Bitácora de la hija de Neptuno (2)

por Flavia de la Fuente

6 de mayo

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua, 17 grados. Temperatura del aire, 12 grados. Viento sudeste a 14 km. Olas: 0,5 m. Totalmente nublado. Marea en bajante.

Esta bitácora me sirve también para obligarme a ir cada día al agua, para cumplir con mi palabra. Está bueno, me ayuda a seguir adelante, aunque no sé muy bien adelante de qué.

Fantesdelagua.P1070278

Hoy fue un día raro. Conté con la gloriosa compañía de Q y Solita. Q vino en carácter de fotógrafo y coach. Solita, de perro. No sé qué habrá hecho nuestra mascota, pero Q me indicó dónde había un trasmallo, uno de los enemigos de los nadadores fuera de temporada, que estaba en el mismo lugar que ayer. Quizás ni siquiera lo levantaron. Veremos si sigue ahí mañana.

Amanecí bastante pusilánime. Después de la sesión de fotos en la puerta de casa, los tres nos encaminamos hacia el muelle. Hacía un frío tremendo para ser las 12.30 del mediodía. Y no había ni un mísero rayo de sol. Yo trataba de pensar que tenía calor, en fin, trataba de no achucharme sacando pecho y pensando que estaba lo suficientemente abrigada, y así fue cómo logré llegar a la playa sin tiritar. Debo aclarar que los guantes y las medias estaban húmedas, lo que no era muy agradable. Habría que tener dos juegos de todo, porque de un día para el otro los neoprenes no se secan acá en la costa. Lo mismo me pasaba con el traje.

La marea estaba en bajante, eso quiere decir que la corriente va hacia el Sur. Pero el viento venía del sudeste, o sea, que en la orilla las olas iban en sentido contrario. Así que me metí a la derecha del muelle, pensando en nadar hacia el Sur pero, como no me metí lo suficiente, no avanzaba.

Quintín me instó a que nadara contra la corriente y pasara por detrás del muelle, como lo hacemos juntos siempre en verano, pero hoy tuve miedo. Todavía me da un poco de aprensión el agua fría. Y hoy parecía mucho más fría que ayer.

El miedo da tristeza. Mañana voy a dar la vuelta al muelle o dejar de nadar por la orilla. Voy a bracear y bracear hacia las profundidades como si hubiera guardavidas, sol radiante y temperaturas templadas.

No hay nada más feliz que la aventura cumplida. Una travesía osada es la derrota del miedo.

Cuanto más me animo mejor me siento. Creo que esto vale para todo en la vida, pero en la natación es algo muy especial. La sensación de libertad que da internarse unos cien metros en el mar, aunque sea solo eso, es maravillosa. Estar solo en el medio del mar, uno y el agua.

Hay que saber navegar, poder tomar decisiones de hacia dónde ir. Y para eso hay que conocer un poco el mar.

F,maryperro

Yo creo que conozco bastante la costa sanclementina, digamos desde el Balneario Norte hasta el Vivero. Más allá de esos límites no sé cómo es la costa. Y el invierno no es para experimentar.

Hay lugares, por ejemplo, el balneario Norte, que queda a 1,5 km del muelle, donde cuesta salir porque hay una corriente lateral bastante fuerte. No pasa nada, solo que puede tomar más tiempo de lo esperado lograr llegar a tierra firme. Con Q nos pasó de intentar salir varias veces ahí y recién lograrlo 500 metros más al Norte. Nada grave, pero es bueno saberlo.

Volviendo al día de hoy, además de la falta de coraje, me molestaron los guantes que se llenaron de agua y hacían que me pesaran las manos para bracear. Era como nadar con pesas. El tema es que me quedan grandes, pero no sé dónde comprarme guantes de mi tamaño acá.

Pese a la incomodidad, nadé 15 minutos, ida y vuelta. Al principio iba bien por lo bajito y a la vuelta, ya más aclimatada me metí un poco más adentro. A la ida pasé delante del trasmallo y a la vuelta por atrás.

Salí contenta de la misión cumplida y ahí estaba Q con la cámara y Solita jugando con un perro negro muy fotogénico.

Q me reprochó que nadara tan cerca de la costa, y me preguntó por qué lo hacía. “Nadaste por la canaleta. ¿Por qué no nadás como siempre?” Le confesé que me daba tenía atemorizada el agua tan fría.

Depués no hablamos más porque soplaba un viento helado de frente. Caminé los 500 metros que nos separaban del muelle lo más rápido posible con mis pies y pantorrillas también llenos de agua y a alternar trote y caminata, para no tomar frío.

Todo iba bien hasta que cometí un error de principiante. Como me tenían harta los guantes llenos de agua, cuando llegué al muelle me los saqué. Fue una idea pésima sacar las manos del protector líquido amniótico.

El aire me empezó a quemar los dedos que se me pusieron rojos. Y me la tuve que aguantar. Un poco me ayudó el toallón que había llevado no sabía bien para qué, ahora lo sé, sirve para las eventualidades, que pueden ser muchas.

Llegué a casa apurada y abrí la canilla que está en la vereda para lavarme las medias y las crocs y no ensuciar toda con arena. Puse las manos entumecidas bajo el agua que parecía ardiente. Lo extraño es que de ahí solo sale agua fría.

Llegué a casa y me costó bañarme porque el agua fría me congelaba el cuerpo y el agua tibia me quemaba las manos. Nada. En un rato todo volvió a la normalidad.

La lección del día es que no hay que sacarse nada de la ropa de neoprene en invierno hasta llegar a casa. Aunque moleste estar lleno de agua, hay que aguantar. A mí se me congelaron las manos en apenas 200 metros de caminata.

Fotos: Quintín

4 comentarios to “Bitácora de la hija de Neptuno (2)”

  1. Silvia Says:

    Dicen que Katharine Hepburn era una gran nadadora de agua fría.
    (‘Recordando a Kate’, la biografía de A. Scott Berg).

  2. lalectoraprovisoria Says:

    No lo sabía. Ahora voy a ver si leo algo. Hoy tengo frío.

    Gracias, Silvia!

    F

  3. janfiloso Says:

    “Esta bitácora me sirve también para obligarme a ir cada día al agua, para cumplir con mi palabra. Está bueno, me ayuda a seguir adelante, aunque no sé muy bien adelante de qué.”

    “adelante” vitalmente es una dimensión temporal más que espacial. Adelante es el segundo que viene, que es adonde hay que llegar.
    Si ese segundo siguiente y ese adelante van para él sur o para el norte, eso es lo que no tiene importancia, solo hay que llegar al próximo segundo que es para adelante.

    Bravo a la gélida nadadora.

  4. lalectoraprovisoria Says:

    Qué genia la Hepburn! Me había olvidado que era una nadadora del frío.

    Y gracias Janfi por tu aliento, siempre tan amable.

    Besos,

    Flavia

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