Diario intermitente (51)

por Quintín

8 de noviembre

Estoy todavía en la habitación. Flavia, la Hija de Neptuno, se fue al mar y yo me quedé escribiendo este cierre del diario marplatense, que no puede ser un balance porque este es un festival tan grande que no puede abarcarse desde una sola mirada. Hoy dan las películas ganadoras, entre otras El abrazo de la serpiente, de Ciro Guerra, ganadora de la competencia internacional. Durante el festival disfrutamos de la compañía de dos amigas checas, Ivana e Jana, que trabajan en Karlovy Vary. Conocíamos a Ivana desde hace unos meses, porque estuve con ella en el jurado del festival de Canarias. Ivana no dejaba de decirme lo buenas que eran El abrazo de la serpiente y El club, que ganó dos premios y a mí me parece un bodrio abyecto. Ivana podría haber elegido los ganadores con el mismo criterio del jurado, dentro de ese mainstream festivalero un poco arcaico, pero que sigue dominando la parte más oficial de festivales como Mar del Plata y Karlovy Vary. La otra parte es la que nos interesa ver, la que contribuyó a hacer mi estadía particularmente agradable este año y también la que contiene películas como la de Flavia, que por más amigas que sean las checas, no veo posible que se programen alguna vez en KV. Sigue habiendo dos mundos en conflicto, aunque algunos críticos amigos se las arreglan para tener un pie en cada uno. Por ejemplo, Diego Lerer, que también puede apreciar a Hong Sang-soo, tuitea que El apóstata de Federico Veiroj es casi una obra maestra, cuando para mí es una película falsa y nula.

mardelbynight

Hablando de Hong Sang-soo, ayer vi su última película (por el momento), Right now, wrong then, en la que una historia se cuenta dos veces con ligeras variantes. Es un típico argumento de Hong: un director de cine llega a una ciudad para dar una charla después de la exhibición de una de sus películas. El día anterior conoce a una chica joven, aspirante a artista, con la que tendrá un esbozo de romance que fracasará por distintas razones (allí es donde varían las historias). El título es demasiado sugestivo como para pasarlo por alto. Una vez más HSS habla de sus dos únicos temas, en realidad dos paradojas: la imposibilidad del amor y el lugar del artista. Pero, aparentemente, hay esta vez una indicación de que su visión empieza a modificarse a medida en que el director madura o envejece y pasa a ocupar el lugar del maestro que siempre fue en sus películas un personaje cercano a la impostura. Debería dedicarle más tiempo a este tema, pero nos tenemos que ir de la pieza antes de que nos echen.

La última película que vi en Mar del Plata fue In Jackson Heights, de Frederick Wiseman, un ejemplo de que hay directores que se pueden permitir lo que a los otros les está vedado, en este caso, filmar a la gente en su lugar natural sin caer en la entrevista para la cámara y sin que la filmación altere el estado de las cosas. Aquí se trata de las acciones comunitarias en una zona del distrito neoyorquino de Queens, desde la marcha gay a la protección legal de los inmigrantes pasando por el cuidado de los viejos, con especial atención al peligro que se cierne sobre el barrio bajo la forma del desarrollo inmobiliario que ya expulsó a los más pobres de Brooklyn y que ahora avanza con intenciones de ocupar la que posiblemente sea el área más cosmopolita del planeta (en Jackson Heights se hablan 167 lenguas, o algo así). Es un buen Wiseman (no hay Wiseman malos), pero la falta de un centro más específico, de un tema más preciso, le impide ir al fondo con su sistema.

Mar del Plata no estuvo nada mal, aunque la organización distó de ser brillante y mostró varios síntomas de autoritarismo y descuido. Me pregunto (no soy el único) qué pasará aquí después del cambio de gobierno. Hoy es un festival importante y valioso. Solo debería ser un poco más amable con todo el mundo.

Foto: Flavia de la Fuente

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Una respuesta to “Diario intermitente (51)”

  1. Yupi Says:

    Ja ja Lamento no dirigir la sección espectáculos de un diario para publicar en un recuadro sobre El apóstata
    Lerer: “Obra maestra”.
    Quintín: “Falsa y nula”.

    Quizás a la crítica le haya gustado mucho La vida útil y esté ansiosa por consagrar a Veiroj. Volviendo a los rusos, me dice un amigo impetuoso que la Nouvelle Vague fue un invento ruso y que el más genial de la época fue Sergei Urusevsky.

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