Diario intermitente (85)

por Quintín

23 de mayo

La editorial española Atalanta, que es la que fundó el conde Siruela cuando vendió la editorial Siruela, publicó tres libros del japonés Yasutaka Tsutsui: Hombres salmonela en el planeta porno, Paprika y Estoy desnudo. Encontré los dos primeros en la biblioteca (creo que tengo también el otro pero no aparece). Supongo que los compré a partir del título tan raro del primero y de las tapas atractivas. En estos días leí Paprika, una novela de 350 páginas y también una buena entrevista que Jesús Carlos Alvarez Crespo, el traductor, le hace a Tsutsui al final de Hombres salmonela, que es una colección de relatos. También leí el prólogo de Paprika, a cargo del escritor peruano-ponja Fernando Iwasaki (también descubrí que tengo tres libros de Iwasaki, debería leer alguno). Aunque incurre en la tontería de decir que “no encuentra elogio mayor” para Tsutsui que afirmar que influyó en Banana Yashimoto y Haruki Murakami (Tsutsui dice que Murakami no es gran cosa), el texto de Iwasaki predispone bien, está genuinamente excitado por el autor y lo ubica dentro de la tradición del kygoyen, una forma de teatro tradicional en la que la acción puede ir para cualquier lado o ser interrumpida por toda clase de digresiones y payasadas. Iwasaki empieza el prólogo citando a Tsutsui:

Hay naciones tristes y alegres. Yo preferiría que mi obra se traduzca a naciones alegres.

De hecho, la frase es parte de la entrevista del traductor. Y luego hay una cita de Drácula, en la que hablan del pollo con paprika como un plato que se come en los Cárpatos y, naturalmente, en Transilvania. Tsutsui (Osaka, 1934) se muestra como alguien que cree en la comicidad de la condición humana. Su producción es abrumadora: escribió 600 libros (entre ciencia ficción, historietas, teatro y crítica), es actor de cine y de teatro, presentador de televisión y además estudió por su cuenta muchas cosas, como zoología, psicoanálisis, administración de empresas y otras disciplinas más o menos modernas. En cambio, según confiesa, de la cultura japonesa clásica no sabe nada porque no pasó por la universidad. O sea que Tsutsui es un contemporáneo nuestro, aislado de la cultura clásica y versado, aunque de segunda mano, sobre un montón de cosas que ocurrieron en el siglo XX. Al leer sobre su obra, pienso en Takeshi Kitano, en esa mezcla entre el artista y el payaso, entre el personaje popular y el individuo secreto, en uno de esos japoneses destinados al consumo local y a los que Occidente accede casi por casualidad.

paleta 2

Paprika es una gran novela: original, compleja, potente, divertida, amable. Paprika es la personalidad secreta de Atsuko Chiba, una doctora de treinta años que está a punto de recibir el premio Nobel por “el uso de la tecnología en el tratamiento de las enfermedades mentales”. En realidad, lo que usa la doctora Atsuko son unos aparatos que permiten no solo transcribir visualmente los sueños sino meterse adentro, invención de un colega, socio y amigo, el genial y tímido Kosaku Tokita. Paprika es la versión nocturna de Atsuko y se produce como una heroína sexy de manga, que entra en los sueños de sus pacientes y a veces se acuesta con ellos como parte del tratamiento.

El libro empieza con una disputa académica interna en la institución donde trabajan Atsuko y Tokita y de a poco va adquiriendo las proporciones de una batalla cósmica. Los personajes son todos de la clase privilegiada en una sociedad que es el Japón actual después de una síntesis que acentúa sus rasgos totalitarios. Viven en departamentos exclusivos, visten con clase, consumen los productos sofisticados, usan autos de lujo, jamás se mueven en el transporte público ni caminan por la calle. Sus batallas, que son básicamente intrigas empresarias, se libran en el corazón del poder. Paprika, además, “casi siempre, se sentía atraída por los hombres de alto nivel social”. Atsuko, Tokita y sus aliados (un alto jefe de la policía y un gran ejecutivo) son los defensores del establishment y de la competencia, el crecimiento y el progreso sin límites. Los villanos son más curiosos: el doctor Inui y su pareja, el bello Osanai, intentan evitar que los héroes continúen con sus experimentos. Invocan la necesidad de hacer un uso racional de la ciencia y la tecnología. También están celosos del éxito de Atsuko y pertencen a una secta herética del cristianismo alguna vez llamada Orden de Sajonia, que demoniza a las mujeres y practica ritos homosexuales. Tsutsui describe así los orígenes de la secta:

A comienzos del siglo XX, un ambiente de erotomanía vino a hacer acto de presencia en las aulas y los salones de Viena. La teoría sexual de Freud y la ideología del grupo jugendkultur se influenciaron mutuamente, mientras que la homosexualidad se puso de moda entre los estudiantes y los jóvenes burgueses (de clase media), sobre todo los de origen judío. Eruditos y artistas, atraídos por esta nueva mentalidad, se adhirieron a la Orden de Sajonia, en la que podían dar rienda suelta a sus inquietudes estéticas, culturales y carnales.

Evidentemente, no estamos ante un campeón de la corrección política. Otras muestras del anárquico despiste de Tsutsui:

Igual que Abraham Lincoln, Inui parecía poseer un sentido de la justicia rayano en el fanatismo.

Ahora tenía que desplegar su falta de lógica, propia de las mujeres.

Si a Tsutsui no le iría bien con el Inadi, su imaginación y su densidad narrativa pasan cualquier prueba. El libro se va haciendo cada vez más complicada en dos niveles. Por un lado, el apetito sexual de Paprika (que como Atsuko no tiene sexo hace años) la pone en situaciones eróticas con todos los hombres de la novela, incluso con el malvado Osanai, por quien en algún momento está dispuesta a hacerse violar. La fraternidad que rodea a Paprika es la de un grupo masculino que la comparte sexualmente en los sueños. Pero por otra parte, los últimos dispositivos inventados por Tokita (que los malos roban) tienen propiedades desconocidas y cada vez más peligrosas: los sueños permiten pasar de los sueños de un individuo a los de otro, transferir objetos a la realidad y finalmente materializar pesadillas de toda índole. El corazón de la novela es una serie de batallas oníricas que van cambiando de escenario como los sueños, viajando entre el presente y la infancia, en los que la heroína se cruza con aliados y enemigos hasta que el mundo y el sueño se confunden y se hacen indistinguibles. Como consecuencia de estos poderes impensados, la ciudad de Tokio es invadida por monstruos de la mitología y sus ejércitos de autómatas que causan un caos absoluto. Antes del final más o menos feliz, asistimos a escenas apocalípticas, propias del manga o de algunas novelas de Aira (cuyo vanguardismo se toca con los géneros de aventuras).

Hay también un epílogo muy sugestivo. En él aparecen Kuga y Jinnai, los héroes más queribles del libro, los únicos que no son parte de la élite. Son el mozo y el barman del lugar en el que los otros personajes se reúnen y su conversación parece sugerir que todo el libro es un sueño, un sueño proletario donde son protagonistas y recuperan el lugar perdido en las guerras de la Historia.

Foto: Gabriela Ventureira

3 comentarios to “Diario intermitente (85)”

  1. lenideescalada Says:

    Paprika fue adaptada al cine por Satoshi Kon en un film de animación en 2006, que es de lo más impresionante del género y comparte mucho del espíritu de la novela.

  2. Fudoshin Says:

    Reblogueó esto en Paseos Intersticialesy comentado:
    Paprika

  3. Borsalino Says:

    Ojalá tuviésemos más Tsutsui en español. Me enamoré de él por sus cuentos y por las adaptaciones de “La chica que saltaba a través del tiempo” y la novela reseñada. Muy buena la crítica, por cierto, me han entrado muchas ganas (más de las que ya tenía) de leerla

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