Diario intermitente (30)

por Quintín

30 de julio

El otro día, el Yupi puso un link a una entrevista que Raquel Garzón le hizo a César Aira para Babelia, el suplemento cultural de El País español. Es una buena charla, en la que Aira se muestra más abierto que de costumbre, más distendido. Casi el mismo día apareció una entrevista en ABC, otro diario español, que es un poco más distante pero también sugiere que Aira podría estar ingresando en otra etapa de su carrera literaria (y de su vida). Ambas notas sirven de promoción en España para El santo, su última novela, que Random House publicó a ambos lados del océano. Pero tengo la impresión de que Aira le está tomando el gusto a un género en el que, sin mucho esfuerzo, podría ocupar el lugar de Borges, ya que tiene respuestas filosas e interesantes para cualquier cosa que se relacione (en principio) con la literatura.

Solicorredenuevo

Imagino también que Aira, a los 66 años, debe estar cansado de una soledad autoimpuesta y puede empezar a derribar la pared que lo separa de ser un escritor mediático, incluso un escritor famoso. El otro día, Flavia me contó que habló con una persona de Coronel Pringles, que le preguntó si conocía la ciudad. Ella le contestó que no, pero que la conocía de nombre porque de allí era un escritor tan importante como Aira. Su interlocutor contestó: “qué raro, porque nunca escuché hablar de él”. Evidentemente, Flavia pensaba que Aira era tan bueno que no podía menos que ser famoso. Pero creo que no falta demasiado antes de que Aira cruce esa barrera y sea, finalmente, conocido por ese señor de Coronel Pringles.

Ayer hojeaba distraídamente Estudios literarios, un libro de Paul Valéry, y me tropecé con este pasaje, que tan bien se aplica al caso de Aira, aunque Valéry hablaba de Stendhal.

Nuestros talentos nos presionan a emplearlos; la formación viva e incesante de ideas engendra una extraña impaciencia por producirlas. La obra futura fermenta en su autor futuro. Pero tal furor quiere vender nuestra alma a los demás; este poder, cuando finalmente se vierte y corre, nos lleva casi siempre lejos de nosotros mismos; arrastra al Yo a donde no pensaba ir. Lo compromete en un mundo de exhibiciones, de comparaciones, de valoraciones recíprocas, en el que, en cierto modo, se convierte a sí mismo en un efecto del efecto que produce en un gran número de desconocidos… El hombre conocido tiende a no ser más que una emanación de ese número vago de desconocidos, es decir, una criatura de la eopinión, un monstruo absurdo y público ante quien el hombre verdadero poco a poco cede y se conforma.

Escuchamos las tentaciones de nuestras posibilidades a expensas, quizá, de lo más precioso de nuestro corazón; a expensas de cuanto es celoso, salvaje, incomunicable, y quiere serlo. Este candoroso isleño y este (no menos) amante de la gloria se las arreglan finalmente en un solo y mismo destino.

¿Como escapar a esta oposición de dos instintos capitales de la inteligencia? Uno nos excita a solicitar, a forzar, a deducir las mentes al azar. El otro nos llama celosamente a nuestra irreductible soledad, a nuestra irreductible condición de extraños. Uno nos impulsa a parecer y el otro nos anima a ser y a confirmarnos en el ser. Es un conflicto entre cuanto demasiado humano hay en el hombre y cuanto no tiene nada de humano y no se siente semejante en absoluto. Todo ser fuerte y puro se siente algo completamente distinto a un hombre; rechaza y teme candorosamente reconocer en sí uno de los ejemplares indefinidamente numerosos de una especie o de un tipo que se repite. En toda persona profunda, hay una virtud escondida que engendra incesantemente a un solitario. Esas personas, al contacto con el recuerdo de otros seres, sienten vivamente por unos instantes un dolor especial que las atraviesa viva y bruscamente y les hace encerrarse enseguida en una isla íntima e indefinible.

Aira ha venido cultivando una obra que está ligada a la soledad del que vive de un modo diferente. Sus maniobras (no dar entrevistas en el país, publicar en distintas editoriales), atribuidas a cálculos maquiavélicos pero, en el fondo, una simple estrategia para no quedar atrapado, le funcionaron muy bien hasta ahora. Pero en esta época, la situación que tan bien describía Valéry se vuelve cada vez más complicada y sería muy raro que un autor como Aira siga mucho más tiempo separado de la fama internacional (e, incluso, de una parva de dinero).

Escucho a Charlie Feathers, de quien hasta ayer no había sentido hablar. O sí, pero me había olvidado. Feathers (1932-1998) fue un músico de rockabilly que empezó con Elvis pero no llegó a ninguna parte. O al menos, a la fama de sus contemporáneos. Escuchando sus grabaciones, que no fueron muchas, uno se pregunta por qué Charlie Feathers no lo logró: tenía una voz extraordinaria, una energía notable y un estilo en el que el country y el rock se juntaban con un brillo singular. Al parecer, el problema de Charlie era que quería hacer todo a su manera y nunca logró que le editaran los discos como quería. Siguiendo a Valéry, es probable que sus demonios de singularidad primaran por sobre sus demonios de popularidad. Greil Marcus dice de Feathers que: “era todo lo que el rockabilly debió ser”. Peter Guralnick lo retrata en Lost Highway, un libro notable en los que se habla de los olvidados pioneros del rock, pero no lo deja demasiado bien parado. Cuenta una noche de Charlie en los setenta, tocando en un boliche de las afueras de Memphis con una banda formada por su familia e insistiendo en fue él quien inventó el rock and roll, o poco menos. Aunque Guralnick no se llevó muy bien con Feathers, un tipo ciertamente difícil, dice que el tipo tenía algo distinto y es un músico de culto cuyos fanáticos reconocen esa grandeza. Cuéntenme entre ellos.

En estos días se me dio por leer a Faulkner, otro natural de Mississippi como Charlie Feathers. Tal vez Faulkner haya escuchado a Charlie, aunque parece difícil que don William le prestara atención al rockabilly. ¿Qué música escucharía Faulkner? Me puse con los Cuentos reunidos, pero al mismo tiempo leía Intruso en el polvo y hojeaba la colección de Ensayos y discursos que apareció hace poco. Hay algo en Faulkner que pocos escritores logran: que algunos lectores se quieran quedar a vivir en su obra. Tanto, incluso, como para querer escribir una obra paralela a la suya (en castellano tenemos a Saer, a Onetti, a Benet). Pero tengo la impresión de que el faulknerismo no tiene demasiado futuro: a su modo, era un escritor humanista, creía en la reconciliación y eso ha pasado completamente de moda. Incluso, sus mitos se han desgastado, en especial el del sur americano, pero también el de un país como Estados Unidos que se empeña en hacer irreconocibles ciertas voces del pasado, las que le permitían convivir con él. (En la literatura argentina, el progresismo y la academia lograron que todas las voces que vienen del pasado se convirtieran en voces de muerte y no creo que haya modo de evitar ese destino). Pero a los americanos no les va mucho mejor en ese sentido. Cuando Faulkner vivía, la Guerra Civil estaba todavía viva en la memoria. Hoy, después de la masacre en Carolina del Sur que terminó con la supresión de la bandera confederada en la legislatura del Estado, se ve que el tema no admite más que discusiones controladas por la corrección política. Hace todavía cuarenta años, The Band (entre otros grupos musicales) podía tocar con la bandera del sur en el escenario. No creo que hoy sea posible y, de todos modos, no creo que a nadie le importe salvo a los racistas y a los inspectores de la corrección. Tal vez la popularidad de Faulkner decline pero en cien años esté de vuelta. Después de todo, como Charlie Feathers, era el mejor de todos.

Hay varios discos de Feathers en Spotify, pero no está el que se supone el mejor de todos, una antología llamada Get with It: The Essential Recordings (1954-1969), del fantástico sello Revenant. Allí hay, entre otras rarezas inéditas, temas de Feathers con Junior Kimbrough, a quien él consideraba su maestro y el mejor músico country/blues de la historia. Estamos a mitad de camino. Años atrás no habría podido escuchar casi nada de Charile Feathers; hoy no podemos todavía escucharlo todo. Y es una lástima, porque ya es hora de que toda la música esté disponible. Pero no nos quejemos tanto: hay cinco discos de Junior Kimbrough en Spotify.

Ayer leí un libro que se editó en 2014, pero fue a parar a una de las insondables pilas de las que emergió, como siempre, mientras buscaba otra cosa. Es un libro publicado por Eterna Cadencia, escrito por Roque Larraquy e ilustrado por Diego Ontivero, que se llama Informe sobre ectoplasma animal. Larraquy había sorprendido a todo el mundo en 2010 con La comemadre, una alucinada incursión en las prácticas médicas de principios del siglo XX. Esto es más raro todavía, porque aquí habla de una seudociencia llamada ectografía, dedicada a capturar las huellas del ectoplasma de los animales muertos. La novela (porque es una novela), consta de textos muy breves (alrededor de una página) acompañados por las bellas ilustraciones cubistas de Ontiveros y está impresa en papel ilustración (se lee en una hora, o algo así). La prosa de Larraquy es sobria y magistral y el libro pasa de lo cómico a lo siniestro mientras a lo lejos se escuchan los ruidos del golpe militar de 1930. Larraquy es de un nivel de sofisticación asombroso (aunque sus ideas estén acompañadas por el saber académico contemporáneo), pero lo es más aun que pueda publicar una rareza de este calibre. Tener ese libro en casa es, en algún sentido, como tener cuadros originales: es un objeto ante el que la admiración se inclina.

Escucho ahora el primero de tres discos de Charlie Feathers que se llama Charlie Feathers – Wild Side Of Life: Rare and Unissued Recordings Vol. 1. Es buenísimo el disco, pero uno de los graves problemas de Spotify es que no hay la más mínima información del material que contiene cada disco. Es como si estuviéramos avanzando hacia un modo de escuchar música que consiste en tenerla toda sin saber lo que es, como si se hubieran borrado todas las tapas de los discos, sus créditos y sus liner notes. Cuánto mejoraría un programa que tuviera textos para acompañar a la música que ofrece. ¿Existirá alguna vez?

Hoy recibí el último tomo de los Diarios de Ernst Jünger. Empieza en 1991 y se detiene en 1996, cuando tenía 101 años (Jünger murió a los 103). El título del libro es Pasados los setenta. V. Tengo todos los diarios de Jünger y siempre pienso que leeros enteros es otra empresa interminable que habría que acometer (igual tengo que terminar con Proust y leer todo Faulkner, entre otras cosas) así que le pedí este tomo a la editorial. Lo abro y tengo la impresión de que Jünger, a los noventa y seis, escribía como un chico asombrado por cada hecho cotidiano. Empieza hablando de alguien que escribe palíndromos. Explica lo que es un palíndromo como “lo que marcha hacia atrás” (se me ocurre una adivinanza: ¿cómo se llama el animal que marcha hacia atrás y no es un cangrejo?; respuesta, el palíndromo), pero incluye las palabras o frases que dicen una cosa al derecho y otra al revés, no necesariamente la misma. Después pone una más larga, cuya traducción es “un negro con una gacela jamás vacila bajo la lluvia”. No se me ocurre nada más alemán que esa frase. Luego, Jünger se pone a contar sueños, los mezcla con referencias mitológicas, habla de las luces de las ciudades en los vuelos nocturnos, se queja de la gente que no quiere oír hablar más de él y pasa a las flores de invierno en su jardín. Y después cuenta más sueños. Es todo absolutamente encantador, aunque nadie lo publicaría si no fuera de Jünger.

Foto: Flavia de la Fuente

43 comentarios to “Diario intermitente (30)”

  1. Yupi Says:

    Buena y típica la anécdota de Pringles. Confirma que un escritor es del lugar cuando se puede hablar mal de él, no bien. A lo mejor ese señor lo conoce como “el hijo de Isabel” o “el sobrino de la Pepa” o alguna nomenclatura pringlense, y no ve la necesidad de saber que además se hizo un escritor conocido.

    Una vez en New Orleans paré en el hotel Monteleone y le pedí al recepcionista si podía darme la habitación que tomaba Truman Capote. Sólo en estatuas he visto una mirada tan perdida. Contestó que no conocía ninguna persona con ese nombre y me dio un plano de la ciudad. Al otro día fui a la casa de Faulkner decidido a mirar su biblioteca sin hablar con nadie. Como si fuera un sketch preparado, me trataron con tanta efusión que hasta me dejaron sentar en el escritorio de Faulkner (está prohibido).

  2. lalectoraprovisoria Says:

    Tenemos un comentarista que se sentó en el sillón de Faulkner. Este blog es lo más.

    Q

  3. Marcia C. Reiriz Says:

    Bueno el extracto de Valery! Valoro el estilo que tiene Aira de relacionarse con el mundo superficial y mediatico. No creo que la fama lo cambie. En cuanto a sus entrevistas, lo percibo muy libre y sin concesiones. Su obra y su persistencia también me sorprenden gratamente sin estar entre mis preferidos. En cuanto a Faulkner y sus cuentos, creo que nadie podrá superar “Una Rosa para Emily” y te doy un consejo, Quintin, prudencia al leer todo Faulkner. Borges, hablando de una vez de Onetti, a quien casi nunca mencionó como escritor y ante un pregunta en España, dijo “Nunca pudo disfrutar a Faulkner porque lo leyó todo”. Saludos cordiales

  4. Johny Malone Says:

    Bobadas. La bandera confederada sigue haciendo quilombos.

  5. lalectoraprovisoria Says:

    Claro que sigue haciendo quilombos. Como símbolo racista. Y esa no era la idea.

    Q

  6. Yupi Says:

    Ja ja Tenía que decirlo alguna vez. Con lo que queremos a Fulkner en este pueblo…
    http://www.youtube.com/watch?v=_-HsaMb8bhw
    .

  7. Johny Malone Says:

    Muchos antirracistas también la quieren.

  8. lalectoraprovisoria Says:

    Malone. Es lo que intenté decir, pero vos lo interpretás todo a tu manera.

    Yupi. ¿Qué es esa cosa horrible?

    Q

  9. Johny Malone Says:

    ¡Obvio!
    El tema con Faulkner es que después se le cruzó García Márquez, que pasterizó al naciente realismo mágico norteamericano.
    ¿Leíste a Erskine Caldwell? ¿A James Lee Burke y su detective sureño Dave Robicheaux?

  10. lalectoraprovisoria Says:

    No y no. ¿Valen la pena?

    Q

  11. Yupi Says:

    Una despedida a José Sazatornil, el gran Saza.

  12. lalectoraprovisoria Says:

    ¿Pero qué película es esa?

    Q

  13. Johny Malone Says:

    Caldwell me gusta mucho, tiene un humorismo trágico y sexual muy sureño. Si no recuerdo mal, Ford llevó al cine su novela “El camino del tabaco”.
    Burke es un tanto barroco: se lo quiere o se lo odia.

  14. Yupi Says:

    “Amanece que no es poco”. Una comedia surrealista con algunas líneas divertidas que pasaron al humor popular. Tiene grandes actuaciones de Saza y de Luis Ciges.

  15. lalectoraprovisoria Says:

    Me la había olvidado. Creo que la odié en su momento.

    Q

  16. Yupi Says:

    Y sí, es un poco el equivalente español de Esperando la carroza.

  17. lalectoraprovisoria Says:

    Tengo una confesión que hacer. Nunca vi Esperando la carroza.

    Q

  18. Marcia C. Reiriz Says:

    Erskine Cadwell es un gran escritor!!! No solo “El camino del tabaco”, sino también esa novela inmensa “La chacrita de dios”. Hace mucho que no lo veo editado. Era considerado el maestro del diálogo Sus diálogos son muy sutiles. Pese a ser un sureño filo anarquista, cosechó la admiración de Anthony Powell que, desde las antípodas, confesó haber aprendido de sus diálogos. En la Argentina lo publicó Luis Gregorich en los años 70 en la colección de Narradores de Hoy que dirigía en el Centro Editor de America Latina. Salvando las distancias también lo admiraba Osvaldo Soriano……
    Saludos amigos y coincido con Q. que humildemente dice que este blog es lo más.

  19. Yupi Says:

    Eso sí que es raro. ¡Hasta yo la vi! En ese caso la gran actuación fue de China Zorrilla. La voz más argentina que conocí era uruguaya, como Gardel.

  20. Yupi Says:

    Hablando de raros, acá un texto de Aira. No es un cuento, como dice la entrada, sino una conferencia que dio sobre la escritura manuscrita. Pero Aira tiene la cualidad de que los errores sobre su escritura nunca sean errores, así que podría ser un cuento. De cualquier forma es un texto glorioso que debe leerse con calma. Niños, no lo intenten en sus casas.
    http://www.yaconic.com/johnson-un-cuento-inedito-de-cesar-aira/

  21. lalectoraprovisoria Says:

    Es increíble ese texto de Aira. ¿De dónde salió, qué es esa revista?

    Q

  22. Yupi Says:

    No conozco la revista. El texto es la transcripción de una conferencia sobre “La escritura manuscrita” (creo era ese el título). El mejor Aira. Copio un pasaje que me produce la misma impresión que Messi cuando pasa por donde no se puede:

    En su lugar, tenía en la pared de mi cuarto la foto enmarcada de otra obra suya: era un viejo despacho, probable oficina de repartición pública probablemente desafectado y abandonado, con los escritorios, armarios y estanterías cubiertos de nieve. Había nevado bajo techo. Sin justificación aparente, se había puesto el exterior en el interior, el artista había puesto al alcance de la mano el paisaje, el clima, el mundo, en el lapso de la nieve y del abandono. Era lo que Kant habría llamado una “precipitación subrepticia”, la nieve de los fantasmas. La poesía de lo imposible había traído el pasado a la casa, para examinarlo. Pero el tiempo no hablaba. Era sólo el silencio que se acumulaba sobre los muebles, un criadero de nieve, como una tristeza sin causa cuando se suspende la realidad.

  23. Alicia Gómez Says:

    César Aira y Pringles. Vivo en Pringles. Y Aira es tan distante y tímido aquí como en el resto del mundo. Venía seguido en vida de la madre -Isabel-, no sé qué hará ahora. Aquí quienes leen o van a la Biblioteca, lo conocen. Pero la mayoría, no. Aquí también se sienta en los bares a practicar su “escritura manuscrita”. Solo que aquí -si nos interesa- podemos re-conocer a los protagonistas de sus obras, recorrer las calles, saber que “el hotel” de El cerebro mágico es el hotel Pringles, recordar al pintor José A. Triano, nos cruzamos con el Omar amigo de su infancia. A quienes lo leemos, siempre nos trae esos recuerdos. Según su amigo, Arturo Carrera -nuestro gran poeta-, difícil que vuelva por acá.

  24. Yupi Says:

    Una vez de Pringles, siempre de Pringles. Se dirá que la gente cambia. Es cierto en general, pero no en el particular de los escritores, que para que valga la pena lo que escriben necesitan seguir leales al niño que fueron. Por eso me gustó ver El cerebro musical en el New Yorker. Fue un poco como poner al pueblo en el New Yorker. Lo que se dice un largo camino.

  25. lalectoraprovisoria Says:

    Se viene el Nobel.

    Q

  26. Arcadia Libros Says:

    Quintin,busca el camino del tabaco en tu casa (en su momento llevaste la hermosa edición de Alba)

  27. sebastián andrés sánchez Says:

    A ver : ´¨ la chacrita de Dios ¨, de Cadwell ,la llevó al cine el gran Anthonny Mann , actuaba Robert Ryan. Seguro que la viste Q,,se puede descargar.

    Y que diferencia hay que a Aira lo conozcan en Pringles, o en Buenos Aires si total nadie lee a nadie salvo los que tenemos ganas. Seguro que el pringlense ése conoce a Celeste Carballo, o a la familia Epumer.

  28. Yupi Says:

    Ninguna. Pringles es el principio y el fin. Es el camino del Tao. Aira mismo puede hablar con igual persuasión de Flores, Rosario o Duchamp que seguirá hablando de Pringles. La llave maestra está en el sur. También está la momia del Dr. Torrontegui, que pueden visitar en la que fue su estancia.

    Quintín. Veo que arrancaste las elecciones españolas peleándote con Albert Rivera. ¡Tratá que no nos metan presos!

  29. burzaco Says:

    Una pregunta, Aira ha escrito poesía, hay alguna publicación de su poesía que me puedan recomendar.
    gracias

  30. lalectoraprovisoria Says:

    No me peleé con Rivera, le recomendé que dejara espacios después de los puntos. Es para mejorar su llegada a las masas.

    Q

  31. Yupi Says:

    Burzaco. Ha escrito poesía de muchacho, en Pringles (¿dónde si no?). Junto con Arturo Carrera hicieron una muestra de poemas ilustrados por ellos mismos. No se sabe si quedan registros de aquella gesta, y tal vez no lo sepamos nunca.

  32. Yupi Says:

    Q: ja. Lo peor es que es cierto y no le dará importancia. Tiene que lidiar con una situación complicada, reconozcamos.

  33. lalectoraprovisoria Says:

    Razón de más para escribir como corresponde…

    Q

  34. burzaco Says:

    Gracias Yupi, buscare esa información.
    Es curioso el tema de la poesia, parece que no se puede hacer tan fácil, incluso Aira que es un fenómeno de escritor no pudo seguir esos primeros pasos que mencionas.

  35. La Novia de Troll Says:

    @yupi: texto sublime!! Sin publicar?!que hijo de puta!!

    Gracias por el link y Sdos

  36. LG Says:

    Una de las entrevistas más largas a César Aira que hay en la red.
    El conductor le erra al cambio de plano para tomar agua pero en realidad ni le importa.

    Slds.-

  37. Alicia Gómez Says:

    Yupi: la tumba de Torrontegui fue saqueada hace mucho. No sé qué ocurrió con el doctor, pero la ´momia de su mujer apareció en la casa de un pariente en Bahía Blanca (en la década del 90, pero no recuerdo el año -y algún día juntaré los datos de Paulita Arriaga para contar su historia).
    La exposición de poesía y pintura fue abordada por Aira en Triano (http://exposiciondelaactual.blogspot.com.ar/p/descarga-los-libros-de-la-segunda-tanda.html).
    Parece ser que tan amigos ambos (Aira – Carrera), decidieron optar por géneros distintos. De todas formas, las obras que publicaron en la revista del centro de estudiantes de su secundaria, Tribuna Estudiantil, corresponden a los géneros que luego continuaron (al menos en los ejemplares que se conservan)

  38. Yupi Says:

    Excelente comentario, Alicia. Es bueno porque si le dicen a un porteño, por ejemplo, que la momia de una mujer apareció en lo de unos parientes, enseguida comenta: “Parece una novela de Aira”. ¡No! Es al revés (en literatura siempre es al revés): las novelas de Aira parecen de Pringles, o del sur, más exactamente, donde cualquier rareza es posible y la imposible se da por hecha. No sabía que se conservan ejemplares de la revista del colegio secundario. ¿Son de acceso público? Espero leerlos algún día. Usted siga comentando y escriba la historia de Paula Arriaga.

  39. Yupi Says:

    Cayó un silencio helado sobre LLP. Me puse a buscar datos sobre las momias de los Torrontegui. Alicia tiene razón. Copio el link a la única noticia que se conserva en internet, por supuesto de un diario español, y eso que el Dr. Torrontegui era el padre de Juan Carlos Thorry. Está al final de la página.
    http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1992/12/12/083.html

  40. La Novia de Troll Says:

    Gran trabajo detectivesco!! No sé si Aira, pero Larraquy, menos indiferente a lo siniestro, bien podría agregar un episodio en su Informe. Solo de ajustar los días, las circunstancias y uno o dos nombres propios!! :D

  41. Yupi Says:

    ¿Qué fue de Larraquy? Pero la novela ya la escribió Aira: La cena. Pensar que la crítica al abordarla debe hablar de Barthes, Deleuze, Foucault… ¡y la momia original era el padre de Thorry! Un mérito duchampiano del autor. Si la firmara otro todos pensarían en Thorry y nadie en Foucault. Me voy a dormir con el deseo de que mañana reine la calma y nadie haga trampa. Que no se repita aquella espontánea celebración que supo oírse en unos comicios de hace años: “¡Viva el ladrón Lencinas!”.

  42. La Novia de Troll Says:

    ·”La cena”: leer!! :D

    Viva el ladrón Lencinas,
    con su bote y sin facón,
    San Clemente dejó a Carrió!

  43. Yupi Says:

    Para los cipayos y oligarcas que leen en inglés, acá un artículo de Aira en el New Yorker de ayer.
    http://www.newyorker.com/books/page-turner/time-travel-the-stairs?intcid=mod-latest

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