Bitácora de la hija de Neptuno (10)

por Flavia de la Fuente

14 de mayo

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua, 16 grados. Temperatura del aire, 12 grados. Viento N a 15 km. Olas: 0,4 m. Sol y nubes. Marea subiendo.

Hoy nadé por Gabi, Ella@ y Janis, que hoy cumplen años. Si no hubiera sido por ellas, quizás se me quebraba la voluntad.

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Me desperté a las 8, abrí los postigos y me encontré con otro día oscuro, totalmente nublado, tan triste y deprimente que me puse a llorar.

Por suerte, enseguida vino Quintín a hacer el desayuno catalán, conversamos del mal tiempo y de las novedades políticas, como todas las mañanas.

Lo del cumple de las nenas me tenía mal. Los cumpleaños, aunque sea el de las perras, me dejan en carne viva. No sabía cómo festejarles. Es algo tan importante para mí, y tan ignorado por ellas. Para colmo, Ella@ y Janis no viven más con nosotros, viven en la casita de al lado porque si no se pelean a muerte con Solita, a muerte de verdad.

Pensé en escribir un post sobre la historia de las tres perritas, pero me daba demasiada angustia. Y además hablo de eso en la película Días de lluvia. Pensé en subir una foto donde están las tres cumpleañeras juntas, pero me pareció más justo ir y sacarles una foto nueva, en el día de su aniversario, así me queda un registro de Ella@ y Janis tal como son en el día de hoy, cuando cumplen 5 años.

Miré las fotos del año pasado y las noté mucho más jóvenes. No sé si soy yo, o el tiempo año a año se nota mucho en los perros también. En la foto se las ve más lozanas e inocentes. Ahora parecen más sufridas. Les pasaron muchas cosas en el último año.

Hoy en la caminata, cuando Quintín me regaló una shell yo encontré otra al mismo tiempo y se la regalé a él. Yo soy la que guarda el tesoro en el bolsillo de la campera. Con las shells en su sitio, nos dimos un beso y seguimos caminando.

Estaba feo y muy frío. De pronto, salió un rayo de sol que nos empezó a calentar la espalda. Hoy había un frío viento del Norte.

Solita se bañó dos veces en el mar. Le voy a tener que comprar un trajecito de neoprene, porque temo que le agarre una pulmonía. Ella corre y corre, se pelea con otros perros y, bien acalorada, se tira al mar para refrescarse. En fin, no creo que sea nada saludable, pero no se puede hacer nada para impedirlo, salvo llevarla atada, que es una tristeza total.

Cuando emprendimos la vuelta, vimos que parecía que iba a salir el sol. Que quizás hoy me bañara con un cielo azul.

No tenía ganas de bañarme en el mar. Estaba cansada y pensaba en la locura esta de escribir y nadar todos los días. ¿Es una buena idea? ¿Me volveré loca? O quizás me fortalezca. No lo sé. Hoy era una hoja temblequeante que lloraba por todo.

Hasta lloré mientras abrazaba a Ella@ y a Janis cuando les canté el feliz cumpleaños y les di sus premios matutinos. Un desastre total.

Por suerte, salió el sol en un cielo totalmente despejado.

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Ver tanto celeste en el cielo, me dio fuerzas y me puse todo mi equipo con mucho ahínco.

Me comí una barrita de chocolate amargo y salimos con Quintín y Solita hacia la playa.

Los tres íbamos felices porque brillaba el sol.

Y calentaba. No saben qué distinto es ir a la playa en otoño en un día nublado.

El sol nos llenó de optimismo y mejoró los ánimos del equipo.

Ni bien llegamos al muelle, vimos que había un lobo marino grandote en la playa.

Había mucha gente alrededor y también el personal de Mundo Marino.

Quintín fue a sacarle fotos y yo me fui a dejar mis cosas con Solita.

Mientras Quintín le sacaba las fotos al bicho, yo caminaba hacia el mar con Solita. Y, en un momento dado, me metí a nadar .

Al parecer, Solita, desconcertada, intentó volverse a casa. Su ama se había ido al agua, su amo se dedicaba a observar un ser extraño. Enojada, la perra se quiso tomar el buque. Pero, por suerte, Quintín la vio y la retuvo en la playa. Soli es tremenda. Muchas veces se volvió sola a casa y nos pegamos flor de susto, porque nos da miedo cómo cruza la costanera. A Ella@ la pisó un auto en esa calle cuando tenía 6 meses. Así que nos quedamos traumados.

Yo no me enteré de nada, por suerte, dado que ya estaba nadando hacia el Norte. El agua estaba subiendo, pero poco, me costaba mucho avanzar.

En homenaje a mis tres queridas amigas, hoy había decidido nadar veinte minutos, con ganas o sin ganas, solo por ellas. Y así lo hice.

Tardé 15 minutos en llegar al Aguila y ahí pegué la vuelta y nadé 5 minutos más de vuelta a casa.

Al salir no tuve nada de frío. El sol tiene unos poderes tremendos. Hoy no corrí ni caminé rápido. Salí del agua y me puse a comentar los eventos playeros con Quintín, mientras caminábamos tranquilamente de vuelta a casa.

Pero Quintín estaba obsesionado con el lobo. Al parecer, la gente de Mundo Marino lo metió en el agua, pero ni bien se fueron el lobo salió y se quedó debajo del muelle. Allí fue nuestro reportero a fotografiarlo.

Me olvidé de decirlo, pero no me hacía mucha gracia compartir las aguas con semejante bestia.

Ya sé que en el agua hay de todo, pero estar al lado de ese lobo marino me daba miedo.

Pero si empezamos con las aprensiones no me meto nunca. Un día hay medusas, otro arañas, otro lobitos marinos. Hay que nadar siempre, sobre todo si se avista un bello tiburón.

Ayer leí un reportaje a María Inés Mato y decía que le desilusionó cruzar el Canal de la Mancha porque el agua estaba muy caliente. La mina nadó 12 h 48 minutos en malla. Cuenta también que atravesó barreras de medusas.

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Volviendo a la natación del día de hoy, al rato, llegando a casa me agarró un frío tremendo.

Y no se me iba. Entonces, no sé si hice bien, me di una ducha caliente, bien caliente, que está buenísima mientras uno está ahí, pero cuando sale le vuelve a agarrar el frío.

No sé si es una buena idea. Muchos sugieren que la ducha debe ser templada, más bien fría.

Y debe ser así. Porque salí del agua hirviendo y me agarró frío de nuevo.

Comí almendras, chocolate, dos tazas de té verde chino y seguía con frío. Fui a darles de comer a las cumpleañeras y el frío persistía.

Recién ahora, que estoy escribiendo esta bitácora sentada al sol, porque en mi escritorio da el sol a la tarde, tengo una grata sensación corporal.

Pero tengo puestas medias de ski, botas de piel, camiseta, remera, sweater y una ruana de lana. Y, repito, estoy sentada al sol.

Eso sí. Ya no lloro más. Estoy demasiado helada para lágrimas.

Ahora puedo empezar el día.

Fotos: Quintín

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4 comentarios to “Bitácora de la hija de Neptuno (10)”

  1. janfiloso Says:

    El agua caliente abre los poros y cuando acaba el baño por los poros abiertos entra el frío. La lógica sería empezar el baño con agua caliente y luego ir enfriando el agua … jaja no hago eso ni loco.

  2. lalectoraprovisoria Says:

    Yo tampoco! Lo máximo que puedo hacer es ducharme con agua apenas tibia, aunque también es sufrido. En fin, hoy, como no tengo este asunto resuelto, no me bañé en el mar y listo.

    Besos,

    F

  3. Jorge Bernárdez Says:

    James Bond se ducha alternando la temperatura del agua según se lee en los libros de Ian Fleming

  4. lalectoraprovisoria Says:

    Está buena la ducha de 007, pero no para después del mar. Es una buena idea para Buenos Aires. Me voy a convertir en una vieja Bond!

    Besos,

    F

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