Diario intermitente (45)

por Quintín

2 de noviembre

Esta mañana Flavia no se sentía del todo bien y decidió quedarse en cama. Efectos del miedo previo al estreno de mañana. Ahora se está recuperando y espero que llegue en buen estado a la proyección. Necesita mimos, contención, apoyo, cariño, simpatía, acompañamiento y una docena de cosas más. Se las merece.

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Esta mañana en el desayuno me encontré con Boris Nelepo, recién llegado para presentar la retrospectiva del soviético Marlen Khutsiev, que tiene 90 años y no vino. Lo primero que hice fue increparlo por la película que había visto el otro día. Aunque Boris negó que fuera un panfleto estalinista-putinista como yo decía, aceptó que no era gran cosa, apenas un documental por encargo de la televisión que nadie conoce y lamentó que el programa hubiera empezado por ahí. Y me juró que si veía Infinitas (que pasa hoy y mañana), no iba a poder despegarme y vería todas las demás de Khutsiev. Boris contó que venía del Doc Lisboa, donde presentó otra retrospectiva, esta vez del serbio Želimir Žilnik, la primera completa que se hace de él (son más de cincuenta películas). Y luego afirmó que se trataba del mejor cineasta vivo. El nombre de Zilnik me decía algo y recordé que había estado en algún festival donde había una retrospectiva suya. Después me acordé mejor: fue en Huesca, el festival que supo dirigir el recordado gordo Escriche y Zilnik estaba invitado. Lo veía todos los días en el hotel, pero nunca le hablé. No me caía bien y la única película suya que fui a ver no me dijo nada. Es más, me pareció un nacionalista serbio en tiempos de las guerras yugoeslavas. Tal vez esto último sea puro prejuicio y me perdí la oportunidad de conocer al mejor cineasta del mundo. O tal vez estemos ante otra operación del estilo Olaf (a quien también recuerdo haber escuchado defender a Zilnik), inventor de la práctica de descubrir un cineasta de segunda línea y ponerlo en el tope de la cinematografía.

Después seguimos discutiendo con Boris, a quien le gustaba la película de Jia Zhanke más que a mí y la trilogía de Gomes menos que a mí. La calificó de “a disgrace“, aun cuando Gomes le cae bien. Creo que estamos ante un caso flagrante de sobrevaloración crítica en el momento inicial, algo que a Gomes le puede terminar jugando en contra.

Después fui a ver a otro retrospectivo, el filipino Kidlat Tahimik, un colorido personaje que se pasea por el salón del desayuno con su traje típico y su mujer alemana. Hoy daban una colección de cortos, que él separó de su obra más importante y calificó como una colección de quickies en video que filmó a lo largo de veinticinco años, algunos incluso en VHS, un medio que usó después del 16 y antes del digital. La presentación no empezó muy bien: en un inglés muy fluido, Tahimik saludó al público diciendo que los filipinos eran los latinos de Europa, que teníamos un conquistador común, que estábamos todos en el Tercer Mundo y que en particular los filipinos habían sufrido varios siglos a los españoles, cincuenta años a los americanos y 100 años a Hollywood. Después de la introducción chantoantimperisalista, vinieron las películas que no estaban mal. Mostraban a un petiso de gran energía física e intelectual (el director) metido en varias cuestiones militantes, antropológicas y familiares (sus hijos ocupan buena parte del metraje), tales como la lucha contra la desaparición del cultivo de arroz a la manera tradicional en Japón, la construcción de techos en el Tibet, un derrame de petróleo en las Filipinas. La exuberancia del personaje, sus trabajos como cineasta, pintor, performer, padre, campesino y humanista están bien documentados, filmados con creatividad y editados con ingenio. Tal vez Tahimik exhiba un poco demasiado que es políticamente correcto, artísticamente prolífico y paternalmente impecable, pero lo que hace es consistente y robusto.

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Después vino la parte de preguntas y respuestas, que consistieron en un nuevo monólogo antiimperialista, en la defensa de los pueblos primitivos y las culturas tradicionales contra la globalización y etc., etc. También dijo que, antes de que se invente la palabra, había estado haciendo selfies por 25 años. Y por último contó que venía de Tierra del Fuego donde se interesó por la cultura indígena. Y terminó mostrando una cámara de bambú, que exhibió como su arma contra Hollywood. Ese momento fue una síntesis entre la inventiva del personaje y su dogmatismo retórico y arcaico. Me hubiera gustado preguntarle por qué piensa que esos gobiernos latinoamericanos tan dispuestos a celebrar su discurso anticolonialista y hablar mal de Colón son los mismos que, en los hechos, oprimen y silencian a los indígenas, hacen alianzas con otras potencias imperiales y presionan a los empleados públicos para que voten por el régimen. Pero como soy tímido no dije nada.

Fotos: FyQ

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2 comentarios to “Diario intermitente (45)”

  1. Yupi Says:

    Nooo ¿conociste a Pepe Escriche? De lo mejor de la tierra. Huesca, en realidad todo Aragón es la refutación contundente de los que botaratean sobre el colonialismo y los terribles maltratos que sufren los extranjeros en Europa. Bien Quintín. Te ganaste una longaniza y un somontano.

  2. Hugo Abbati Says:

    Una pena no haber hecho la pregunta.

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