Diario intermitente (58)

por Quintín

12 de diciembre

Estos días me dediqué a ver por televisión la llegada del gobierno del PRO. Me parece más apropiado que llamarlo el gobierno de Cambiemos, ya que no hay un solo funcionario de la Coalición Cívica y el radical que más contribuyó al acuerdo tampoco está. Esto no es en principio una crítica, en primer lugar porque nada me proporciona tanto alivio como el ocaso del kirchnerismo (aunque todavía queden batallas por librar, ya que un sistema republicano necesita sacarse de encima a gente tan siniestra, fanática y corrupta como Sabbatella o Gils Carbó) y, en segundo, porque los gobiernos de coalición son un engendro con poco futuro. En cambio, intento un señalamiento temprano sobre la llegada al poder de un nuevo establishment que hasta cierto punto se mezcla con el anterior, pero que tiene características enteramente distintas del que gobernó hasta ahora y que nadie se preocupó demasiado por establecer. El nuevo elenco de poder hace pensar en orígenes sociales, pero también en métodos de trabajo, formas de vida, valores y aspiraciones en cierta medida originales en la profesión política. Me pregunto, por ejemplo, cuántos de los ministros de Macri consumen cocaína. Y no lo hago como acusación hacia los ministros anteriores, sino con la sospecha de que hay ciertas cosas de las que no se habla, pero que tal vez tengan su importancia. Hay un ethos en el PRO del que poco sabemos. En verdad, lo que más me interesa de este tema es vislumbrar las limitaciones que el “trabajo en equipo” al modo macrista puede exhibir en el futuro y, sobre todo, la posibilidad de que al discutir estas cosas, emerjan formas políticas que superen la obediencia y la conspiración como marcas esenciales de su quehacer. Hablo de formas políticas que puedan contrarrestar la tendencia de los aparatos a gobernar para sí mismos (en más de un sentido). También se me ocurre que necesitamos una actualización y renovación urgente del periodismo político y de los estudios sobre el tema.

pared

En el tiempo que me dejaba el espectáculo del cambio de régimen, que incluyó momentos tan divertidos como la presidencia de Federico Pinedo, seguí leyendo el libro de David Stubbs sobre krautrock y escuchando un poco de música. Como siempre que toco el tema musical en este diario, descubro que los lectores tienen un conocimiento profundo, refinado y sistemático de partes enteras del universo musical que me son profundamente ajenas. Con el kraut volvió a ocurrir que los comentaristas aportaron información y opiniones valiosas, desde un link de la lista de los 50 mejores discos de krautrock a distintas evaluaciones de sus bandas fundamentales. De paso, me gustaría quejarme de dos cosas. Una, que la edición de Caja Negra no tenga índice onomástico ni discografía (tal vez Stubbs no haya incluido la segunda, dudo que una edición en lengua inglesa no tenga el primero). La otra es la falta de la mayoría de los discos de Cope en Spotify, lo que me está haciendo pensar que tal vez debería cambiar de aplicación para escuchar música. Tuve que recurrir al sitio ruso, pero se me hace muy engorroso manipular los archivos para poder escucharlos como corresponde. Tengo un equipo de parlantes harman / kardon que no es malo y tiene una entrada para ipod (la entrada para audífono pierde calidad y además no anda bien), pero transferir los archivos al ipod via Spotify es un drama. Tal vez alguien sepa la manera de facilitar estas operaciones.

Lo cierto es que leí el largo prólogo y los primeros dos capítulos del libro y perdí un poco el entusiasmo inicial, pero no del todo. El prólogo sitúa básicamente el krautrock en su contexto histórico signado por la rebeldía juvenil de los setenta contra la Alemania Occidental conservadora y silenciosa de posguerra, habla de esa generación que dio las Comunas, la Fracción Roja, el Nuevo Cine Alemán y, por qué no, el kraut, que tenía alguna relación con lo anterior, pero más bien se centraba en sí mismo, en el rechazo simultáneo a la música popular alemana y a la impronta del
rock’n roll y la colonización cultural americana.

El capítulo 1 está dedicado a Amon Düül, una banda surgida en Munich de los movimientos comunitarios. Escuché los discos que Cope elige de ellos y no me impresionaron demasiado, como tampoco los de otra banda llamada Ash Ra Tempel (no hay señales de ellos en Spotify) que hace rock cósmico. Pero tal vez debería volver a escucharlos, porque ya me olvidé de lo que escribe Stubbs sobre su música. Creo que no es un gran fan de ellos. En cambio, el capítulo 2 es sobre Can y revela un enorme entusiasmo, una admiración colosal por la banda de Colonia.

Para Stubbs, Can fue de verdad una banda sin líderes en la que los dos momentos de creación (la improvisación colectiva y su posterior edición) reunían ideas muy agudas sobre la música (la artesanía, la libertad, la atmósfera, el sincretismo, el rechazo al estrellato, la discusión abierta), ideas que discutían con las más variadas tradiciones musicales, empezando por la obra de Stockhausen, de la que dos de sus integrantes eran discípulos. Los Can se inspiraron en Hendrix y en James Brown pero consideraban que el rock progresivo era tan kitsch como el Festival de la Canción de San Remo, estudiaron con Stockhausen pero creían en la repetición que el maestro prohibía. Desde sus propias intuiciones y sus amplios y eclécticos conocimientos musicales, inventaron casi todo. Según Stubbs, a lo que más se parece Can es al Miles Davis eléctrico, en especial a las grabaciones de Jack Johnson (para mi gusto, el mejor disco de Miles, el más misterioso e innovador). Escucho de nuevo los discos de Can y Stubbs me convence. Suenan como ninguna otra cosa y suenan muy bien, sin la pegajosidad del rock de esa época, especialmente del rock británico posterior a los Beatles. Stubbs cita a Liebezeit, el baterista de Can:

Eso de repetir una oración banal, pero repetirla setenta, ochenta veces, es pop art como las ciento cincuenta cajas de Brillo de Warhol. En cierto modo, es la misma idea. La repetición de esta banalidad se convierte en otra cosa. Can no es una banda pop, es arte pop. Es art music. Se ubica en una tradición, pero la diferencia es que es parte de una nueva tradición, no la tradición del pop o del rock.

Una cosa que me llamó la atención de lo que dice Stubbs es que la decadencia de Can se debió a la tecnología, en particular a la aparición de las grabadoras de doce pistas, que impidieron que la banda hiciera música en conjunto, aunque después se editara. Por otro lado, Can era una banda electrónica pero con recursos limitados y primitivos, sin la parafernalia posterior. Es posible que quienes oyeron a Can en su momento hayan percibido que estaban ante algo radicalmente nuevo. Así me suena a mí ahora. Mientras escribo esto, pienso que en lugar de enseñarles a los adolescentes a tocar percusión en una murga, tal vez deberían explicarles en las clases cómo fue la música del siglo XX. Hoy es muy fácil poner discos en un aula. Y, ya que estamos, en la facultad se podría hablar seriamente de la relación entre música contemporánea y krautrock como parte de un curso de música moderna que, en lugar de cerrarse sobre Adorno y Schoenberg, incluya el libro de Stubbs en la bibliografía. ¿Estoy diciendo disparates? Probablemente, pero Can es buenísimo.

Foto: Flavia de la Fuente

17 comentarios to “Diario intermitente (58)”

  1. Leonardo D'Espósito Says:

    Me jodiste. Busqué Can en Spotify -estaba escuchando a Sinatra- y ahora no puedo parar. Compro el libro.

  2. Calique Says:

    Hola Q, te dejo este disco de Ash Ra q particularmente es TOP pero no está ni en la lista de Cope y tampoco creo en Spotify je!: New Age Of Earth https://www.youtube.com/watch?v=d9zmiN-wZmI dale una chance! saludos Calique

  3. Yupi Says:

    Renovación periodística es poco. “Ganó capital, provincia y nación un tipo que no llena el Luna Park”. Tal es el nivel de análisis. Y exigen que el mismo tipo convierta al país en Suiza en dos meses.

    Me hubiera gustado vivir la época kraut. Cayó dentro de la tendencia que intentaba salir de la canción estrofa-estribillo, hecho interesante porque la canción es el sustrato de la música popular y no puede eliminarse del todo. Lo mejor del fenómeno está en ese vaivén. Cuando conocí Alemania a fines de los 80 ya era todo metal y más metal, ruidos que no puede justificar ni la caída del muro. Fuera del bartoleo sociológico, sin duda hubo algo en el clima de la Alemania de los 60, un laboratorio del que salieron los seres más raros y también más famosos. Los Beatles empezaron allí.

  4. Montañés Says:

    Efectivamente, Can es genial. Y de absoluta vigencia. No está mal la comparación con el Miles eléctrico (Bitches Brew…). Me acuerdo hace mil años, fui al Goethe de Mendoza a ver una banda punk amiga. Allí nos entregaron (o yo me conseguí) un folleto buenísimo sobre “Alemania y el rock”. En realidad, era más que un folleto, era una revista pequeña con textos exhaustivos y muy bien diseñada (por ahí la debo tener), llena de fotos de músicos y tapas de discos fundamentales del kraut. Llamó tanto mi atención, que recuerdo haberme hecho socio del Goethe solo para poder sacar a préstamo de su biblioteca casetes con música alemana (era increíble, había montones de pequeños archiveros con casetes TDK muy bien grabados y ordenados, cada uno acompañado de una ficha escrita a máquina con la información complementaria correspondiente). Allí pedí prestados casetes con discos de Can, Faust, Popol Vuh, Tangerine Dream… Me acuerdo que los copiaba en casa con un walkman Sony conectado a una deck Scott.

    Hace un par de años descargué la discografía completa de Can del extinto Grooveshark (cómo se lo extraña…). Me interesan también los sitios para escuchar música (en lo posible sin necesidad de suscripción), aunque soy más bien un coleccionista de la vieja escuela. Últimamente vengo probando goear.com, que es humilde pero su catálogo no para de crecer y no está nada mal (Can está completo). Pero su lógica gira alrededor de las canciones sueltas y no de los álbumes, como hacía Grooveshark (con quien no puede compararse, ni tampoco con Spotify, desde luego). Luego YouTube, que alberga casi todo pero con publicidad en el medio que arruina sutilmente la experiencia de la escucha (ahora también hay publicidad en medio de los albumes completos…). Lo mejor de YouTube es poder descargar el contenido limpio (JDownloader, lo mejor para eso).

  5. Montañés Says:

    Por eso, en mi opinión de talibán lo mejor sigue siendo la vieja colección personal. Habilitar un drive de 2 Tb exclusivamente para música, ordenar discos sueltos y discografías por un lado, y por otro un directorio con temas favoritos (este es el más importante), ordenados caprichosamente por género o tono general y todos con el volumen nivelado a 90 db (MP3 Gain, una aplicación perfecta para eso). Luego, escuchar por carpeta en modo random es un gran placer (el deleite es interminable con un básico de 5000 canciones por carpeta). Herramientas de descarga: Google y algún cliente peer-to-peer (BitTorrent anda muy bien). Algunas discografías armadas disco por disco con descarga directa, otras conseguidas completas via torrent. Con paciencia, prácticamente no hay disco que no se encuentre.

    Entiendo que esto de la colección es hoy un poco demodé cuando no innecesario. También demanda método y trabajo, algo muy de fanático. Pero la tendencia de consumir todo online (muy práctica, sí) implica perder muchos tesoros, tanto en obras como en diletancia. Para discografías completas bien ordenadas o títulos extraños, calidad de audio pareja en todas las pistas, nivelación del volumen, calibración tecnológica para un buen audio, etc., sigue siendo mejor elaborar la vieja colección, que además no ocupa lugar ni junta tierra…

  6. Montañés Says:

    Einstürzende Neubauten.

  7. Montañés Says:

    Me quedó pendiente un comentario más sobre el tema audio, quizás más relacionado con lo que consulta Quintín. Una buena opción para poder reproducir música desde cualquier dispositivo son los parlantes con bluetooth, como este modelo. Ciertamente no es barato, pero ese es el problema con los parlantes decentes (ni hablar de los buenos): son muy caros, y si tienen bluetooth, más todavía. Algo similar ocurre con la salida de audio de los portátiles en general.

    Otra opción es un adaptador bluetooth para audio analógico, aunque ignoro la calidad de sus prestaciones (no se ve mal).

    Por más digitalización que tengamos, persiste todo un rango de complejidad en la ingeniería acústica, lo que se aprecia en el engorro tecnológico (y sus costos) para lograr muy buena calidad de audio.

  8. lalectoraprovisoria Says:

    Los parlantes que tengo son decentes, y si logro entrar por el ipod el sonido es sorprendentemente bueno. Solucionaría el problema si la puta Mac permitiera usar el ipod como dispositivo de salida desde cualquier aplicación, no solo desde Spotify. En cuanto al bluetooh, tengo unos parlantes Philips que tienen esa facilidad, pero son espantosos. Se escucha mejor en una Spika.

    Q

  9. Montañés Says:

    Sí, harman/kardon es una marca clásica y está asociada con Apple (además de eso, supongo que el buen sonido también se debe a la calidad de salida del ipod). No soy usuario de Apple, así que ignoro si ese conflicto entre el ipod y la Mac es solucionable o si es una limitación propia de sus sistemas. A lo mejor preguntando en un negocio Apple o consultando algún foro se consigue algo de ayuda.

    Y respecto a los parlantes Philips, mirá qué coincidencia, me pasó algo similar. Hace unos meses decidí comprar unos parlantes bluetooth y ocurrió lo siguiente. Para escuchar música en casa uso una laptop Toshiba conectada a un viejo amplificador Technics con sus también viejos parlantes de tres vías, que siguen sonando bien, pero para ver películas quería conectar el LCD a unos parlantes con bluetooth para poder usarlos también con otro dispositivo llegado el caso. Me puse un límite de 3000 pesos y me pareció que estos Philips eran lo que estaba buscando. Me decidí a no ponerme obsesivo porque no quería gastar más y no tenía esperanzas de encontrar nada satisfactorio por esa plata, así que me arriesgué y los compré. Gran error. La decepción superó mis peores previsiones. El sonido que tienen es tan malo en potencia y calidad, con cable o con bluetooth, que te desconcierta, no se puede creer. Me enfurecí y los terminé cambiando por unos Edifier R2600 de dos vías, que son más grandes y más caros (salían 4000) pero sin bluetooth, y en el negocio aceptaron dejármelos por el mismo precio porque eran los de exhibición y habían perdido el control remoto. Al final la rabieta se me pasó, me quedé sin bluetooth pero al menos con un sonido decente (ahora veo que ese modelo se fue a más de 5000 pesos). En fin, vergonzoso lo de Philips.

    Suerte con la solución Mac-ipod.

  10. Eonelio Says:

    Muchas gracias por lo de lectores con un conocimiento profundo refinado y sistemático. Evidentemente ese soy yo. Aún conservo el vinilo de Stockhausen que me acompañó en tantas fiestas familiares desde la década del 70′. Por lo general mi padre se levantaba de la mesa, lo quitaba con misericordia y colocaba en el Ranser alguna de sus óperas de Verdi. Gustos son gustos. Volvamos a Can. Escuché otra vez Paperhause en vivo. Cualquier persona que haya intentado alguna vez templar una guitarra puede comprobar que los instrumentos están desafinados. ¿Serían los comienzos? No lo sé. Veo que los primeros discos son del 69 y la discografía se extiende por varias décadas. Seguramente luego aprendieron a afinar. Ahora estoy escuchando Flow Motion. No puedo asociar ninguno de esos sonidos con algo parecido al talento compositivo. ¿Compararlos con Miles Davis? ¡Con Miles Davis! Debe ser un chiste.

  11. Montañés Says:

    “Los instrumentos están desafinados”, “talento compositivo”. ¿Lo qué? Expresiones prehistóricas si las hay. Mejor nos olvidamos. Dos para el trip matinal:

    1) Runs the Voodoo Down.

    2) Monster trance/funk beat.

  12. Eonelio Says:

    En el universo de las “expresiones prehistóricas” – que ya suena un poquito anacrónico- “trip matinal”- es uno de los ejemplos más vulgares y logrados que pueden hallarse. No tiene la menor importancia. Hay muchas cosas peores.
    En los comentarios de este post ya hemos visto cómo se escribe desde el conocimiento tecnológico y desde el desconocimiento musical. Ahora, me gustaría citar a alguien que verdaderamente domina el arte de la crítica musical en plenitud: Davis según Enrico Rava
    “El arte de Davis consistía en lograr la belleza sobre dos acordes. Lo mínimo siempre es más difícil. Sólo pueden tocar poco los que saben tocar mucho y eligen no hacerlo. Varios de los momentos de Miles fueron fundamentales para la música de su siglo. Tal vez el secreto esté en la manera en que tocaba, sin nada de tensión, las notas más tensas de la armonía.”
    Amigos ha sido un gusto. Hasta la próxima

  13. lalectoraprovisoria Says:

    Provocadores políticos tuvimos muchos, literarios y cinematográficos unos cuantos, musicales pocos. Pero ahora llega este sabelotodo de cuarta, un sordo infatuado con tres lecturas. Así es la vida bloguera.

    Q

  14. Montañés Says:

    Y dos para el trip vespertino:

    3) Right Off.

    4) Animal Waves.

  15. Montañés Says:

    Maravilloso blog dedicado al kraut: KrautRockManiac.

    Miren la lista de artistas a la izquierda. Parece que tiene todo descargable. Estoy probando con los discos de Can y un par más y funciona de 10.

  16. Montañés Says:

    De los tantos herederos contemporáneos del kraut: impresionante versión en vivo de Pearl’s Girl.

  17. janfiloso Says:

    “También se me ocurre que necesitamos una actualización y renovación urgente del periodismo político …”
    Culpo al K’mo que nos obligó a endiosar una camada de periodistas solo porque jugaron un rol antiK’ista, eran nuestras voces en los medios, pero ahora, caído el K’mo, descubrimos que aquellos a quienes habíamos endiosado no tienen nada en la cabeza salvo la capacidad actoral de haber jugado un rol antiK de la misma manera que podrían haber jugado el rol K si la ruleta del azar los hubiera puesto en ese rol.
    Mercaderes de los medios que no entienden nada de política y solo aspiran a ser figuras del espectáculo mediático y a ganar la mayor cantidad de plata que puedan.
    Destaco a Lanata que es de los pocos que entienden el juego y se tomó un año sabático para poder desintoxicarse de estos 12 años que nos quemaron el cerebro y poder volver con algo nuevo en la cabeza.

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