Lo que vendrá

Publicada en Perfil el 7/2/16

por Quintín

El viernes de la semana pasada me desperté con la noticia de que había muerto Jacques Rivette, lo que me sumergió en una nube de melancolía. Horas más tarde, una revista online me pidió un obituario que aún no termino, sumergido como estoy en una maratón de sus películas, tan apasionantes y tan poco conocidas fuera de un núcleo durísimo de cinéfilos.

ventanas

Pero ese día teníamos visitas en casa: Hernán Vanoli y Lolita Copacabana vinieron desde Villa Gesell a almorzar. Son dos jóvenes escritores y editores a los que apenas conocía. Había leído Aleksandr Solzhenityn de Copacabana y Cataratas de Vanoli, dos novelas singulares que incursionan en mundos cotidianos pero ocultos para la literatura. El libro de Vanoli es un policial negro futurista protagonizado por investigadores y becarios del Conicet en Ciencias Sociales que expanden hasta la tragedia apocalíptica las tensiones de una vida estéril y rencorosa. El de Copacabana usa un dispositivo cuando mira con detalle los efectos de otra burocracia, la que en la Ciudad de Buenos Aires castiga a los detenidos por manejar alcoholizados. Si Cataratas logra extraer de un mundo gris 450 páginas de acción sin pausa, Aleksandr Solzhenityn convierte los castigos municipales en una interrogación profunda sobre la justicia. Ambos libros bautizan a sus personajes con nombres tomados del espectáculo y la política. Los de Copacabana se llaman Lindsay Lohan o La madre de Elle Fanning; los de Vanoli, Marcos Ozatinsky o Ignacio Rucci. El sistema, según explican los autores, viene de la alt-lit, un grupo de escritores americanos de los que Vanoli y Copacabana editaron una antología.

De todos modos, me intrigaba saber por qué ambos dedicaban su tiempo y su destreza a dos libros que de ningún modo serían best-sellers, que incluso presentan dificultades para los lectores ajenos a cierto ambiente o a ciertas convenciones. La respuesta me sorprendió un poco: Vanoli dijo “para construir una obra”. Copacabana: “para la posteridad”. Había una gran convicción en sus respuestas.

Después de una muy agradable conversación, se fueron los invitados y volví a Rivette. Me puse a ver un hermoso documental de Claire Denis que se llama Jacques Rivette, le veilleur (1990) donde colabora Serge Daney, tal vez el único crítico con el que el hermético Rivette se comunicaba con cierta soltura. En un momento surge el tema de la posteridad y Rivette lee un pasaje de Suréna, la última obra de Corneille, escrita en 1675 cuando el autor tenía setenta años, más o menos la edad de Rivette entonces. El héroe dice: “Que todo muera conmigo, señora: qué me importa…” Y Rivette se detiene en cuatro versos a los que califica de extraordinarios y que (mal traducidos) dicen así: “Cuando perdemos el día que nos ilumina / la vida se vuelve completamente imaginaria / y el más pequeño instante de la felicidad deseada / vale más que esa eternidad tan fría y vana”. Y luego agrega de su parte que “Corneille le dice a la posteridad lo que merece escuchar: que no espera nada de ella”.

Me pregunto si Rivette pensaba lo mismo cuando tenía 35 años, como hoy tienen Copacabana y Vanoli. Y si ellos, a los 70, invocarán o no al viejo Corneille. Tal vez sean preguntas más importantes que saber qué pensará la posteridad de cada uno. Los obituarios son una impostura.

Foto: Flavia de la Fuente

5 comentarios to “Lo que vendrá”

  1. La Novia de Troll Says:

    “Ce qui compte ce n’est pas la vie éternelle, mais l’éternelle vivacité” :D

  2. Yupi Says:

    -Después de mí, el diluvio…
    -Al diablo con la posteridad. ¡Quiero la mía ahora!
    -La persona que fue Shakespeare, ¿estará contenta por haber sobrevivido en media docena de volúmenes?

    Casi podría armarse un libro alrededor de frases célebres. Otra buena:
    -Soldán, ha caído el imperio romano (Borges, interrogado sobre la inmortalidad del tango).

  3. janfiloso Says:

    Ayer leí en El País que en España se duplicó la cantidad de personas mayores de cien años y que esperan que esta tendencia continúe.
    Hay tiempo para la posteridad entonces, a no desesperar, ya completaremos la (alguna) obra.

  4. Josefina Delgado Says:

    Muy buena tu reflexión, Quintin.

  5. sebastián andrés sánchez Says:

    Rivette era un gran admirador de Hawks . Y éste pensaba que las películas se veían una vez y chau. Creo que entendió a Hawks como ninguno, porque si en el viejo Hollywood era todo cuestión de género , en el cine posclásico él inventó un género en si mismo, la obra dura, solo apta para los muy cinéfilos , pero que en definitiva trata de la futilidad de darse importancia,. No por nada el Tiempo es el tema por excelencia rivettiano (y de todo el cine)

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