Bitácora de la hija de Neptuno (17)

por Flavia de la Fuente

22 de mayo

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua, 15 grados. Temperatura del aire, 13 grados. Viento SSO a 17 km. Olas: 0,6 m. Sol y nubes. Marea bajando.

Hoy Quintín salió de casa. Y también brilló el sol.

Hablo en pasado porque la mañana radiante y diáfana quedó atrás y le dejó el lugar a una tarde gris y fría.


Aprovechando el buen tiempo, a eso de las 9.30, con Solita nos sentamos en nuestro rincón favorito a tomar sol.

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Es precioso sentir el calor del sol en la puerta de casa. Es un lugar realmente privilegiado, más protector imposible.

Me llevo mi silla reclinable de playa que tiene un respaldo muy largo y nos dedicamos a hacer fiaca. Yo me recuesto en la silla y Soli se echa a mi lado.

Desde nuestro solarium, se ve un trozo de mar y la luz que riela en el agua, el cielo, la plaza de enfrente, la gente que va y viene achuchada de la playa, pajaritos y muchos perros, que inquietan a mi compañera.

Es un sitio perfecto para el sosiego. La única contra es que nuestro paraíso tiene un horario limitado. El sol está ahí de de 9 a 11.

El año pasado íbamos con Soli a la plaza o a los médanos, pero ahora, con este tiempo cambiante, nada más práctico que quedarse en la puerta de casa.

Pero vayamos al grano, a la natación del día.

Como ya les había anticipado, hoy empezamos con mi entrenador-productor el rodaje de El agua en otoño, un nuevo proyecto de Solita Films.

Así que salimos de casa con todos los bártulos más la Gopro en mi muñeca derecha.

Soy un aparato extraño con mi exótico atavío.

Hoy la mujer que vende artículos de pesca me preguntó si la Gopro era para medir la temperatura del agua.

Y mal no me vendría un termómetro de agua, que, por otra parte, no sé dónde se compra.

Me gustaría saber con precisión a qué temperatura está el mar. Al Alvarez lo sabe. En Hampstead le ponen todos los días un cartel con la temperatura. Acá no.

El Windguru dice que está a 15 grados, pero para mí ya está más fría.

Pero no tengo forma de saberlo.

También tengo un problema con las mareas.

En la Tabla de Mareas de Internet dice un horario y en el pizarrón del muelle otro.

Hoy me olvidé de chequear las mareas antes de salir. Pero me dio pereza volver a casa a mirar la página.

Quintín le tiene fe al pizarrón del muelle y yo no. Decidí acoplarme a su pálpito.

Hoy el pizarrón anunciaba que la marea había comenzado a bajar a las 10.50 hs, con lo cual, a las 13 hs, cuando fuimos al agua, estábamos en plena bajante.

Como ese dato no me resulta fidedigno, no me animé a meterme al Norte del muelle y dar la clásica vuelta y salir al Sur, cerca del Riazor.

Nadar contra la corriente cuando el agua está tan fría me da inquietud. En verano no tengo miedo, porque nadar a mí no me cansa y además llevo el torpedo, pero al frío le tengo mucho respeto. Todavía no lo conozco bien.

Nunca fui una nadadora seria del frío, recién lo estoy intentando este año gracias a la compañía de mi entrenador.

Así que me metí al Sur del muelle y el plan era nadar hasta el Fontainebleau.

Pero antes, me puse a jugar un rato con la cámara.

Filmé las olas, a Quintín y a Solita en la orilla, el cielo. No sé qué quedará porque se filma sin ver, filma la mano.

Cuando pasaron unos cinco minutos y empecé a sentir frío en los pies, me sumergí y me dispuse a nadar.

Braceé y braceé con la cámara encendida, supongo que filmé todo lo que nadé, aunque no lo sé porque todavía no miré qué hay en la camarita.

En un rato llegué a la altura del Fontainebleau, el límite Sur que me impuse para el nado de agua y aire fríos.

Como no me sentía satisfecha, decidí tratar de volver nadando hasta el muelle y recién después salir.

Pero el agua estaba tan apacible y llegué tan pronto al muelle que me dio pena abandonar la aventura del día.

Miré bien hacia el muelle y vi que yo estaba más adentro que la punta del espigón.

Así que me mandé y me puse a cruzar el temible muelle supuestamente contra la corriente.

Era claro que no nadaba contra la corriente, pero tampoco a favor. Iba bastante lento.

Finalmente lo crucé y decidí salir lo antes posible a la costa.

Sentía frío en los pies y en las manos.

Había nadado unos veinte minutos, más cinco minutos de fotos acuáticas. Era suficiente por el día de hoy.

Salí del agua y antes de irme del todo el Osi me sacó más fotos.

Se lo veía orgulloso por mi pequeña hazaña y también porque había empezado a filmar.

A Quintín le encanta que filme y me ayuda mucho.

Hoy casi morimos de un ataque de nervios porque yo no sabía cómo poner la Gopro en la muñequera. De hecho había dejado de filmar por ese motivo.

En una época lo sabía, la usé muchísimas veces en el mar. Pero ahora no me salía más, no entendía cómo ponerla en su lugar.

Yo soy muy torpe. Y el Osi también.

Pero él es más paciente, se tiene más fe. Yo suelo darme por vencida antes de empezar.

Así que pese a mis nervios, nos pusimos a estudiar el asunto de la muñequera y la cámara con un tutorial de un brasileño que encontramos en la web.

Después de una hora al borde del infarto logramos poner las cosas de la manera correcta para que yo pudiera seguir filmando en el agua.

Ya no tengo excusas para no filmar. Algo habrá que inventar.

¿Y si hago un bitácora de Neptuno fílmica?

Volviendo a las mareas, me acabo de fijar y la tabla dice que el agua empezaba a bajar a las 12.25 hs.

Ahora entiendo cómo pude cruzar el muelle contra la corriente.

Parece que la que vale es la tabla de la web, no el pizarrón del muelle.

Pasé frío, pero salí fortalecida una vez más de la aventura.

Me di una ducha tibia, no muy caliente.

Ayer estuve investigando y leí los consejos de unos franceses que decían que la ducha después de la natación fría debía ser tibia, pero no muy caliente. Les hice caso porque esa gente parecía conocer todos los secretos del agua helada.

Me hizo gracia que también recomendaran tomar mucho té para que aumente la temperatura del cuerpo.

Después de la ducha, como siempre, almendras, chocolate amargo, dulce de membrillo y tres tazas de té oolong, siempre tomo dos, pero hoy necesitaba más. Hoy el Osi dijo que el oolong era su té preferido.

Mientras tomo té y me alimento, leo Pondlife, de a poquito, lentamente. Unas entradas cada día.

Ya me siento un alma gemela de Al Alvarez: “El agua dulce y helada de la laguna…¿Cómo podría seguir cuerdo sin ella?”

Foto: Quintín

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