Bitácora de la hija de Neptuno (36)

por Flavia de la Fuente

25 de junio

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua, 11 grados. Temperatura del aire, 11 grados. Viento SSO 20 km. Olas: 0,3 m. Nubes y sol. Marea subiendo. Tiempo de natación: 14 minutos.

Hoy me iba a pegar el faltazo. Me levanté temprano, hice miles de pequeñas tareas y me sentía fatal.

Ni siquiera tuve temple para pasear a Solita como lo hago todos los días.

Ibamos por los médanos y a lo lejos vi acercarse a una gente con varios perros sueltos y me asusté y volví a casa.

Pescado

Esto de la adicción al baño de mar es complicado.

Hasta que no me baño no puedo vivir.

Pero veo que a mi alrededor hay muchas adicciones y sindromes de abstinencia que producen similares debacles.

Ayer y anteayer hubo receso de la Eurocopa.

Mi querido marido iba a aprovechar el tiempo para leer y adelantar trabajo.

¿Y qué hizo el pobre hombre?

Sufrió los dos días como un perro.

El primer día lo tuvo en vilo hasta la madrugada el Brexit.

El referendum inglés le quitaba el sueño y no se podía despegar de la computadora hasta que se definiera el resultado.

Se moría de sueño y no podía largar.

Yo le preguntaba: ¿qué ganás con esperar frente a la computadora?

¿Por qué no esperás a mañana y lo leés en el diario?

Pero todo fue en vano.

Se quedó ahí contando los votos uno a uno.

Al día siguiente, la pasó peor aun.

Sumado al colapso de la economía mundial que podría generar el Brexit, mi entrenador sufría como un chino por las elecciones del domingo en España. “¡Van a ganar los fascistas! Otro triunfo del populismo. El mundo se derrumba.”

Quintín sufre de verdad.

Mucho sufre.

Demasiado.

Y así fue cómo se le pasaron sus dos días de descanso.

No pudo trabajar, tampoco divertirse.

Solo sufrió.

Dos días sin su dosis de Eurocopa y casi se nos suicida el pobre adicto.

Como yo ando en las mismas, decidí cortar por lo sano (o insano) y bañarme en el mar.

Primero pensé en entrar y salir, dado que estaba sola en la playa y tenía un poco de miedo.

Pero el agua estaba divina, así que fui nadando como siempre hacia el Sur, hasta el Fontainebleau.

Volví y el brillo de un sol muy tenue dibujaba mi camino de vuelta al muelle.

Esos destellos de luz que me guiaron en mi retorno fueron una bendición, ya que no veía nada porque se me habían empañado las antiparras.

Pero mi sendero dorado era visible a través de la neblina de mis anteojos.

Y me divertía guiarme solo por eso.

Era un juego nuevo, seguir el camino de la luz, o el camino amarillo, como en El mago de Oz.

—————–

PD: Me acaba de decir Quintín que murió el fotógrafo y cineasta Peter Hutton. Me puse triste. Amo su trabajo.

Acá les dejo el link a dos de sus películas que vi muchas veces.

At sea y New York Portrait

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Una respuesta to “Bitácora de la hija de Neptuno (36)”

  1. Fudoshin Says:

    6 km en el río Avon hasta el mar (de 17ºC a 15ºC) http://www.theguardian.com/lifeandstyle/ng-interactive/2016/jul/05/a-watery-rave-tidal-swim-along-the-avon-swoosh

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