de tener una autoridad moral para exigirlos, sino que más bien, debería explicar por qué se calló durante 12 años ante los abusos de poder y la corrupción del gobierno kirchnerista.

Doble vara II

Pero en la Argentina, lo que se dice sobre la violencia política de los años 70, debe ser puesto en los márgenes de lo admitido y tolerado por el evangelio oficial. Lo que se hizo con Manfroni y Lopérfido fue un mensaje, una señal de disciplinamiento para todo aquel que pretenda sacar los pies del plato. Cuidado con lo opinan, ya saben cómo terminan.

Parecería que, para el actual gobierno, hablar de los 70 es una potestad de ellos y no un derecho que tiene la sociedad a saber lo que verdaderamente pasó en aquellos años.

En nuestro país hubo terrorismo de estado. Ese terrorismo estatal comenzó en democracia, con la policía paraestatal de la AAA y siguió luego con la dictadura militar. Hubo robo de bebés, se torturaron detenidos, hubo desaparición forzada de personas y se tiró gente viva al mar desde aviones. Todo esto ocurrió. Pero esto es lo único que se puede decir sobre el tema. El debate de los 70, se cierra ahí. Si uno pretende saber cuál fue el papel que jugaron las organizaciones guerrilleras mas allá de una lógica de estrategia instrumental, es decir, cuestionar la criminalidad y el terror mismo de sus actos, lo pone a uno inmediatamente en el papel de aquel que iguala los dos terrores, los dos demonios y automáticamente pasa a ser sospechoso. Y ya sabemos cuál es el destino de los sospechosos.

Dejar el debate de los años 70 acá, implica borrar en un todo lo que hicieron las organizaciones guerrilleras. Implica dejar de lado preguntas como: ¿Por qué atacaron la democracia en los 70? ¿Por qué volvieron a atacarla en el 89? ¿Por qué fue necesario que mataran ciudadanos inocentes, entre ellos niños? ¿Por qué, cuando estaban derrotados, la cúpula guerrillera decidió lanzar una contraofensiva enviando a cientos de sus compañeros a una suerte de cacería de conejos? ¿Por qué mataron a los propios compañeros que decidían abandonar la agrupación o simplemente, cuestionaban las órdenes impuestas por la jerarquía? ¿Qué autoridad moral tenían ellos para administrar la muerte de otros argentinos? ¿Qué tipo de régimen hubieran impuesto en caso de tomar el poder con las armas?

Con la excusa de la “teoría de los dos demonios” y de evitar la igualación de estos, lo que se ha logrado es que estas preguntas hayan sido eliminadas del debate público. Del 50% de responsabilidad para cada uno de los bandos de ésta teoría, se pasó al 100% a 0% de la teoría de “ángeles y demonios”. Es decir, de un lado, todos víctimas e inocentes, del otro, todos culpables y victimarios, y consecuentemente, desaparecieron de la historia y memoria oficial a las víctimas de la guerrilla. Viendo los resultados, ¿no habrá sido éste el verdadero objetivo buscado?

Que florezcan mil Leis

En el año 2013, un año antes de su fallecimiento, Héctor Leis, ex militante de Montoneros, quiso contar su testimonio y con él, dejarnos un mensaje:

Yo tenía pendiente un ajuste de cuentas con mi pasado que lo fui postergando. El aberrante populismo de los Kirchner y una enfermedad incurable, me motivaron a asumir ese proyecto con urgencia. Escribir a 40 años de distancia y desde otro país me ayudo a percibir claramente que en los años 70 no se salvaba casi nadie: ni Perón, ni el peronismo, ni la izquierda, ni la Iglesia, ni los intelectuales, ni los Montoneros, ni los militares y ni siquiera el pueblo, que en diferentes momentos había apoyado a uno u otro de los actores que se disputaron la muerte y el odio gratuito entre argentinos. Salvo honrosas excepciones, todos juntos habían contribuido para la tragedia de los setenta, y yo había sido parte de eso. Fuimos adoradores de la violencia, la muerte y el odio entre argentinos.

Estoy convencido de que esta verdad es esencial para iluminar el futuro argentino y liberar de su pesada herencia a las nuevas generaciones.

Foto: Flavia de la Fuente

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5 comentarios to “La soledad de la bruja”

  1. janfiloso Says:

    100% de acuerdo, excelente nota.

  2. Eduardo Reviriego (Daio) Says:

    Concuerdo con janfiloso y agrego:
    Se manejaron con mucha habilidad para imponer una única visión del pasado, imposición que se hace casi irresistible cuando para ello se utilizan las estructuras del Estado, como se lo hizo desde el 2003.
    Para la construcción del relato se acudirá a la memoria, configurándose un desborde de la misma y un déficit de acción histórica, apareciendo los llamados “militantes de la memoria”, cuyo inconveniente como sostiene Henry Rousso “no es la militancia en sí, sino el peligro que para el militante, el fin justifica los medios, y los militantes aceptan a veces mentir sobre la historia, muchas veces intencionalmente, para salvaguardar una idea pura y simple del pasado, con buenos y malos bien identificados, fuera de toda la complejidad de los comportamientos humanos”.-
    Al preferirse la memoria frente a la historia para recuperar ese pasado trágico se cuenta con una ventaja: de que al ser la memoria una construcción retroactiva, no se buscan verdades, si “por verdad se entiende la coincidencia entre los relatos de los testigos y los hechos”, no interesa demostrar la “existencia efectiva de los acontecimientos que se narran, tal como se los narra, ni de la razón última por la que han ocurrido, ni de la narración completa de los acontecimientos históricos”. “Todo relato es siempre una invención, tanto del que lo cuenta como del que lo escucha; o sea ambos interpretan, sin que esto tenga nada que ver con cuestiones de verdad o de mentira”. Las mentiras y los olvidos valen tanto como los recuerdos y las confesiones, puesto que se busca construir una imagen, una representación: “la memoria es una reconstrucción ritualmente actualizada de nuestro pasado y una invención del presente”, como escribe con toda razón Marina Caviglia. .
    Sabemos que la memoria de una sociedad es negociada en el seno de las creencias y los valores, de los rituales y las instituciones del cuerpo social y así en nuestra sociedad se olvidaron los crímenes de la guerrilla, acentuándose la memoria de los crímenes del estado, política que al principio se la utilizó para garantizar el éxito de la transición a la democracia, pero a largo plazo el éxito del discurso de los derechos humanos trajo como consecuencia que se sacrificare la precisión histórica, imponiéndose una especie de mistificación aceptándose acríticamente las narraciones de los años 70.-
    Es difícil luchar contra ello, pero muchos lo están haciendo desde la historia y en algún momento triunfarán.

  3. Javier Says:

    Excelente pieza. Imprescindible. Debería ser de lectura obligatoria para todos los argentinos.

  4. Emilia Lossada Says:

    excelente ! Vivì los 70..Coincido con lo que expresàs.Años terribles de bombas ,paros ,secuestros ,desapariciones de ambos lados .La justicia,ausente.Caminar por la calle daba temor .Volver de la escuela caminando largas cuadras por paros sorpresivos de transporte y esperando que no nos atropellen a balazos o golpes de los manifestantes o de la represiòn.El pueblo trabajador ,en el medio .
    Celebro que estès tan bien informado.
    Te mantengo entre mis lindos recuerdos de aquellos años de docencia .

  5. Daniel Says:

    Quizás a Lopérfido lo dejaron solo porque no pudo, no supo o no quiso gestionar. Alguien me puede decir a qué se dedicó este muchacho del 10 de diciembre para acá?

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