Las guerras de un solo hombre

Publicada en Perfil el 22/5/16

por Quintín

Hace unos días me crucé con Edgardo Cozarinsky. Le dije que me había gustado mucho Dark, su último libro, y me contestó que su último libro se llama Niño enterrado y es una colección de pequeños ensayos, mientras que Dark es una novela. Es que Cozarinsky no para: si no es un libro es una película, pero también hay obras de teatro, artículos periodísticos, óperas y no sé si también se presenta en público bailando tangos.

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Pero volvamos a los libros. Todo lo que escribe Cozarinsky es amable y certero, además de ser el testimonio de una vida única, que es la suya. La de alguien que hacia los sesenta años se aburrió de ser quien era, un argentino que vivía en París y luchaba por conservar un lugar entre luces que no resultaron tan brillantes. Así volvió a Buenos Aires, donde fue mucho mejor recibido de lo que pensaba y donde empezó a producir con regocijo y sin inhibiciones pero con otra expectativa. El Cozarinsky parisino no era un desconocido. Vudu urbano, su primer libro (1985), tiene prólogo de Susan Sontag y de Cabrera Infante. Dennis Hopper actúa en su primera película francesa y su primer documental, La guerra de un solo hombre, sobre los diarios de Jünger, tiene un gran prestigio. Aunque atrás, en Buenos Aires, había dejado Puntos suspensivos (1971), una película casi secreta de cuya virulencia ideológica el propio Cozarinsky se asustó en su momento y que la cultura argentina todavía no ha digerido.

A su vuelta al país, primero tímidamente, como quien pisa territorio enemigo, luego con mayor asiduidad y finalmente con un orgullo definitivo, Cozarinsky se transformó en un príncipe de la escena local. Su don de gentes y su solidez intelectual le han permitido (algo raro en estos días) hacerse querer y respetar por muchos que no comparten sus ideas ni miran con simpatía ese dandismo artístico que lo ha llevado a lugares desusados. Dark, por ejemplo, es la historia de la amistad entre Víctor, un adolescente que tiene mucho del autor, con Andrés, un personaje oscurísimo que le sirve de Cicerone por los mundos secretos de Buenos Aires en los años cincuenta. Antiguo torturador peronista, golpeador de homosexuales, Andrés es un personaje que no pasaría del repudio sin matices en cualquier novela nacional. Pero Cozarinsky se planta en un lugar muy propio, emparentado con el de Rainer Fassbinder, cuya obra es un homenaje a los vencidos, incluyendo a los que han pecado ideológicamente. Una frase de Novalis, que encuentro en otra novela suya, explica un poco la idea: “La novela surge de los huecos y grietas de la Historia”. En todo lo que escribe o filma, Cozarinsky explora zonas personales o colectivas que han quedado en la oscuridad. Mientras se interna en las grietas de la memoria, se deleita en exponer sus puntos de vista y rara vez se equivoca en una opinión. Ya sea cuando insiste que de los escritores llamados Roth, el bueno es Joseph mientras que Philip es un charlatán o en asuntos más delicados, como su sospecha de que el Estado de Israel fue un error colosal o que las organizaciones armadas de los setenta fueron una cuna de traiciones, de mentiras y de actos oportunistas que seguimos padeciendo. No sé si Sontag prologaría los libros actuales de Cozarinsky, pero tal vez por eso son más necesarios.

Foto: Flavia de la Fuente

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3 comentarios to “Las guerras de un solo hombre”

  1. dufo Says:

    Todavia recuerdo la admiraciòn de Tomàs Eloy Martinez por Puntos suspensivos en la revista Primera Plana, por aquellos tiempos…

  2. sebastián andrés sánchez Says:

    Estoy leyendo Dark. Es preciosa.

  3. sain jacob Says:

    …Hace un tiempo conseguí, después de mil años de querer verla, “…”, y también la hermosa “Carta a un Padre”, gracias a una cinéfila loca… ¡genial!… por otro lado: a Edgardo le he ‘hinchado’ por el chat del féis alguna que otra vez, y el tipo, sin saber quien soy, con infinita paciencia, me contestó con amabilidad e incluso me tiró pistas para encontrar algunas joyitas muy preciadas por mi… a la distancia, se lo ve como un tipo íntegro, coherente, y culturalmente valioso… ojalá filmara más seguido! (aunque quizá haya primado su faceta literaria, y eso está muy bien!)…

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