¿Provisorio o definitivo?

Consideraciones sobre un presunto fraude electoral

por Quintín

Se acaban de anunciar los resultados del escrutinio definitivo de la segunda vuelta. Cambiemos ganó finalmente por 2,68%, un poco menos incluso de lo que arrojara el recuento provisorio del domingo 22. No fue un empate ni un cuasi-empate, como proclaman algunos kirchneristas, pero fue una victoria ajustada. Sigo pensando que la campaña del miedo (sumada al apriete de los punteros en reparticiones públicas y barrios populares) fue excelente como operación de marketing y estuvo cerca de ser exitosa, como lo fue en Brasil, donde Dilma Rousseff apeló al mismo recurso para ganarle a Aécio Neves. La campaña de Macri no fue mala pero tengo la impresión de que en el último tramo, confiando en que todo estaba definido, hizo demasiado la plancha y casi se hunde. Creo también que fueron importantes los últimos días, donde las encuestas midieron muy mal el cambio de opinión de una cantidad importante de electores.

Pero estos son avatares propios de las batallas políticas y, con los números puestos, el tema es bastante aburrido. Lo que me interesa es preguntarme por qué, durante las dos últimas semanas (una antes y otra después de la elección) se insistió en que había habido fraude. Unos días antes del balotaje circuló la versión de que el comando kirchnerista había importado (junto con un brasileño que diseñaba campañas sucias y un ecuatoriano que diseñaba campañas más sucias aun) a un mexicano que traía en la valija un software capaz de adulterar la carga de datos (aunque solo si la elección era reñida). El día de las elecciones, cuando los números de Scioli empezaron a subir peligrosamente, Elisa Carrió sugirió que podía estar pasando algo raro y lo ratificó hace dos días en lo de Mirtha Legrand, cuando habló de la intervención salvadora de la jueza Servini de Cubría en la noche del domingo para poner a salvo las urnas que nadie custodiaba en el Correo. También dijo Carrió que al reconocer la derrota, Scioli había abortado una maniobra que estaba operando Zannini para robarle el triunfo a Cambiemos. La semana pasada, el periodista Gabriel Levinas insistió en Twitter en que había habido fraude y afirmó tener pruebas contundentes. Su argumentación partía de la base de que Cambiemos había ganado por más puntos, pero la diferencia se había reducido tramposamente.

Todos estos días me pregunté en qué podía consistir el famoso fraude del que nadie daba precisiones pero muchos estaban (y siguen estando) convencidos de que lo hubo. Paso a sintetizar mi perplejidad. El fraude se puede hacer de dos maneras básicas, o en dos momentos del escrutinio (más allá de la compra de votos, votos en cadena y documentos falsos que son variantes previas al recuento). Si no hay fiscales de un partido (en este caso de Cambiemos), o si los fiscales y autoridades son intimidados a punta de pistola, se puede cometer fraude adulterando las actas de escrutinio: los fiscales del FPV dibujan los números en una cantidad importante de mesas, como se supone que es la tradición en algunos lugares bravos del interior y el conurbano. Pero esta vez hubo fiscales suficientes y no escuché denuncias en ese sentido. Así que, si cada fiscal de Cambiemos se quedó con el certificado de escrutinio firmado por el presidente de mesa y el fiscal adversario, el fraude solo se puede producir adulterando el telegrama del correo o falseando la transmisión de este al centro de cómputos.

Paréntesis: para que nadie se pierda, recordemos que el escrutinio provisorio se hace a partir de los telegramas que el cartero recoge en los lugares de votación y lleva a una sucursal habilitada del Correo para que se transmita al centro de cómputos. El definitivo, en cambio, se hace a partir de los certificados de escrutinio, documentos físicos cuyo original obra en poder de las autoridades electorales y del que los fiscales tienen copia. Cuando los resultados en poder de las autoridades coinciden con los que tienen los fiscales, se suman los resultados. Si hay alguna inconsistencia, se abre la urna y se cuenta de nuevo. Fin del paréntesis.

Ahora bien, si en una mesa se adulteró la carga, ya sea por falsificación de planillas o por el software mexicano, esa diferencia aparece necesariamente en el escrutinio definitivo. Por lo que sería un fraude, por así decirlo, de patas cortas. Por eso, una vez conocido el escrutinio definitivo, quienes aseguran que Cambiemos ganó por más pero le robaron unos puntos, no tienen ningún modo de respaldar la afirmación. A menos que impliquen la complicidad de la Junta Nacional Electoral, la Cámara Nacional electoral y los propios apoderados de Cambiemos durante el escrutinio definitivo, que se hace en un lugar centralizado de cada provincia.

Es decir, que se achica el margen para los defensores de la hipótesis del fraude. Una posibilidad para mantenerla es que en una o varias provincias haya habido complicidad tanto de los contadores judiciales como de los de Cambiemos. En el programa de Mirtha, Carrió habló de compra de fiscales, pero no dio mayores precisiones. Me parece difícil que eso haya ocurrido a la escala apropiada como para adulterar los números. Por lo tanto, queda una sola posibilidad: que el intento de fraude pasara por un tumulto a la hora del escrutinio provisorio, un escándalo en el que los dos partidos se reclamaran ganadores seguido de destrucción de urnas, reclamos cruzados y una situación explosiva en la que se llegara al escrutinio definitivo en un estado tal de beligerancia que la tranquilidad se perdiera por el camino y cualquier cosa pudiera pasar. No fue lo que ocurrió y tal vez un día sepamos si hubo posibilidades de que ocurriera.

Pero visto el desarrollo de los acontecimientos, a la luz del resultado definitivo se puede asegurar (o casi, a menos que aparezcan hipótesis y pruebas muy rebuscadas) que el intento de fraude no se concretó y que el resultado es el anunciado. Cambiemos ganó por 2,68%, centésima más o menos.

Me preocupa que quienes hablaron de fraude, no digan cómo ocurrió. Es cierto que se pudo adulterar la carga de datos durante el escrutinio provisorio, pero esos resultados deberían diferir del definitivo y no lo hacen (o, mejor dicho, solo difieren en un 0,20% que recuperó Scioli). Me gustaría que los responsables de Cambiemos descarten que lo hubo si estoy en lo cierto o expliquen en qué consistió si estoy equivocado. Ya es hora de que políticos y periodistas dejen de manejarse en el territorio de vaguedad e imprecisión en el que lo hacen habitualmente. Todos los interesados deberíamos poder hacer este pequeño análisis que he intentado en esta nota. Ya es hora de cambiar también los estándares con los que se suministra la información al público.

5 comentarios to “¿Provisorio o definitivo?”

  1. Pablo Says:

    Las autoridades de Cambiemos no tienen que explicar nada porque salvo Carrió ninguno habló de fraude. Traición de fiscales: se vieron varias actas firmadas con cero votos para Macri. Pero por sobre todo, tendrían que explicar el abrupto cambio de tendencia del último tramo del escrutinio. En más de treinta años de democracia nunca se vio algo así. Sí no lo explican, no hay forma de evitar las sospechas. Y lo mismo pasa con el hecho de que no hayan querido cambiar el sistema a pesar de años de denuncias.

  2. lalectoraprovisoria Says:

    El cambio de tendencia al final del escrutinio es perfectamente explicable porque eran votos de los distritos donde ganó el FPV. Y esto por ninguna manganeta, sino porque se acumulan los de las zonas como más densidad poblacional y menos oficinas receptoras del Correo. Sea cual fuere el orden de la carga, si no contradice el escrutinio definitivo es más bien irrelevante.

    Q

  3. Julia Says:

    Muy claro y muy atendible, Quintin. Pero yo me pregunto qué pasó con los votos en blanco. ¿Tan pocos fueron finalmente?

  4. lalectoraprovisoria Says:

    Siempre son muy pocos los votos en blanco en estos casos. Pero no sé, tal vez haya una explicación de todo esto que se me escapa.

    Q

  5. Eonelio Says:

    ¿Existirá la vida después del kirchnerismo?

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