Libros sí, más libros también

Publicada en Perfil el 17/1/16

por Quintín

Alguien me manda un libro desde el exterior, pero se interponen la Aduana y un correo privado: para recibirlo me exigen entrar a la página de la Afip, llenar un formulario y hacer no sé qué cosas más. Resuelvo esperar a que la anunciada liberación de libros importados se concrete más allá de la derogación del perverso requisito del plomo en la tinta. Me parece valioso que, de ahora en más, los libros lleguen sin dificultades.

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Descubro que algunos matizan las bondades de importar, como Sebastián Martínez Daniell, editor de Entropía: “Tener acceso a cualquier libro que esté circulando por el mundo es algo extraordinario, pero es también una obviedad que la circulación de bienes culturales no es inocente, que tiene canales privilegiados, que hay beneficiarios y perdedores.” Otros están ferozmente en contra, como Damián Ríos, editor de Blatt & Ríos: “Como primera medida respecto de la industria editorial me parece mala, peca de mala fe y en sus considerandos es mentirosa y falaz (…) Esto es una invitación a imprimir afuera y de esa manera destruir empleo argentino. Y el que no pueda imprimir en el exterior, como es nuestro caso, quedará afuera del mercado con precios poco competitivos y tenderá a desaparecer.”

Entropía y Blatt & Ríos son dos de las editoriales independientes cuya proliferación y crecimiento en estos años ha sido una buena noticia para la literatura: con sus diferencias de orientación y tamaño, publican lo mejor que ofrece el mercado, que en muchos casos es lo que a las multinacionales no les interesa. A diferencia de ellas, tanto Entropía como Blatt & Ríos leen manuscritos de escritores desconocidos. Desconocidos como Humberto Bas o Martín Dubini, de quienes acabo de leer dos libros excelentes: El Sr. Ug… y Alrededor de Shannon, perfectos ejemplos de literatura en el margen de las ventas y en el centro de una renovación de la escritura. Bas, nacido en Paraguay en 1965, residente en Neuquén, aparece con una novela que se anima a jugar con el castellano con una alegría y una potencia que yo no encontraba desde Cabrera Infante y a un viaje entre los grandes conflictos de la Historia y la íntima oscuridad de Asunción. Dubini (Buenos Aires, 1979) escribe en una prosa poética de un ritmo demoledor y los dos textos del libro, aparentemente tan distintos, son variantes de una misma estructura: la interpelación a un segundo personaje muy querido pero que “hace años que su ombligo coincide con el ombligo de la época”. Dubini es como Bob Dylan hablándole a Mr. Jones desde la desesperación de no ver de qué modo pueden cambiar los tiempos.

No logro entender como Ríos o Daniell creen que la importación de libros puede perjudicarlos: el éxito de las editoriales independientes no se debe a la prohibición de lo extranjero sino a una combinación entre la calidad de sus catálogos, el profesionalismo de su trabajo, la existencia de un medio de escritores y estudiantes que leen y a modestas ayudas del Estado. La entrada al país de otros libros no puede ser competencia para El Sr. Ug… o Alrededor de Shannon, porque a diferencia de los zapatos o los televisores, solo se pueden hacer aquí. Por el contrario, la compañía de otros libros independientes editados en España o en América Latina no hará más que potenciar su visibilidad.

Foto: Flavia de la Fuente

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8 comentarios to “Libros sí, más libros también”

  1. Josefina Delgado Says:

    Coincido en tu planteo. Hice lo mismo que vis, me negué a informar sobre mi condición tributaria, que por otra parte es normal. Y por supuesto que la distribución declos bienes culturales no es inocente, como no lo es tampoco la selección o el rechazo de autores, aun hecha por responsables argentinos. Tengo anécdoras.
    El proteccionismo nunca ayudó a ninguna industria. Y lo sabemos.

  2. Jorge Halaban Says:

    ¡Vamos Quintín! El trámite que tiene que hacer en el sitio de AFIP es muy sencillo. Son apenas tres datos elementales. Si Usted no los quiere hacer por pereza o repudio a una norma del gobierno anterior, está en su derecho, pero lo que seguro va ocurrir es que si se deja estar el libro vuelva al remitente.

  3. lalectoraprovisoria Says:

    No lo hice. Me negué a recibir el formulario. Y como un boludo, ni siquiera anoté el número de guía. Me dio mucha bronca que para recibir un libro de regalo haya que pasar por la Afip. Eso va en contra de la tradición postal. Cuando anulen esta disposición recibiré los libros. Evidentemnente, este lo voy a perder. De hecho, no sé ni el título.

    Q

  4. Javier Says:

    Si uno adquiere un libro en Amazon, en formato para Kindle, ¿tiene que presentar un formulario de la AFIP para poder descargarlo?. ¿O la disposición está hecha para proteger exclusivamente a las editoriales en papel?.

  5. María del Carmen Reiriz Says:

    Coincido con Quintin! No solo tuve que ir ala página de la Afip por un libro de poemas que me mandaron de Francia, también tuve que ir a la aduana y esperar mas de una hora…. Una locura más allá de todo lo que se opine en política

  6. Leandro Donozo Says:

    Hola Quintin, Dos comentarios:
    1. La nueva disposición se refiere a importaciones grandes, no a las personales como las cada uno de nosotros trae de Amazon. Paradójicamente, esta ultima, que es la más ridícula sigue vigente. Yo resumiría la situación asi: el libro es como una droga, solo que el consumo personal y el autocultivo siguen restringidos y acaban de legalizar el narcotráfico.
    2. Seguramente los libros de Entropía y Blat & Ríos que mencionas sean mejores (si es que se puede hacer este tipo de categorizaciones en libros) que muchos otros que se podrían importar. Parte del problema es que las editoriales e importadores que trabajan con mayores volúmenes trabajan a costos más bajos y con mayor poder de presión en las librerías. Y el espacio de exhibición es limitado. Por más que una editorial independiente argentina publique al próximo Borges, de poco valdrá si no está a la vista o no se consigue en muchas librerías. ¿Sabías, por ejemplo que, en los nuevos locales de la cadena Cúspide ya no se venden libros de muchas editoriales independientes gracias a las condiciones económicas que imponen?

  7. saint sebastian Says:

    Acuerdo con lo antipático del control a los envíos de libros desde el exterior. Pero el núcleo del post es otro y está en la incomprensión que Q expresa en el último párrafo. Creo que parte de esa incomprensión se disipa volviendo a leer los argumentos de D. Ríos (y cómo una medida de ese tipo puede afectar costos de producción de las editoriales más chicas u orientadas al polo “literario” más que al comercial) y considerando que el mundo del libro es un ecosistema donde, además de las editoriales, hay que considerar los talleres de impresión, las librerías o los canales de distribución o difusión. En definitiva: la “bibliodiversidad” no depende de la liberalización del mercado, sino de políticas públicas adecuadas para el sector (y no de una medida aislada).

  8. Josefina Delgado Says:

    El control de la Afip es algo mas que antipático. Es violar el derecho a la libre circulación de los bienes culturales (ver Protocolo de Shangai, firmado por Argentina en 2001).
    y por favor, respóndanme ¿ en qué se beneficia la industria editorial con el hecho de que yo complete el F148 para poder recibir un libro de regalo que alguien me mandó y que ni siquiera pude saber de qué se trataba porque, como suele suceder en estos casos, “no andaba el sistema”?

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