Bitácora de la hija de Neptuno (5)

por Flavia de la Fuente

9 de mayo

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua, 17 grados. Temperatura del aire, 16 grados. Viento NNO a 5 km. Olas: 0,3 m. Sol. Marea subiendo.

Tras ocho días nublados, hoy salió el sol. El mundo se ve muy distinto. El cielo tiene color celeste, lo que me parece extravagante después de haber pasado casi un mes en la oscuridad. Me siento en una película en Technicolor. Me parece todo muy raro con el cielo azul.

shells.2.P1070393

Aunque salimos a caminar más desabrigados, nos morimos de calor con el sol que nos pegaba en la espalda.

El mar se veía apacible, la perra jugaba, la vida nos sonreía un poco. Quintín encontró dos shells en la playa y me las regaló. Es un juego que empezamos en 2004, cuando nos mudamos a la costa. En ese entonces juntamos muchísimas y todavía ahí están. Encontrar una shell y regalárnosla es un gesto de amor secreto entre nosotros.

Era una mañana tan bella y templada que Q decidió darse un baño de mar. No solo había sol, también el viento brillaba por su ausencia. Al diablo con ser entrenador, el coach también se tentó con meterse en el mar.

Le saqué esta foto antes de salir, parado con Solita en la puerta de casa.

QySolita.P1070378

Dejé la cámara y partimos los tres juntos a la playa.

Q tardó unos tres minutos en zambullirse y finalmente juntó coraje y lo hizo. Al parecer, el agua está helada, porque nadó menos de un minuto. Salió contento o más bien sorprendido por el frío, le alcancé la toalla, le hice entrega de la perra y se fueron los dos de vuelta a casa. Solita, mientras se alejaban, daba vuelta la cara y me miraba como diciendo: “¿Y vos no venís?”

Así que hoy tuve cielo azul y mar sin entrenador. Pensaba nadar menos que ayer, pero me tenté y nadé 20 minutos. Es que estaba tan agradable, todo era tan delicioso, que me daba pena abandonar ese edén helado.

Como el agua estaba subiendo, pero recién empezaba, pude nadar 500 metros desde el muelle hacia el Norte y volver lo nadado hacia el Sur.

Las olas me hacían reír cuando me estallaban en la cara. Eran chiquitas y no muy fuertes. Una cosquilla refrescante que me sacaba de la monotonía de la natación.

Volví a casa. Q ya estaba bañado y un poco asustado por el frío que había chupado. Yo me bañé, ordené todo y tomamos té oolong, mi favorito para después de nadar, comí un trozo de dulce de membrillo y frutas secas.

Fotos: Flavia de la Fuente

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3 comentarios to “Bitácora de la hija de Neptuno (5)”

  1. Abel Guillermo Sepulveda Says:

    GCS, POR PRESTARLE ATENCIÓN A LAS COSAS QUE NUESTRA SOCIEDAD OLVIDA, GCS.

  2. janfiloso Says:

    Son dos locos lindos.

  3. Yupi Says:

    Ja. Si cuelgan una foto de Quintín en la puerta con escafandra y patas de rana, oteando el horizonte como si esperara al sodero (el viejo sodero de los pueblos), cerramos todo.

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