Diario intermitente (28)

por Quintín

24 de julio

Flavia me exige que diga en este diario que hoy nadó en el mar. No fui testigo directo, pero cuando volví del café vi toda la vereda mojada y cuando entré a casa se estaba sacando el traje de neoprene, la capucha, las medias y toda la parafernalia acuática del invierno. Me dio frío de solo pensar en lo que había hecho.

puerto

Desde el miércoles escucho a Marvin Gaye. Voy por el álbum M.P.G. de 1969. El título viene del nombre completo del cantante: Marvin Pentz Gay. Es su disco más vendedor de los sesenta, de lo más sofisticado del sonido Motown y aunque Gaye todavía no es todavía esa voz tan distinguida que por lo que leo llegaría a ser, el sonido es de una polenta demoledora. El capítulo Motown del soul no lo tengo muy escuchado y este disco es excitante.

En estos días leo una cantidad absurda de libros a la vez. Recién terminé Facsímil de Alejandro Zambra, uno de los jóvenes escritores latinoamericanos (tiene 40) mejor posicionados en el mercado internacional. Acaba de publicar un cuento en The New Yorker y se lo anuncia como “la nueva estrella de la literatura latinoamericana”. Ni Facsímil, ni nada que yo haya leído de Zambra justifica semejante bambolla. En especial este libro de ficción que parte de una idea ingeniosa (aunque un poco vacía): darle la forma de los exámenes que en Chile se toman para entrar a la Universidad. Pero a medida en que el libro abandona la broma de las páginas iniciales y se parece más bien a una colección de relatos, se carga paulatinamente de corrección política y de sentimentalismo. Zambra es un escritor genérico, en el sentido de que parece el producto de una construcción de acuerdo a la demanda. Su producción es más bien escasa, pero prolija y encuadrada en lo que debe decir un escritor progresista de esa región y de esa edad. Zambra escribe como si se sintiera el emergente de una encuesta etaria, geográfica, social, política y cultural. Hay muchos escritores chilenos y argentinos que hacen lo mismo: narrar como si todo el mundo compartiera cierta experiencia vital y refugiarse en esa condición gregaria.

Tal vez Zambra tenga méritos que se me escapan, porque nadie habla mal de sus libros: es un representante de la zona Maxi Tomas, del capítulo países limítrofes. Escrita esta frase, aclaro de nuevo que no tengo nada contra Maxi, sino que me parece una manera muy gráfica de definir una aproximación a la literatura y a la crítica. Si el lector no lo conoce a Tomas, puede ver sus notas para La Nación en la web o comprar su libro Qué leer, que resulta una buena aproximación a esa zona de la literatura que se llama “Zona Maxi Tomas”.

Escucho ahora I heard it through the grapevine (1969). Conocí el tema que le da el nombre al LP por la versión de Creedence Clrearwater Revival que está en Cosmos factory (1970). Por supuesto, no tenía idea de que la había grabado Gaye y había sido un éxito descomunal. De hecho, el álbum se llamaba In the groove, y en la reedición le cambiaron el nombre. Creo, de todos modos, que en El tren fantasma, aquel alucinante programa de Radio Rivadavia, pasaban temas de Gaye. Me viene a la cabeza la voz de Omar Cerasuolo pronunciando su nombre; pero su música no me quedó. En cambio, en ese tiempo escuchaba los discos de Creedence noche y día. Qué bruto era. Qué brutos éramos casi todos los oyentes de los sesenta y setenta.

Foto: Flavia de la Fuente

Una respuesta to “Diario intermitente (28)”

  1. Yupi Says:

    Gran programa El tren fantasma.
    http://www.youtube.com/watch?v=wkzy5clEjxs

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