Monstruos como nosotros

Publicada en Perfil el 6/9/15

por Quintín

Vi El clan el día del estreno, que por un milagro de la distribución pasó por el único cine de San Clemente. La sala estaba casi llena, algo insólito para un día de semana fuera de temporada. Esa pequeña multitud presagiaba que El clan batiría records de espectadores y en pocos días alcanzó el millón de entradas vendidas. Al lado mío se sentó un vecino que trabaja en el banco del pueblo. Me comentó que no era de ir mucho al cine, pero que le interesaban las películas basadas en hechos reales. La historia de los Puccio, uno de los casos policiales más siniestros y fascinantes de todos los tiempos, era ideal para él.

Buenosaires

La idea de que una prolija familia de rugbiers de San Isidro sea en realidad una banda de secuestradores y asesinos invita a preguntarse quién es esa gente capaz de elegir las víctimas entre sus amigos y vecinos, de usar contra ellos la afinidad generada por la geografía y la extracción social que algunos invocan para vender propiedades, hacer negocios o convocar a buenos puestos de trabajo en la administración pública o en la empresa privada. Los Puccio usaban esa confianza para delinquir pero nadie sabe cómo eran en la intimidad porque no hay testigos que hayan hablado. La película de Pablo Trapero se ocupa en parte de las circunstancias políticas del final de la dictadura y de las relaciones de Arquímedes Puccio con los represores desocupados, un embrollo cuyos matices siguen siendo oscuros a treinta años de su detención.

El clan habla del misterio de la familia Puccio. Y no lo devela, en parte porque la película se detiene al borde de imaginar una dramaturgia. Los Puccio de Trapero no son shakesperianos pero tampoco de telenovela. De ahí la perplejidad de los espectadores a la salida, que no aplaudieron y terminaron conformándose con fragmentos de información que desconocían, con un tono frío completamente ajeno a las películas previas de Trapero y con las rutinarias actuaciones de Francella y el resto de la familia, con la posible excepción de Gastón Cocciarale (Maguila), cuyo encarnación de un monstruo es menos cohibida y previsible que las del resto.

Pero más allá de la psicología imperante en esa casa maldita de San Isidro, hay otras preguntas que El clan sugiere. Por un lado, el origen histórico, político y social de los Puccio, pero también una más simple: ¿qué representa ese núcleo de criminales? Por ese lado se llega a dos interpretaciones contradictorias. Una es tranquilizadora de tan políticamente correcta: el clan es un producto de la dictadura (Puccio estaba ligado a los servicios de inteligencia y a los torturadores que se quedaron sin trabajo) y de la burguesía católica tradicional de los suburbios acomodados: los demás, los espectadores curiosos, no tenemos nada que ver con eso. La otra es un poco más tenebrosa: que los Puccio se parecen más a ese espectador perplejo de lo que él mismo está dispuesto a aceptar, que las relaciones de afecto y solidaridad de esa familia que complementa de un modo poco ortodoxo los ingresos de sus múltiples trabajos se parecen demasiado en su tribalismo, en sus lazos de afecto y solidaridad a las del inocente ciudadano común, empleado bancario o director de cine. Hay algo insidiosamente personal en una película que no lo parece en lo más mínimo.

Foto: Flavia de la Fuente

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7 comentarios to “Monstruos como nosotros”

  1. Yupi Says:

    Estaba esperando esta crítica. En su momento no seguí el caso, y no veré la película. Intuyo que Trapero acertó en las líneas generales y sobre todo en el título. El Chapa Branca, extraordinario jugador, compañero de Puccio, decía con inocencia que lo peor para sus amigos había sido la traición a los valores comunes. Ni parecía notar que lo mismo podría decir un padrino de la mafia. Que los valores a no traicionar sean buenos o malos es menos relevante que el sentimiento de grupo, de “entre nosotros”, que siempre produce monstruos, y no tantos en el rugby como en el fútbol. La historia de los barra brava es más larga, estúpida y nociva que la de la familia Puccio.

  2. jose Says:

    Yupi, además el chapa dijo que cambió su opinión cuando le dijeron que él mismo estaba en la lista. El “entre nosotros” es una inaceptable defensa estilo mafia, se trate del ámbito en que se trate.

  3. Yupi Says:

    Se sintió obligado a defender una época y un lugar. Como Puccio era de San Isidro y jugaba al rugby y todo viene envuelto en un lindo paquetito con la Triple A y la dictadura… Inevitable. Lo peor que deja el kirchnerato es la obligación de pedir disculpas por no ser pobres y por haber sido contemporáneos de Videla. Un curioso caso de inversión de pruebas: todos son culpables mientras no demuestren lo contrario.

    Hablando de rugby, les recuerdo que el comentarista Janfiloso cubrirá para LLP el Mundial de Inglaterra, tal lo prometido ante escribano.

  4. Johny Malone Says:

    Una vez, caminando por Rosario, pasé al lado de una cancha de rugby. Parte de una tribuna estaba ocupada por las mujeres y los hijos de los jugadores. En un momento, uno se acerca a la esposa o novia: ella comenzó a decirle cosas, a indicarle que se suba las medias y a peinarlo (creo que le faltó hacer algún ajuste en el collar). El tipo no decía nada, a lo sumo asentía; al final, dio media vuelta y volvió al redil, inflado como toro entre las vacas. Ella lo miraba como el estanciero que engorda el ganado con la vista. Son gente que tranquilamente pueden secuestrarte.

  5. Yupi Says:

    Efectivamente, uno veía a Branca, Porta, el flaco Ure, Perica Courreges, y lo primero que temía era que se pusieran a secuestrar gente. No diga disparates. El rugby de antes tuvo costumbres terriblemente aplanadoras y otras excepcionales. Hablo en pasado porque ahora es una profesión. Se acabó el romanticismo, precisamente lo que definía a los viejos jugadores, capaces de obrar un milagro aislado pero no de mantener el nivel. ¿Cómo podían mantenerlo si pagaban por jugar? En fin, ya todo eso es historia. Fue un bochorno y fue grandioso, fue lo que fue.

  6. burzaco Says:

    para johny Malone, una boludez tu comentario sobre lo que viste desde…..la vereda en Rosario, me parece que generalizas como demasiada ligereza. criminales hay en todos los estratos y profesiones.

  7. jose Says:

    no era una joda?

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