Viejos, feos y resentidos

Publicada en Perfil el 3/7/16

por Quintín

Hace diez días un referéndum conmovió al mundo. No se sabe en qué medida ni con qué consecuencias, pero el Brexit fue inesperado y alevoso. Nunca antes el populismo había irrumpido de un modo tan nítido, tan cristalino, sin la mediación de un líder o de un partido, para hacer entrar por la ventana de la democracia el resentimiento y la xenofobia. El resultado, aplaudido en público por Trump, Putin o Le Pen y más discretamente por kirchneristas o podemitas, mostró un malestar, que excede el territorio británico.

puerto2.

¿Quiénes son estos ciudadanos insatisfechos, dispuestos a perjudicar a su país (no habrá ventaja alguna para los ingleses tras la separación de Europa) para sacarse la bronca con el sistema? Encuentro un tuit que los describe de este modo: “Lo peor del Brexit es que triunfó el interior viejo, vetusto y populista sobre las poblaciones jóvenes, cosmopolitas y progres de verdad.” Difícil reunir en 140 caracteres una mejor síntesis de lo que piensan quienes, en nombre de la modernidad, se sienten ofendidos por la decisión.

Acabo de terminar El fin del “Homo sovieticus” de Svetlana Alekseiévich, reciente premio Nobel, de quien elogié en esta columna sus Voces de Chernóbil. En el libro aparece una palabra despectiva, sovok, para designar a los viejos rusos que no se adaptaron a la caída del régimen y viven en la nostalgia de un Estado burocrático que disimulaba la miseria colectiva y silenciaba la represión mediante información adulterada, marchas patrióticas y medallas al trabajo. Es que la mayoría de los rusos la pasó mal con la llegada de la democracia: la recuperada libertad no evitó el desempleo, el abandono y los abusos mafiosos de los tiempos de Yeltsin. Hoy, muchos apoyan a Putin, tanto quienes veneran la riqueza como los que añoran a Stalin, los que van a la iglesia y los que se ofrecen para la guerra. Alekséievich les da lugar a todos, a sovoks y a adaptados. Por el libro desfilan tragedias como la de una pareja destruida por la guerra civil en Azerbaiyán, la de un joven que descubre que su opulento suegro fue un verdugo al que le masajeaban los dedos para que pudiera apretar el gatillo más veces por día, la del prisionero del Gulag que murió siendo tan estalinista como el primer día y se sentaba a comer con quien lo había denunciado. Lo mejor del libro de Alekséievich es que el relato del desastre colectivo es parte de la literatura rusa: los personajes cuentan sus vidas citando a Chejov y a Dostoievski, a Tsvetáyeva y a Pasternak. Una profesora de literatura resume los cambios señalando que el protagonista de Almas muertas no es ya para sus alumnos un canalla sino un ejemplo a imitar.

Pero otra mujer describe la situación con estas palabras: “Ahora todo el mundo va por ahí diciendo que éramos una gran potencia y que lo hemos perdido todo. Pero, ¿qué he perdido yo exactamente? Antes vivía en una casucha sin ninguna comodidad: ni agua ni tuberías ni gas. Y ahora es exactamente lo mismo.” Consultada por el Bréxit, una mujer británica dice: “La vida real es otra cosa: el salario que no alcanza, el costo de la vida cada vez más alto, la falta de vivienda.” Es que también hay sovoks en Gran Bretaña y en todas partes. Es gente a la que bastan ciento cuarenta caracteres para defenestrar y rara vez se expresa por escrito.

Foto: Flavia de la Fuente

3 comentarios to “Viejos, feos y resentidos”

  1. Yupi Says:

    La opinión de mis amigos ingleses sobre su país: el mejor del mundo si uno nace en la familia correcta, y un páramo si nace en la incorrecta. Por supuesto esto no empezó con la UE, pero el largo período de economía estancada dio la oportunidad a un sector político de presentar al Brexit como la solución mágica. Sin contar el tradicional resquemor pueblerino contra barbudos musulmanes, pérfidos alemanes, hipersensibles franceses y dudosos extranjeros del este en general. ¿Qué pasará en UK? Por la propia lógica del voto pasarán a tener el problema adentro, para empezar con los escoceses. Veremos.

  2. Eduardo Reviriego (Daio) Says:

    Nada más acertado que relacionar el Brexit con el libro de Svetlana Aleksiévich.
    El mundo de los que añoran el pasado y se rinden ante cualquier inconveniente del presente, es grande y no deja de dividir a la sociedad. La escritora ucraniana ha sabido ponerlo en la palestra en toda su evidencia y desgarradora miseria.
    Por supuesto, no es para nada fácil abrir la puerta de la casa y encontrarse con que, de un día para otro, nuestro mundo ya no es el mismo y que nuestros saberes, nuestros ingresos, nuestros bienes, nuestros amigos, no nos dan más protección y ahí comienzan las dudas sobre si no era mejor la vida en el viejo mundo cerrado, pero previsible, que iniciar la aventura de la libertad.
    Puede que la lectura de esa obra nos sirva para entender que no es fácil intentar un cambio, y la enorme responsabilidad que asumen quienes lo inician.
    PD; La sabiduría popular rusa siempre está presente: una entrevistada recuerda el dicho de su padre, una víctima del anterior régimen: “Es posible sobrevivir al campo de trabajo pero no a los seres humanos”.

  3. otrolumpen Says:

    la semblaza Stalin – Putin puede llegar a justificar que los viejos rusos vean en el régimen actual algo de la unión soviética. lo paradójico en el caso del brexit es que los convervadores no representaran políticamente a los viejos británicos y que los laboristas, en especial Corbyn, no se hicieran eco del reclamo de los votantes jóvenes e independientes, a quienes supuestamente se jactan de liderar.

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