Jugar al toque

Publicada en Perfil el 20/9/15

por Quintín

Twitter es un dispositivo muy propicio para hacerse de enemigos. Eso es lo que me pasó con alguien que firma allí como Aarón de Anchorena. El individuo me cayó mal desde la elección de su alias (un terrateniente que fue pionero de la aviación), signo entre tantos de su pedantería. Si me obligaran a definir al pedante, diría que es alguien que exhibe su erudición sin pensar en sus interlocutores. Esa característica de Anchorena aparece con todo esplendor en El sentido olvidado, un libro que acaba de publicar bajo el nombre Pablo Maurette

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Como indica el subtítulo, se trata de una serie de ensayos sobre el tacto, sentido que Anchorena-Maurette explora en todos sus aspectos, ya sean plebeyos o sofisticados. Así vamos desde el “Toquetón”, un personaje que en tiempos de la Revolución Francesa le tocaba el trasero a las mujeres en el preciso momento en que la guillotina decapitaba a los condenados, a la tesis de que “el teleologismo platónico-aristotélico-galénico-judeo-cristiano” claudica frente a la corriente materialista del pensamiento que nace en el atomismo y en Lucrecio para producir el vuelco de la filosofía hacia la modernidad, cuyos nombres señeros son Galileo, Newton, Diderot, Darwin, Jefferson, Marx, Einstein y Schrödinger, etcétera. Y eso porque la modernidad abandona la tradición oculocentrista (el privilegiar la vista como herramienta filosófica) para incluir lo háptico, es decir para prestarle atención al tacto.

Maurette-Anchorena no se priva de arrojarle al lector quince referencias bibliográficas juntas ni cinco poetas medievales en una frase, de hablar de écfrasis, catábasis, anagnórisis o paraclaysithyron, ni de afirmar que la psicología homérica ubica el etor en el phren. Y menos de recorrer la historia de la cultura desde la pintura rupestre hasta Seinfeld, Tarkovski y los libros del noruego de moda Karl Ove Knausgård. Maurette se justifica en la página 194: “para bosquejar una sensibilidad cultural y pensar lo invisible, la carne, la ceguera habrá que proceder tanteando en la oscuridad, tocando un pasaje de la poesía cortesana aquí y un beso poético allá, aquí una carta barroca, allá un ensayo contemporáneo”. El pasaje revela la elocuencia de Maurette, su pasión y su determinación. Ha llegado el momento de aceptar que el libro es espléndido y su exuberancia es admirable. Las lecturas que hace Anchorena de la Ilíada y la Odisea, de Moby Dick, de la literatura sobre el beso, del Lancelot de Chrétien de Troyes, de Joyce son brillantes y conmovedoras, un lujo para las letras nacionales.

Pero la pedantería es una cuestión de (falta de) tacto, aunque en una acepción de la palabra que Maurette no menciona en su obra: la noción de cuidado, prudencia, mesura. El prefiere “hacerse presente en el texto, encarnar al sujeto inquisidor, meter las manos en la masa” más que tantear sin violencia. Ilustro esta idea con el insólito prólogo de El sentido olvidado a cargo de José Emilio Burucúa, que empieza diciendo que el libro se inspira en Cassirer y Auerbach aunque es “una obrita” y Maurette no alcanza la altura de sus maestros. Y luego nos endilga un insoportable ensayo sobre el tacto en la pintura que nada tiene que ver con el libro. La intervención de Burucúa en el texto de Anchorena podría llamarse El caso del toquetón tocado.

Foto: Flavia de la Fuente

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9 comentarios to “Jugar al toque”

  1. Yupi Says:

    Gran personaje, el toquetón. Para entrar en la legalidad generalmente se hace modisto o funebrero. ¿Por qué no hay toquetonas? Quizás por sabiduría innata, porque la mujer sabe bien el riesgo que corre. Segunda vez que leo elogios fundados a este libro. Lo buscaré.

    Hablando de juegos, dentro de un rato juegan Los Pumas. Por favor, no quiero oír de la mística, de la pasión, del himno ni de la palomita de Pascual. Quiero que jueguen bien, y si es posible le ganen de una buena vez a los condenados maoríes.

  2. Montañés Says:

    Yupi, si es por gremio o por clase, claro que hay mujeres toquetonas. Se me ocurren por lo menos las masajistas, las podólogas podófilas y ciertas tías solteronas.

  3. Yupi Says:

    Jaja, cierto, pero son más bien excepciones. Otro dato: lo toquetón que se ha vuelto el argentino en los últimos años. Los mismos amigos que se saludaban de palabra ahora se dan besos a cada rato, se toquetean por cualquier motivo. Una completa desgracia.
    http://www.youtube.com/watch?v=pk2qYyfWz2I

  4. Edmundo Says:

    Mirá estos genios de las letras que detestan a Aira
    http://www.clarin.com/viva/Revista_Viva-literatura-escritores_argentinos_0_1434456687.html

  5. janfiloso Says:

    Bien Quintin. No creo que sea tan común destacar el trabajo de alguien a quien no respetas tanto.

  6. Beastie Bob Says:

    Edmundo: muy rebeldes o reventados no deben de ser esos “genios” de las letras si van a sacarse fotos a la revista Viva. Mientras ellos, ni chicha ni limonada, manosean su dignidad, Aira escribe.

  7. Yupi Says:

    ¿Qué les pasa a los muchachos del link? Lucen bastante avejentados. Podrían formar una orquesta de rumba. No sé para qué se empeñan en escribir novelas cuando ese estilo se ajusta a la crónica o el diario, o mejor a la publicación póstuma. Me parece bien que disparen sobre Aira, hay que tenerlo cortito, pero… ¡Fogwill! No sean bestias. Para gurú literario les conviene más Laiseca, toda la vida. Las vueltas de la misma. Yo, que no leía los libros de Fogwill, extraño a Fogwill.

    Quintín, acá te acusan de leninista. Tú verás (lindo pescadito Artur Mas, para decirlo en rima).
    http://revistalagranada.com.ar/los-partidos-politicos-de-la-literatura-argentina/

  8. FedericoR Says:

    Yupi: su útlimo comentario es como para agregarle una coda a “Arte de injuriar”. “Orquesta de rumba”, lo copio y me río. Y lea a Fogwill, no se va a arrepentir: es lo que no han hecho estos muchachos. Pocos escritores argentinos tan preocupados por cuidar su herramienta de producción como don Quique, que alguna vez dijo que la cocaina lo había hecho perder mucho tiempo (y no ganarlo, como parecen intuir los que sólo le leyeron la leyenda de los Pichiciegos).

  9. Yupi Says:

    No me hable de Quique. Por suerte Aira lo llama Fogwill, y en breve empezará a llamarlo el señor Fogwill. Antes pasó lo mismo con Saer. Si uno iba a Santa Fe y se le ocurría hablar mal de “Juani” lo linchaban ahí mismo. Es cierto que ellos se lo buscaron, pero no deja de ser repulsivo. De estos jóvenes no leí nada. Tendrían que hacerse presentes en LLP y defender las tesis que proponen (Quique lo habría hecho).

    Termino de leer en La Nación la nota de un tal Fernández Moore, experto en sociología española. Podría titularse “Cómo soltar los mayores dislates a la hora del almuerzo”. Para los argentinos que les interese el tema, acá una breve introducción.
    http://www.youtube.com/watch?v=vnSJPJgXePE

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