Diario intermitente (43)

por Quintín

31 de octubre

Después vi dos películas más. Una fue Poet on a business trip, del chino Ju Anqi, quien sigue al joven poeta Shu por la remota provincia de Xinjuang. Filmada en 2002, recién se terminó hace unos meses y es una excelente sorpresa. Había poca gente en la función, lo que muestra lo difícil que se le hace a ciertas películas llegar al público que les corresponde, como si la cinefilia se orientara a veces en base a recomendaciones con poco riesgo. La película está dividida en 16 partes que se corresponden (no necesariamente en cuanto al tema) con 16 poemas del actor y poeta que viaja por carreteras polvorientas, en camiones y ómnibus destartalados y se encuentra con la gente del lugar, con especial atención a las putas. Esta no es la China ferroviaria del cine social for export, sino la de las rutas que no van a ninguna parte, un espacio que recuerda al del Lejano Oeste y transmite una sensación de libertad muy difícil de encontrar en lo que hoy se filma en China, donde los cineastas parecen colaborar con la opresión política diciendo que no se puede hacer otra cosa que callar, resignarse y obedecer aunque no hagan la propaganda explícita del régimen. Hay una indudable fascinación del director por el actor, que recuerda a la de Tsai Ming-liang por Lee Kang-sheng y la película respira una libertad que hoy es casi inhallable. Los que están en Mar del Plata, no dejen de verla. Acá Flavia insiste en que recomiende también El rastreador de estatuas de Jerónimo Rodríguez. Ambas se pueden ver mañana y valen la pena.

Jeronimorodriguez

La otra película que vi fue Tres recuerdos de mi juventud, de Arnaud Desplechin, que fue la película de apertura ayer. Hoy la dieron dos veces para el público general y el Auditorio estaba repleto de un público tentado como siempre por las películas francesas de nombres más o menos conocidas. Desplechin es un director que siempre me desconcertó: filma en serio cosas que no pueden pasar de la broma, como si confundiera el melodrama con la tragedia, el film político con el de espías y los dramas familiares burgueses con obras de Shakespeare. El resultado de tanta mescolanza es en este caso entretenido (a veces resulta de una solemnidad insoportable), con una historia de espías y otra sobre un gran amor adolescente entrelazadas como recuerdos de Mathieu Amalric, un hombre que ha perdido hasta la identidad. La película menciona y tiene como referente al cine clásico de Hollywood pero lo ejecuta a la francesa, con infinitas complicaciones psicosociológicas. Pero es una película con gente linda, filmada con esa devoción por la juventud que pocos franceses esquivan (se me ocurre que Claire Denis es una de las pocas que no cae en la trampa).

cineambassador

Las grillas de programación siguen sin aparecer y continúan los inconvenientes para sacar entradas. Por otra parte, en la película china se cortó la proyección de subtítulos faltando veinte minutos. El público pataleó un rato y después se resignó. Nadie dio la cara para explicar lo ocurrido.

Foto: Flavia de la Fuente

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