Diario intermitente (79)

por Quintín

11 de mayo

Hace unos días estaba en el stand de Waldhuter en la Feria del Libro, cuando mi amigo Maxi me presentó a Fernando Pérez Morales, dueño de la Boutique del Libro (San Isidro) y responsable de la editorial Notanpüan, que por la diéresis en la u se nota que tampoco es tan antipuan. Pérez Morales me habló con gran énfasis de un libro de su editorial, Los accidentes de Camila Fabbri. Dijo poco menos que la autora era el futuro de la literatura argentina. Yo había comprado el libro el día anterior, por consejo justamente de Maxi, y me prometí leerlo en cuanto tuviera la oportunidad.

Otoño2

Esta llegó y leí el libro de la joven Fabbri (Buenos Aires, 1989, también es dramaturga y actriz, trabajó en la película Dos disparos de Rejtman). Es bastante corto: una colección de relatos que suman 136 páginas en formato chico. Me gustaría encontrar un modo elegante de decir que no sé cómo leer este libro. Pero no la encuentro y me limito a repetir: no sé cómo leerlo.

No sé cómo leer pasajes como estos, con su castellano torcido:

En mi pecho se batallaban personalidades.

No distinguí quién abandonaba de quién todavía empinaba la cabeza.

Y en la hornalla hierve un agua.

El cerebro comanda, y el resto, aunque persista, es atrofio.

Es bastante común que el eco que hacen los azulejos en el baño venga bien, porque ayuda a que rebote el llanto acústico de la cría.

Porque estar ahí dentro miente un afuera.

En algunos casos el juego de palabras tiene un sentido humorístico.

René Poncio Pilato, el primer portador de sexo neutro en Tacuarembó.

Los papás de María funcionan como un separador mágico: cuando aparecen, empieza una nueva situación y, cuando desaparecen, se inaugura otra.

Es un instante en el que el auto se mueve de una forma extraña, sobre todo las ruedas. Ruido de arrollo; de haber arrollado algo o a alguien.

En este caso parece haber algo joyceano. Incluso (no sé muy bien por qué) se me ocurrió que homenajea una escena de La mujer sin cabeza de Lucrecia Martel. Hay relatos muy graciosos como el primero, Nacimiento, un monólogo en el que un padre gay se dirige a un hijo travesti en una especie de portuñol y usando un tono de patriarca conservador. Está estructurado como un cuento tradicional. Pero otros son más laxos, más vagos y están más concentrados en el lenguaje. Hay uno que me pareció de alto vuelo, Mi primer Hiroshima (el libro empieza con unos dibujitos de aviones).

La contratapa de Los accidentes está firmada por Romina Paula, que escribe:

Camila Fabbri, con un pie en el teatro y otro en la narrativa, ve mucho y dice lindo; como una niña vieja, sabe muchas cosas al escribir, y nos las otorga.

La expresión de Paula podría ser de la propia Fabbri. También dice Paula:

El registro engañosamente infantil de estos relatos, con sus metáforas y diminutivos, construye una apariencia de candidez que hiere, que, en lugar de atemperar el espanto, lo recorta, resaltándolo. Como seres con hipotrofia, todo eso chiquito no hace más que doler.

Paula sabe cómo leer a Fabbri. A mí me cuesta mucho más. Me encuentro y desencuentro con la prosa y con sus angustias. Lo que hace Fabbri me parece de a ratos talentoso y a ratos caprichoso, a veces sentido y a veces canchero, empático y despectivo, profundo y banal, inteligente y ostentoso, ingenioso y tonto, ambicioso y desmesurado. Según las veces.

Con el cine de Rejtman y la literatura de Paula me pasan cosas parecidas. Y también con Silvina Ocampo.

Foto: Flavia de la Fuente

Anuncios

5 comentarios to “Diario intermitente (79)”

  1. Yupi Says:

    ¿Silvina Ocampo canchera en el sentido de superada? No creo. Quizás sea una falsa impresión que dan las personas realmente tímidas. Me quedé pensando en la cantidad de chicas que eligen el cuento, lo más difícil de todo, para darse a conocer. Es como si en su primer torneo como tenistas se anotaran en Roland Garros. Que pasen la primera ronda ya es un milagro (un segundo milagro, además de la juventud). Suerte.

  2. lalectoraprovisoria Says:

    Yo no dije que Silvina Ocampo fuera canchera, ni que fuera igual a Fabbri en todo. Dije que tengo problemas para leerla.

    Q

  3. Yupi Says:

    Ah, por eso te pregunté. Los tímidos a veces parecen cancheros o arrogantes cuando en realidad son todo lo contrario. Hablando de futuro. El otro día leí este cuento de una autora más joven que Fabbri, lo que parece imposible. Me gusta el tono limpio, sequito, sería la palabra.
    http://laagenda.buenosaires.gob.ar/post/142895378520/el-ruido-de-mil-moscas-volando-a-la-vez

  4. Marcia C. Reiriz Says:

    Leí de un tirón la nueva novela de Alvarez Tuñón, “La mujer y el espejo”, que me enteré que salió por tu diario. Me pareció una maravilla. La idea es extraordinaria y no creo, realmente, que haya una prosa mas sutil y poética, entre todo lo que se escribe. Lo recomiendo con mucho fervor y me gustaría que alguien me explicara porqué ocupa un lugar tan lateral. No lo puedo entender. Un abrazo

  5. santiagoparkerdimitriski Says:

    Me gusta. Con muy pocos fragmentos que lei de ella. Me da desprejuciciada y con un castellano torcido como los pensameintos internos de todos los cotidianos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: