Diario intermitente (55)

por Quintín

18 de noviembre

Hoy quería ponerme a escribir desde temprano. Pero no hubo caso. La ansiedad de las elecciones me carcome y pasé el día tuiteando, salvo por un rato en el que me fui a nadar. Desde que volvimos de Mar del Plata me estoy metiendo al agua, aunque sigue estando bastante fría. Hoy logré nadar 7 minutos, que para esta época no está del todo mal. Y aunque sean dos minutos, la experiencia del mar es insuperable. Este párrafo fue incluido a pedido de Flavia: dice que tengo que hablar de mi experiencia acuática, pero no tengo mucho repertorio. Tal vez debería contar que me encontré con un lobo marino y con un submarino alemán perdido desde la Segunda Guerra.

huevosdecaracol

Me resulta más fácil seguir enumerando la pila de libros que hay arriba del escritorio. Lo primero que encuentro es La saga del sagú de Slattery (ed. Nórdica, Madrid, 2013). Solo leí un libro entero de Flann O’Brien, El tercer policía, y me sirvió para convencerme de que este irlandés borracho era un genio y uno de los cómicos más finos y más imaginativos que yo haya leído. El resto los hojeé y los tengo esperando juntos en la biblioteca. Es uno de los pocos casos en los que todos los libros están en el mismo estante, tal vez porque la colección de los siete libros de Nórdica es hermosa. Flavia es fanática de otro de ellos, La boca pobre y se lo recomienda a todo el mundo. Me parece que la primera vez que leí algo sobre O’Brien fue en un colección de artículos de Javier Marías, un escritor de quien, por otra parte, jamás pude terminar una novela. El sagú es un árbol que parece inventado, pero en verdad existe (su nombre científico es sambucus nigra) y la novela trata sobre una americana delirante que llega a Irlanda y quiere reemplazar las papas por ese cultivo supuestamente maravilloso para la salud y la economía. La novela es muy corta porque está inconclusa, ya que el autor se murió antes de terminarla en 1966 a los 55 años por culpa de su tremebundo alcoholismo. Tengo que sentarme y terminar la Saga del sagú.

Entré en Spotify y no sé por qué caminos encontré una playlist que se llama 50 Great Female Voices, cincuenta temas soul (o más o menos) cantados por mujeres distintas. Ahora está terminando una versión insoportablemente melosa de Killing Softly por Roberta Flack. Es el sexto tema de la lista. Antes habían sonado Natalie Imbruglia (no la conozco), Aretha Franklin, Macy Gray (tampoco conozco), Norah Jones (me gustó el tema Don’t Know Why). Terminó Flack y empezó True Colors por Cindy Lauper. Me parece que al llegar al tema veinte ya voy a estar empapado de edulcorante.
Debajo de O’Brien estaba Algo más, la última novela de Marcelo Cohen (ed. Paprika, Buenos Aires, 20015), que la editorial me envió gentilmente. Conocí bastante bien a Cohen cuando ambos éramos adolescentes (ambos nacimos en 1951). Ibamos juntos a la YMCA de la calle Reconquista, donde tres veces por semana hacíamos gimnasia, jugábamos al papi fútbol e íbamos a la pileta. También íbamos a la cancha a ver a River, junto con otro amigo del YMCA que se llamaba Dubinsky, vivía en Caballito y jugaba al fútbol con una gorra que se sacaba para cabecear (y cabeceaba muy bien). Cohen vivía en Paraná y Córdoba, yo en Esmeralda y Córdoba y nos tomábamos el 29 para ir a la cancha. Después jugamos también al fútbol en el Nacional de Buenos Aires, aunque estábamos en distintos años. Un día nuestra amistad, que no era estrecha, se terminó abruptamente, porque Cohen me anunció que no iba a ir más a la cancha y se iba a dedicar a algo más importante: militar en el Partido Comunista. ¿En qué año sería eso 1966, 1967?

Esto que estoy escuchando es una porquería, Neneh Cherry antes, una mujer llamada En Vogue ahora. Stop. Alivio. Después Cohen se fue a Europa y no supe nada de él durante años hasta que un día entré en una librería de la calle Florida y encontré un libro llamado El país de la dama eléctrica firmado por un tal Marcelo Cohen. Dudé si sería el mismo, lo compré, lo leí y, aunque no había ningún detalle concreto que lo identificara, me di cuenta de que no podía sino ser él, aunque había sufrido un cambio de piel. Era el mismo tipo que presumía de sus habilidades como número 5 y que ahora resultaba un escritor aventurero y vagabundo. Años más tarde, cuando Cohen ya había vuelto a la Argentina, Andrés Di Tella nos reunió en una salida con nuestras respectivas mujeres. Eso habrá sido hacia 1998, pongamos y Cohen bis resultó un tipo amable, ceremonioso y amante del jazz. No nos llevamos muy bien (tampoco muy mal) y nunca más nos vimos salvo en la cola de algún cine. Cohen es un muy buen traductor, un narrador prolífico y admirado, pero no puedo soportar el nombre que les pone a los lugares y los personajes. Este libro, por ejemplo, transcurre en Isla Kump y los protagonistas se llaman Gaco y Tamastú, que parecen deformaciones patológicas e imposibles de nombres existentes. Tengo con los nombres una manía, que es respetar el hecho de que muy pocas combinaciones de letras corresponden a nombres, aun con las alteraciones producidas en las oficinas de inmigración. Al inventarse nombres deliberadamente vacíos de cualquier origen, creo que Cohen da un indicio de la pastosidad de sus novelas, especialmente las de ciencia ficción. Estas son prolijas y cuidadas pero me parecen alegorías realistas que no tienen agarre en ninguna de las puntas: ni con lo real ni con las ideas que expresan.

Durante años quise escribir un cuento con la historia de mi relación con Cohen, que sería una historia de dobles. Hubiera sido mi primer cuento. Pero nunca escribí mi primer cuento, ni ese ni otro, y de pronto me salió contarlo así, un poco de apuro y más rencoroso de lo que me hubiera gustado. No parece mala gente Cohen, pero supongo que el kirchnerismo me terminó de distanciar, como de tanta otra gente. Me aparece ahora otro recuerdo de él. Una vez que fuimos al Monumental, cuando todavía le faltaba la tribuna Almirante Brown alta. Era mi primer partido de la temporada, porque yo volvía de vacaciones en San Clemente y le pregunté a Cohen qué tal eran los jugadores que River había comprado ese año (por entonces, River siempre compraba jugadores y siempre perdía los campeonatos). Me los enumeró y al llegar al peruano Loayza (también llamado El Sátiro porque tenía un proceso por violación pendiente en su país) dijo: “Ese es un capo”. Me pregunto si de verdad Cohen habrá usado entonces la palabra “capo”. Pero, meses más tarde Loayza hizo un gol memorable sobre la hora contra Lanús, de los más lindos que he visto (doble sombrero, zurdazo mortífero). Era un capo el peruano.

En la pila aparece Zama de Antonio Di Benedetto (ed. Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 8ª edición, 2014), un libro que decidí leer ante el próximo estreno de la película de Lucrecia Martel basada en la novela. Zama, publicado originalmente en 1956, está considerada una cumbre de la literatura argentina. Desconfío de esta valoración casi unánime desde que leí Los suicidas de Di Benedetto (1922-1986), cuya vida tuvo un final muy desgraciado. No es que Los suicidas sea un libro malo: es original, sólido, está bien construido, etc. Pero no me parece el libro de alguien capaz de escribir una obra maestra. Bueno, diría Groucho, Martel tampoco me parece alguien capaz de filmar una obra maestra. Pero estoy siendo doblemente prejuicioso.

Foto: Flavia de la Fuente

14 comentarios to “Diario intermitente (55)”

  1. marcelo Says:

    Me parece q El oido absoluto es el más logrado de Cohen por su apego a los topicos de la Cf.

  2. JC Says:

    Zama es ideal para Martel, casi parece que lo hubiera escrito ella. Excelente novela.

  3. Yupi Says:

    Bien el amigo de la gorra. Una vez Di Stéfano contó que los nueves de antes usaban boina porque la pelota era una piedra, los tientos formaban puntas afiladas que cortaban al cabeceador. Fue gracioso porque le preguntaron si él había usado. “No -contestó- en mi época la pelota ya había pasado de piedra a cascote. Además, ¡si el Fanfa (Moreno) me veía de boina me mataba!”. Incluso la gorra desapareció entre los arqueros. Creo que Courtois usó una hace un par de temporadas.

  4. La Novia de Troll Says:

    Zama impresiona como algo superior al resto de ADB y, de lejos, parece escrita para la Martel.
    Escéptico y curioso. Quizá un encuentro feliz que anticipa algo también superior al resto de LM?… chi lo sa!!

    Sdos

  5. La Novia de Troll Says:

    ops casi me repito con JM!! a todo esto inquietante su versión de Cohen vs Cohen!! :D

    Sdos

  6. Pippo Says:

    Los suicidas es tan menor en relación a Zama que parece escrita por otro escritor.
    Cohen y Laiseca tienen la maravillosa habilidad de construir con sólo dos o tres puntos de apoyo, universos singularísimos.
    Aira también suele conseguirlos, pero falla más seguido. Será porque escribe más.

  7. María del Carmen Reiriz Says:

    Ante todo, coincido con Flavia. La boca pobre es muy bueno en mi modesta opinión. En cuanto a Marcelo Cohen considero que es un excelente traductor y un muy buen lector. Sus novelas y cuentos no me conmueven y coincido en lo artificioso de los nombres y lugares. Pero ignoro si soy yo la que no puedo valorarlo en plenitud. Tengo amigos, buenos lectores, que destacan mucho sus cuentos. Un saludo a 48 Hrs de salvarnos de la pesadilla.

  8. Yupi Says:

    Higiene democrática. Y si sale rana dentro de cuatro años que venga otro. Con esta reflexión me despido dedicándole el siguiente tema a los parroquianos de LLP, en particular a Diego Brodersen, el rey del soul. Feliz viernes.
    http://www.youtube.com/watch?v=eESFSdzolfU

  9. burzaco Says:

    Me temo que Martel puede arruinar esa gran novela, con sus encuadres hipercontrolados publicitarios, ademas el texto se presta a introducir efectos de extrañamiento psicológico, algo que a la directora le encanta, no se lo que puede salir de todo eso. O un capricho o una obra maestra.
    De momento el personaje principal lo hace un mexicano, pero debería ser español. Empezamos mal.
    Sarquis había elegido muy bien, era el actor español Mario Pardo , pero el proyecto quedo suspendido.

  10. Montañés Says:

    Viernes 20 de noviembre de 2015. Al fin el fin de semana. Y qué semana. Semana con mayúsculas. Descorcho un tinto tardío, suspiro después de unos días duros en lo laboral y en lo personal y sobre todo en lo político, nauseabundos por la miseria/desesperación kirchnerista y al mismo tiempo llenos de esperanza y nervio latente por la certeza de que se terminan.

    Tranquilo, me digo, todo marcha bien. El lunes puede ser una jornada más gloriosa de lo imaginado. Es de enorme importancia lo que está en juego. Todas las fichas ahí.

  11. Montañés Says:

    Se me pegó una canción, dejo unas líneas y apuro un trago. Abrazo LLP.

    Different eyes see different things
    Different hearts beat on different strings
    But there are times
    For you and me
    When all such things agree.

  12. Eduardo Reviriego (Daio) Says:

    Me parece que esta mujer está buscando crear una causa de inimputabilidad -aunque algunos creen que ya lo es- para poder ampararse en el inc. 1º del art. 34 del Código Penal cuando le llegue el turno de comparecer ante la justicia:
    http://www.clarin.com/politica/Elecciones_2015-Cristina-ley_electoral-denuncia_0_1472253057.html
    Por ahora, ante tanto chamuyo, vale la pena recordarle que como dice el poeta:
    “Las dádivas desmedidas,
    los edificios reales
    llenos de oro,
    las vajillas tan febridas,
    los enriques y reales
    del tesoro;
    los jaeces, los caballos
    de sus gentes y atavíos
    tan sobrados,
    ¿dónde iremos a buscarlos?
    ¿qué fueron sino rocíos
    de los prados?
    Jorge Marique. Coplas por la muerte de su padre (hoy diríamos, para la muerte del modelo).-

  13. Johny Malone Says:

    ¿Una semana más y ganaba Scioli? El conurbano está ahí, indiferente a todo lo que no sea parecido a él mismo.

  14. Yupi Says:

    Por primera vez en la historia se creó una situación nueva. Macri no es peronista, no es radical y hasta da la impresión de no saber dónde situarse. Esto lejos de asustarme me da esperanza. Veremos qué decisiones toma y sobre todo cómo acompaña el peronismo. No lo vuelvan loco. Hay que reconocer que ayer Scioli estuvo bien.

    Impresionante los cordobeses. Casi puede afirmarse que el interior puso en el gobierno a dos porteños. Salud.
    http://www.youtube.com/watch?v=FfwRfP_wZwM

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