Plaza de la Independencia, Esenin, Echeverría

por Pablo Anadón

El de hoy, martes 25 de agosto, que ya es ayer, fue un día tristísimo para mí. A la medianoche del lunes me había enterado de lo que ocurría en Tucumán y me quedé casi toda la noche en vela, siguiendo las noticias que llegaban de allá por las redes sociales y por la información de los escasos medios de prensa que le prestaban la debida atención, como quien acompaña desde lejos, en el pensamiento, a los que a esas horas estaban en la Plaza Independencia de Tucumán, un lugar de entrañable memoria para mí, a la que he dedicado incluso algunos poemas.Por la mañana, sin embargo, debía entrar a trabajar temprano, y sea por el desvelo o por la medicación que tomo, no hubo manera de que abriera los ojos antes de las dos de la tarde. Pasé el resto del día dentro de mi casa, desasosegado, sin saber muy bien por qué, asomándome a la ventana para ver la gente y el agua pasar por La Cañada de la ciudad de Córdoba, escuchando durante horas canciones rusas sobre poemas de Serguiéi Esenin, poeta que puede ser considerado una de las víctimas de la Revolución bolchevique, a la cual sin embargo prestó una fervorosa adhesión. Por ejemplo, una bellísima canción basada en los últimos versos del poeta campesino, escritos la noche de su suicidio, con su propia sangre, porque no contaba con tinta en el hotel de San Petersburgo donde se ahorcó el 28 de diciembre de 1925, a los treinta años. Las palabras están dedicadas a su amigo, el poeta Volf Ehrlich, y aquí una versión intentada por mí: “Adiós, amigo mío, adiós. / Querido mío, estás aquí, en mi pecho. / La fatal despedida / Promete, en el futuro, nuestro encuentro. // Adiós, amigo mío, adiós: sin un abrazo, / Sin palabras, sin ceño de dolor, sin tristeza― / Que no es nuevo morirse en esta vida, / Ni vivir, desde luego, es cosa nueva.”

buenosaires.autopista

Estuve luego releyendo el Dogma Socialista de Esteban Echeverría, buscando en esas sabias y serenas declaraciones de aquellos jóvenes de la perseguida “Asociación de Mayo”, en los orígenes de la república, una respuesta al enigma de la discordia que todavía hoy la divide. Pues bien, dado que mi estado de ánimo no mejoraba, me acosté temprano, diciéndome “Mañana será otro día. Ojalá sea mejor”. Me desperté a la mitad de la noche, ahora, pensando nuevamente en la plaza de San Miguel de Tucumán, en frases de Echeverría y en uno de los poemas sobre la Plaza de la Independencia. Busqué el poema, publicado años atrás por La Gaceta de Tucumán y luego incluido en el libro El trabajo de las horas (2006), y al releerlo me asombró la actualidad que tenía, no por cierto porque profetizara lo ocurrido la noche pasada, sino por el escepticismo sobre el destino del país que me parece percibir en esos versos:

La flores del lapacho

               (Plaza de la Independencia,
San Miguel de Tucumán)

Alguien te hablaba, hoy, de los lapachos
en flor. Ya suben,
violetas, por la tarde
como novias de un cuadro de Chagall.

Ahí estás, en el banco de una plaza
de tu país, abriendo
la palma de los ojos
a ver si algo les deja
una moneda de alma.

Debe haber terminado la misa de las ocho
porque ha pasado, lentamente,
un cortejo de hombros encorvados
—¿hacia dónde?—:
Piedad por esa estela
de colonia, de ausencia, de cansancio;
piedad de mí, de vos, de nuestros hijos
que un día velarán nuestro silencio
y arrastrarán sus pasos
por alguna otra plaza.

               Como un dios
que se ha sentado al borde del camino,
la sombra de lo eterno
se remansa en el aire donde tocan
de nuevo las campanas. Para todos,
vuelan lejos las flores del lapacho.

Ya despierto, me he quedado intentando poner orden en ese revoltijo de sentimientos y de pensamientos, buscando desenmarañarlos, encontrar la punta de ese ovillo intrincado. ¿Existía esa punta, ese hilo de oro, si es que “algo, que ciertamente no se nombra / con la palabra azar, rige estas cosas”? He aquí el resultado de mi intento.

Lo que evidencia la muerte de Serguiéi Esenin, a cuyo final trágico colaboró el aislamiento a que lo redujo el régimen soviético, que no veía con buenos ojos la veta intimista y campesina de su poesía, lo que constatamos en la persecución de los intelectuales de la “Asociación de Mayo”, es algo parecido, algo que estos jóvenes ya advertían en las primeras páginas del Dogma Socialista: “La política debe encaminar sus esfuerzos a asegurar por medio de la asociación a cada ciudadano su libertad y su individualidad. La sociedad debe poner a cubierto la independencia individual de todos sus miembros, como todas las individualidades están obligadas a concurrir con sus fuerzas al bien de la patria. La sociedad no debe absorber al ciudadano, o exigirle el sacrificio absoluto de su individualidad. El interés social tampoco permite el predominio exclusivo de los intereses individuales, porque entonces la sociedad se disolvería, no estando sus miembros ligados entre sí por vínculo alguno común. La voluntad de un pueblo o de una mayoría no puede establecer un derecho atentatorio del derecho individual, porque no hay sobre la tierra autoridad alguna absoluta, porque ninguna es órgano infalible de la justicia suprema, y porque más arriba de las leyes humanas está la ley de la conciencia y de la razón.”

¿Qué evidencia la manifestación popular en la Plaza de la Independencia? El hartazgo de la sociedad de que se pisoteen los derechos de los ciudadanos, la voluntad individual de los ciudadanos, expresada a través del voto, por los intereses de facciones provinciales o nacionales que se arrogan el derecho de hacer primar, por los medios que fuere, lo que consideran la representación del pueblo en su totalidad, como si un partido pudiera absorber la totalidad de tal representación. Las elecciones en Tucumán, en efecto, han resaltado de manera patente los males de la democracia argentina desde hace ya demasiados años. En primer lugar, claro, la corrupción, que es a la primera a la que se refieren los jóvenes de la “Asociación de Mayo”: “Al que adultere con la corrupción ―anatema.” Luego, y relacionada con el mal precedente, esa forma no demasiado solapada de corrupción de la voluntad popular que es la coacción por medio de limosnas y prebendas para obtener votos, medio utilizado por diversos partidos a través de los oportunos bolsones y las oportunas dádivas repartidos en ocasión de las elecciones. En tercer lugar, el empleo de fondos públicos para sostener las campañas partidarias: si en la Argentina se realizara ―como nos auguramos que se haga un día― una investigación judicial como la que se emprendió en Italia con la operación “Mani Pulite”, se me ocurre que pocos partidos quedarían impolutos. Luego, la degradación de las instituciones republicanas ―legislativa, judicial, ejecutiva―, cuya independencia pocas veces se ha visto tan transgredida en un período democrático. Si consideramos que durante la manifestación y la represión de la multitud en Tucumán sólo un medio informativo transmitía lo que ocurría en la plaza y el modo en que a posteriori fue presentada la noticia por los diferentes medios, advertimos que también la independencia de ese cuarto poder que es la prensa se encuentra seriamente lesionado en nuestro país. La lista podría continuar ―los gremios, los sindicatos, el nepotismo, el empresariado adicto a una u otra facción política, etc.―, pero lo apuntado me parece que es suficiente para mostrar hasta qué punto se encuentra dañada, gravemente dañada, la democracia argentina.

¿Esperamos las primeras víctimas de este estado de violencia latente, que cada vez se muestra más patente, en nuestra sociedad, como fueron, en Rusia, las muertes de Esenin, de Maiakovksi, de Mandelstam, de Tsvietáieva, etc., y en la República Argentina la persecución de la Generación de 1837, que inició una larga y triste tradición de exilio y muerte a los disidentes? El grito en San Miguel de Tucumán es un primer signo de alarma. “¿Callaremos ahora ―escribió Rubén Darío― para llorar después”?

Foto: Flavia de la Fuente

9 comentarios to “Plaza de la Independencia, Esenin, Echeverría”

  1. Johny Malone Says:

    Pienso en los eufemismos. “Federalismo” suena lindo y cualquier cosa que lo cuestione parece provenir del viejo unitarismo. O de “lo porteño”, como se escuchó estos días. ¿Se puede seguir bancando a un feudalismo delincuente disfrazado de federalismo?
    Otro: “Negociar” es lo políticamente correcto, todo lo que no suene parecido es autoritario. Pregunto: ¿se puede negociar indefinidamente con la mafia imperante en provincias y municipios?
    Lo curioso es que la gente se llena de eufemismos, las personas compiten por quién es la más políticamente correcta… mientras los Alperovich y los Insfrán siguen ganando y diseñando un país de horror.
    Entretanto, del otro lado, la armonización budista se funde con la hipocresía católica.

  2. Yupi Says:

    Estuve tres veces en Tucumán. De chico, de muchacho y de grande. En esos treinta años apenas noté cambios significativos. Si bien no es un lapso muy grande de tiempo es el mismo en el que los pueblos rurales españoles pasaron del atraso absoluto a una vida normal, incluso próspera, y en la mayoría de los casos sin los recursos que generosamente provee la tierra argentina. ¿Cómo se explica la inmovilidad? ¿Incompetencia, desidia, lisa y llana estupidez? No lo sé. El sábado Alberdi cumple 205 años.

  3. Eduardo Reviriego (Daio) Says:

    No se puede dejar de subrayar la importancia que tienen las manifestaciones públicas como las de la Plaza de la Independencia.
    Ello se debe a que, por un lado la elección no supone una transferencia de poder de los ciudadanos, sino un modo de designación de aquellos que lo van a ejercer, puesto que los electores no han adquirido más competencia que la de elegir. El poder de los ciudadanos sobre sus representantes no es más que un poder de nombramiento, que no puede interpretarse como una delegación de poder, y si bien la actividad electoral tiene un carácter colectivo, en cuanto a su ejercicio, el cuerpo electoral no constituye un ser colectivo, no es una asamblea de ciudadanos que permanece después de la votación. Pero por otro lado, la democracia también significa elecciones y algo más. De modo que el momento electoral -por crucial que resulte para la vida democrática- solo representa uno de los momentos posibles del proceso de representación democrática. De la misma manera que no agota la representación democrática, tampoco constituye una forma excluyente de compromiso ciudadano: en democracia existe mucha vida democrática entre elección y elección. Una vez aseguradas ciertas condiciones mínimas que resguarden ese derecho, los principales problemas de una democracia ya no radican en las elecciones sino principalmente, en lo que sucede después de ellas.
    Esto no solo es lo que muchos desconocen, sino que también es lo que los vivos de siempre tratan de ocultar. No hay que dejar de ejercer el derecho a la protesta y no asustarse por las descalificaciones que se esgrimen desde el poder.
    Como ha señalado Ralf Dahrendorf; “Vivimos en sociedades que cada vez con mayor frecuencia se pueden definir como democracias sin demócratas, en las cuales los ciudadanos no ejercen su tarea de ciudadanos. Una democracia no vive sin una cultura democrática, compartida y alerta. Una democracia conformada por demócratas finalmente hace cada vez más difícil la vida de quienes están en el poder, mientras que una democracia autoritaria hace demasiado fácil la vida para los que mandan. Pertenecer a una comunidad de ciudadanos supone el deber de ejercer un control bien informado, cotidiano y permanente obre el manejo de la cosa pública.”
    Estos conceptos los he tomado del excelente ensayo colectivo: Las urnas y la desconfianza ciudadana en la democracia argentina. Isidoro Cheresky (compliador). HomoSapiens. Rosario. 2009.

  4. Johny Malone Says:

    Por suerte, desde el Vaticano, llegan noticias revitalizadoras…: http://www.abc.es/sociedad/20150826/abci-papa-padres-ninos-rezar-201508261306.html

  5. ericz Says:

    Sobre lo que dijo Yupi, el cambio español ha sido tan grande que pienso ¿cómo hará un chico para entender la literatura de los setenta, de la posguerra? Esos bodrios que intentaban respirar un poco de libertad entre sacristanes, viudas y toros. Pensará que… que es una mala invención.
    De la que se salvaron cuando se unieron a Europa.

  6. Yupi Says:

    Sí, pero la solución la encontraron los propios españoles, y nadie sabe con exactitud por qué salió bien. Seguramente la clave fue acordar un pacto tácito. Si tuviera que arriesgar su contenido diría:

    1. No habrá comunismo ahora, ni mañana, ni nunca.
    2. Si no quieren ir a misa no vayan, pero la iglesia no se toca.
    3. El rey, los príncipes y demás duques tampoco se tocan.
    4. Cada comunidad tendrá su autonomía, siempre y cuando no jueguen a los separatistas.
    5. A vivir que bastante hemos sufrido.

  7. Eduardo Reviriego (Daio) Says:

    Yupi:
    En línea con lo que escribes, las reinas no solo no se tocan, sino que también hay una sola, por lo que hay que terminar con las falsas:
    http://www.infobae.com/2015/08/27/1751301-una-diputada-kirchnerista-quiere-eliminar-la-palabra-reina-los-concursos
    Que bueno que nuestros legisladores se ocupen de las cosas importantes, qué sería de nuestro país sin su sabia labor.

  8. Yupi Says:

    Calfucurá la habría lanceado ahí nomás, por las dudas. No estaba descaminado Belgrano cuando propuso importar un inca. Igual el grado de confusión es prodigioso. 200 años después el país todavía está haciéndose y no hay un acuerdo mínimo sobre cómo hacerlo. Vamos a los ponchazos. Como me dijo una vez el boletero del Ital Park: “Todo funciona, menos el hombre”.

  9. Eduardo Reviriego (Daio) Says:

    Cristina: ¡Mira quien habla!:
    -¿Entonces cree, por ejemplo, que puede tener puntos de encuentro con gente del Partido Popular?
    -Claro que sí. Mira: yo nunca he querido estar en política. Acepté liderar esta candidatura porque me pareció que era un momento histórico para Madrid, que llevaba más de 25 años con un ayuntamiento del PP y toda la sociedad madrileña progresista, abierta y joven no se identificaba con unas actitudes muy tradicionales. En la campaña, la gente se quedaba sorprendida de que yo dijera que un candidato de otro espacio decía cosas interesantes. Hasta que no podamos reconocer eso, la sociedad no avanza porque pierde pluralidad y diversidad. Es absurdo, la sociedad tiene que cambiar su modo de organizarse y encontrar nuevas maneras de hacer política y creo que para eso los partidos sobran.
    -¿Tomó medidas anticorrupción a su llegada al ayuntamiento?
    -Sí, pero aún nos falta: queremos crear una oficina antifraude independiente del ejecutivo municipal y con participación de todos. Hasta ahora hemos tomado medidas en el sentido de hacer una mayor clarificación de todos los procesos y, sobre todo, renunciar a cualquier tipo de privilegios. Es muy difícil y muy peligroso que se piense que la política es una manera de hacer negocios. Los coches oficiales, palcos en teatros, todo esto está desapareciendo. Utilizamos el transporte público. La vida diaria, llegar al trabajo, tiene que ser un acto normal como el de todas las personas y no vivir en una estructura de privilegio o que la política sea algo que te mejora la vida desde el punto de vista económico.

    http://www.lanacion.com.ar/1822541-manuela-carmena-hay-que-encontrar-nuevas-maneras-de-hacer-politica

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