Bitácora de la hija de Neptuno (1)

por Flavia de la Fuente

5 de mayo

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua, 17 grados. Temperatura del aire, 13 grados. Viento sudeste a 25 km. Sol y nubes. Marea en bajante.

Escribo esto, en principio para mí, porque tengo poca memoria, y así me queda un registro de mis andanzas. También escribo para aquellos que se interesen en la natación en aguas frías, en el mar. O para quienes quieran seguir mis modestas aventuras acuáticas en San Clemente del Tuyú.

playa.1

Lo cierto es que siempre ando buscando lecturas sobre natación en aguas frías y es poco o nada lo que encuentro. Quizás esta bitácora me ayude a conocer otros aficionados a esta actividad y poder compartir experiencias. Sé que hay unos checos que nadan 20 minutos en malla en el Moldava, con el agua a 2 grados, sea cual sea la temperatura del mundo exterior. También sé de hazañas locales, como las de María Inés Mato, la nadadora a la que le falta una pierna y nada sin traje en el Lago Argentino. Hoy encontré en la web otro argentino, Matías Ola, de 30 años, que nada por los mares fríos de todo el mundo.

En fin, todo eso es demasiado para mí. Tengo 56 años, soy muy flaca y me moriría de frío si intentara imitar a los personajes que describí más arriba.

Lo mío es posible solo con un buen traje de neoprene.

Pero vayamos por partes.

El 8 de abril fue la última vez que nadé en el mar. El aire era suave, el mar estaba tibio, a unos 22 grados, yo usaba un traje de triatlón de verano para poder aguantar más tiempo en el agua sin congelarme.

Recién volvimos el domingo pasado a San Clemente y todo había cambiado. No tanto la temperatura del agua, sino que se había adelantado el invierno. Tanto frío hizo que prendiera el hogar a leña y ni se me ocurrió ir a nadar. Sí se me ocurrió, pero no me animaba. Y no animarme me daba una tristeza tremenda.

La natación en el mar, al menos a mí, genera una adicción tremenda, así que hoy, ya a punto de suicidarme, decidí hacerme a la mar.

Me puse mi traje de neoprene 4/3, guantes, gorro, antiparras, tapones para los oídos y torpedo (ese salvavidas naranja que se lleva de cola al nadar). Como tenía frío al salir de casa, me puse un gorro de polar para no llegar temblando al muelle. Y me llevé una toalla, no sé bien para qué.

Dejé las cosas en el lugar siempre (me las cuida el señor que vende carnada para los pescadores), hablé con Gloria, una mujer encantadora que trabaja en el muelle, bajé a la playa y caminé unos 100 metros hacia el Norte.

El agua estaba cristalina, invitaba a zambullirse. Para entrar en frío, me tomé unos 5 minutos caminando por el agua y disfrutando de la contemplación del mar con las olas y el cielo.

Como era el primer día, me prohibí nadar más de 10 o 15 minutos.

El problema en esta época es la cara, que es lo único que no tengo cubierto. Llega un momento, a fines de mayo o mediados de junio, cuando el agua está a 12 grados, que el contacto con el agua tan fría produce sensaciones desagradables como pinchazos o molestias raras que ahora no recuerdo, pero que ya les contaré cuando llegue el momento.

Así que la prueba de hoy era meter la cara en el agua, aunque, con 17 grados no debería pasar nada de nada. El agua a más de 16 grados se considera templada. También puedo nadar cuando está a 15 o a 14, lo hago siempre. Pero con el agua más fría, hasta ahora se me complicaba. No sé qué haré este año. Ya no puedo decir que dejaré de nadar en invierno, últimamente hago cosas que me sorprenden hasta a mí misma.

Entonces, volviendo al día de hoy, metí la cara en el agua y sentí que estaba helada. Pensé, qué bronca que nos fuimos un mes para ir al Bafici. Vuelvo y me encuentro con el mar de invierno. Por suerte, solo fue una primera impresión. Al cabo de un rato de nadar, me acostumbré al frío y no sentí nada, nada más que el deseo de seguir nadando todo el día. Pero, como dije, hoy iba a nadar como máximo 15 minutos y así lo hice. Me dio pena salir del agua. Estaba hermosa. ¿A dónde iba estar mejor que nadando en el mar?

Me había alejado apenas 500 metros del muelle, así que volví caminando rápido para no enfriarme (tenía viento en contra). Recogí mis cosas y volví a casa.

Q me abrió la puerta y yo me quedé afuera para sacarme las medias y los guantes que estaban llenos de agua, mucha agua. Cuando logré quitarme todo, me di una ducha caliente, no muy caliente y acá estoy, escribiendo mi primera crónica, después de haber tomado un té bien caliente.

Mi deseo profundo es nadar todo el año. Y hasta diría todos los días, cuando esté en San Clemente.

Es que no aguanto la vida sin nadar.

En algún lado leí que ciertos deportes producen hormonas o sustancias parecidas a la heroína.

Yo creo que sufro de síndrome de abstinencia, si no nado soy mucho más infeliz, me siento mal.

Si nado, en cambio, me siento una diosa, la hija de Neptuno, a quien nada le hace falta más que vivir al lado del mar.

5 comentarios to “Bitácora de la hija de Neptuno (1)”

  1. Yupi Says:

    Después de exprimirme el cerebro durante años tratando de encontrarle alguna salida al paso del tiempo llegué a la siguiente conclusión: 1. saltar por la ventana, lo más sensato y económico, o 2. nadar todos los días. Me dijeron que la clave está en la producción de endorfinas. No lo sé, pero es una actividad recomendable. Sobre estas cavilaciones Bioy tiene un cuentito muy divertido: “Bajo el agua”.

  2. lalectoraprovisoria Says:

    Jua! Es cierto, Yupi. Por ahora, opto por la 2. Ahora busco el cuento y lo leo.

    Besos,

    F

  3. janfiloso Says:

    Flavia, increíble tu hazaña. El otro día vi el documental de María Inés Mato, la nadadora a la que le falta una pierna nadando sin protección en los glaciares y uniendo las Malvinas. Increíble! Pero conocerte a vos y tus 25 kilos 😀😀😀😀 nadando en esas condiciones es increíble también. Felicitaciones!!!

  4. lalectoraprovisoria Says:

    Nada de hazañas por ahora, Janfi. Solo un experimento de la futura atleta de la tercera edad. A los 70 seré una fiera y cruzaré 7 los mares! O mojaré un piecito en cada uno. Besos y te extraño!

    F

  5. saint jacob Says:

    http://www.bn.gov.ar/abanico/bajo-el-agua

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