Diario intermitente (48)

por Quintín

6 de noviembre

El otro día salí del cine con hambre, tenía poco tiempo y necesitaba comer algo al paso. Pasé por un Burger King y decidí que una hamburguesa basura era justo lo que andaba buscando. Cuando me paré frente al mostrador, miré los precios y vi que un combo de hamburguesa + papas fritas + gaseosa no bajaba de 90 pesos, una cifra por la que se puede almorzar más o menos seriamente. Estaba por irme cuando se me ocurrió preguntar si existía la posibilidad de comer la hamburguesa sola. Para mi sorpresa, me contestaron que sí, que costaba (pelada o con tomate y lechuga) 20 pesos. Hay momentos felices en la vida y ese fue casi uno.

Borisnelepo

Eso de que una hamburguesa cueste veinte pero inflada con extras irrelevantes se vaya a cien es una buena metáfora para una película que vi ayer. Supongamos que alguien tiene una idea para un guión. Se trata de un veinteañero inmaduro, vagamente progresista, que tiene problemas con el trabajo, el estudio, las relaciones amorosas y la familia pero que al final se orienta un poco en la vida. Ningún productor se entusiasmaría con un proyecto que se vio mil veces, ningún fondo para los jóvenes talentos le aportaría dinero, ningún festival programaría la película, ningún crítico saldría a ponerla por las nubes. Pero a ese esqueleto se le pueden empezar a agregar las papas fritas y la gaseosa. Por ejemplo, se puede hacer que el protagonista se acueste con su prima y que en la película haya un chico muy simpático a quien el tarambana le da clases y a cuya madre no le disgustaría tener algo con él. También se puede hacer que sus profesores lo aplacen porque son unos cavernícolas, o que el muchacho sueñe cosas raras, como por ejemplo que entra en una colonia nudista y que la realidad se le mezcla con la fantasía. Creo que ya tenemos las papa fritas y podemos empezar a subir el precio, aunque a la película le falta la Coca Cola tamaño súper extra grande, algo que la haga irresistible, que obligue a cada reseña futura a empezar mencionando ese agregado y hasta se transforme en el título. La película que estoy describiendo se llama El apóstata y la gaseosa gigante es que el tipo quiere renunciar a la religión católica anulando su partida de bautismo. Como nadie ha visto muchas películas sobre apostasías (y menos contemporáneas), el combo es irresistible y se puede vender diez veces más caro que la hamburguesa original, aunque en el fondo siga siendo esa hamburguesa escuálida hecha con material incierto.

En Mar del Plata todo el mundo dice que El apóstata es una película maravillosa, al menos los críticos. A mí me pareció fluida y hábilmente filmada como para disimular sus evidentes defectos: el protagonista insoportable, la banalidad del tratamiento, la pesada caricatura de la Iglesia y su burocracia. El pasaje de las escenas reales a las oníricas hasta hacerlas indistinguibles contribuye a ese propósito y hasta permite ocultar que se parece por momentos una comedia española del final del franquismo, con sus guiños progres, sus escenas ligeramente picantes y su escena final de superación y confianza en que el futuro recién empieza. Entre tanta hojarasca edulcorante, hay una buena idea cinematográfica: la apostasía se termina materializando de acuerdo a los ritos tradicionales.

En 1956, Marlen Khutsiev filmó Primavera en la calle Zarechnaya, una película que vieron 30 millones de personas y reflejaba la esperanza posterior a la muerte de Stalin. Entre el melodrama y la comedia romántica, cuenta la historia de una profesora de literatura en un colegio nocturno y de un alumno (de su edad) que se enamora de ella. Es una opera prima notable, llena de garra y frescura, una película de suficiente ligereza (Khutsiev es un director paradójicamente ligero) como para fundar un Hollywood soviético y proponer el amor y la cultura como ejes de la transformación de la sociedad. Como en muchas películas americanas, los protagonistas se distinguen de la chusma, están elegidos para ser ejemplares en contraste con la vulgaridad de la mayoría. Acá, la chica podía todavía elegir al obrero, a diferencia de Mountains may depart de Jia Zhanke y el futuro podía ser colectivo en un sentido más creíble que en El apóstata, construida sobre una fórmula en el fondo equivalente (el progresista y el niño de la mano son la imagen final).

Finalmente, Boris tenía razón: el ruso es un gran director. La retrospectiva de Khutsiev va tomando impulso. Ayer vimos también Epílogo, una película muy original, basada en un cuento que se llama La visita del suegro. Como en Infinitas se encuentran aquí dos personajes: uno viejo y uno joven. El viejo alecciona al joven desde sus modos arcaicos y grandilocuentes para que disfrute de lo bueno de la vida, entienda la historia y la cultura mientras que el joven lo ignora desde su posición de académico bien colocado en el sistema. La construcción del personaje del suegro es extraordinaria y podría figurar en el podio de los mejor logrados de todos los tiempos. Es rarísimo el modo misterioso, ambiguo de narrar de Khutsiev, un creador de historias de fantasmas. Seguiremos firmes en la brecha con Khutsiev.

7 comentarios to “Diario intermitente (48)”

  1. Yupi Says:

    Con El apóstata debe de haber pasado lo mismo que en La visita del suegro. Seguramente algún viejo le previno al director que el protagonista tenía que ser muy joven, en lo posible un niño, para soportar esa postura de rebelde sin pausa, y siguió adelante sin darse el trabajo de modificar nada. En fin. Los uruguayos son ácratas cansados.

  2. Boris K Says:

    Me pasó exactamente los mismo con Eva no duerme. Para peor sin sentido del humor y de una demagogia insoportable. La cámara trabaja para el DF y salvo el elenco más joven, absolutamente todos los elementos de la puesta en escena sobreactuan.
    Una pena, Salamandra me había gustado y Doronship 77 me había gustado mucho más.

  3. burzaco Says:

    ..y sobre el homenaje a Favio, hay alguna noticia rescatable, se presentaron dos documentales, siempre vale la pena volver a Favio, no. Es el mas grande de lejos.

  4. Yupi Says:

    Entre Favio y Saslavsky anda el juego. Favio necesita un cineasta que haga con él lo que Aira hizo con Pizarnik: tomarlo con máxima distancia. Sacarlo de la ternura, la pasión, la mística, elementos que le sirvieron a Favio pero que usados para explicarlo transforma todo en una masa espesa de difícil digestión. Se me ocurre que Prividera haría un buen trabajo.

  5. saint jacob Says:

    ,,,En la web encontré ‘Soy Ventiañero’, ‘Lluvia de julio’ e ‘Infinitas’…sin verlas aún, pero con grandes ganas leyendo a Q… ¡Gracias!… (tambien a Boris, claro)…

  6. Mariano Says:

    Saint-jacob, ¿en qué web?

  7. saint jacob Says:

    …Mariano, recién te leo, disculpas… es un sitio ‘privado’ de películas, funciona por invitaciones, pero hasta el momento no se como hacerlas (soy un nabo tecnológico)… en youtube también hay algunas!…

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