En el país de los ciegos

por Montañés

Aquejado por una reciente cirugía refractiva en ambos ojos, lentamente voy mejorando la visión. Aunque todavía resulta imperfecta para ver películas (maldición), afortunadamente me deja leer, con sufrido trabajo pero con la suficiente solvencia (óptica, el barullo síquico permanece). Descubro que escribir también funciona como gimnasia ocular vivificante, si no especialmente recomendada para el ojo, sí para la cabeza tristona de estos días borrosos y enceguecedores. Y ya sabemos que la cabeza, que es un animal, es la parte más elevada del ojo, que es el bosque. Así noto que incluso transcribir una cita complace la vieja mecánica de mis ojos renacidos.

elrosedal

«Hacia 1938, Paul Valéry escribió: “La historia de la literatura no debería ser la historia de los autores y de los accidentes de sus carreras o de la carrera de sus obras sino la Historia del Espíritu como productor o consumidor de literatura. Esa historia podría llevarse a término sin mencionar un solo escritor”. No era la primera vez que el Espíritu formulaba esa observación; en 1844, en el pueblo de Concord, otro de sus amanuenses había anotado: “Diríase que una sola persona ha redactado cuantos libros hay en el mundo; tal unidad central hay en ellos que es innegable que son obra de un solo caballero omnisciente” (Emerson, Essays, 2, VIII). Veinte años antes, Shelley dictaminó que todos los poemas del pasado, del presente y del porvenir, son episodios o fragmentos de un solo poema infinito, erigido por todos los poetas del orbe (A Defence of Poetry, 1821)».

Copio el comienzo de «La flor de Coleridge» y se me ocurre continuar un poco la breve dactilografía irrelevante. Aunque inicialmente había pensado menos en transcribir ese fragmento de Borges (o alguno de “La esfera de Pascal”) que en desfigurarlo brutalmente según me venga en gana, como quien lo recuerda muy mal, al estilo de Katchadjian pero tosco e irresponsable.

Luego decidí descartar esa irreverencia conceptual y desvariar enteramente por mi cuenta.

“Enteramente por mi cuenta”, qué ingenuidad… En el fondo eso también es falso o imposible. Solo una afectación. Mi persona y mi nombre —esos espejismos que me hacen nítido— son apenas más originales que mi anatomía o mi complexión, que son a su vez el atavismo quebrado de una masa ignota, y al final todo es tan turbio y tan difuso como mi pensamiento. Como la línea de humo del horizonte, o como las fantasías de un miope. Apócrifos, como un evangelio cualquiera. Mi esencia, que no es menos superflua ni menos volátil que la de un durazno o la de un fósforo, se contamina y confunde con la multitud, como extraviada en un laberinto de espejos deformes. Dicho de otro modo, cualquier don nadie puede tomarse al mismo tiempo como promedio y como desviación del conjunto. Todos son, a la vez, reflejo excéntrico y equidistante de la idea platónica del hombre, que está desenfocada y que nadie acierta a ver con claridad ni a copiar sin errores. La solidez de la materia, como el ruido y como el arte y como cierto género de belleza, es engañosa y está en lo imperfecto, en alguna virtud oculta o en aquello que falla.

Sin esos espejismos de los nombres propios, etiquetas de la imperfección, solo queda la trascendencia de los fantasmas, o bien la literatura, que es eterna; los hombres en cambio mueren y son borrados del universo: al final son evanescentes, todos anónimos. Forman el barro provisorio de la Historia, son a ella lo que el vacío a la bóveda o lo que la cuenca al ojo. Son menos el reflejo de una idea que la distorsión de una paradoja, semejante a la que podrían representar unos puntos móviles y nebulosos que formen la superficie imaginaria de una esfera sin diámetro ni centro definido mediante trayectorias de aceleración en fuga. En definitiva un sinsentido, o una mística olvidada de la Creación, como la escritura de un libro en el agua, o en el vuelo de los insectos.

En Internet, como en las bibliotecas, parece encontrarse esa especie de texto total, escrito en el viento. Ese “libro insigne, cuya materia contiene todo para todos” y que es erigido por todos los poetas y tontos del orbe. Aprender a descifrarlo implica abismarse. Su lectura es una condena a la relectura. Su ejercicio conlleva un hechizo o delirio subrepticio, cambiante, velado, sin sustancia definida pero de ramificación planetaria, como un virus alienígena inoculado en una Babilonia gorda y voluptuosa. Importa, en ocasiones, llanto y tristeza, pero también puede producir una risa convulsiva, y también lascivia y revulsión. También una revelación deslumbrante, un escape mágico hacia otros mundos, el secreto de la omnipresencia (y el de la invisibilidad), una deformidad en el lector, un cataclismo histórico, un deterioro sin remedio, la ilusión de cambiar los destinos y el regocijo de la serenidad. También salva vidas, y las chupa y las ignora y las corrompe. En demasiadas ocasiones es apenas frivolidad y aburrimiento. Y también la banalidad de algunos ensayando, en su medianía o ingenuidad, o en su carácter de cisnes negros, juegos de palabras y de ideas borgeanas que recrean y destruyen sobre un tablero abstracto de teselas simétricas y contrahechas a la vez.

Sobrehumano en su multiplicidad y en su edad, elogio infinito de la vanidad, alambique del más allá y resaca y espiral de fantasmas sin fin, en suma, todo lo que hay para leer. Así se cae esta glosa ebria y trabucada, escondida de lo real, a la deriva en el ojo imaginario de un ciclón de vacío creciente. O, en otras palabras, embutida en un inconcebible globo ocular del tamaño del universo, cuyo centro sea ubicuo y su circunferencia inimaginable y su único destino, a duras penas, observarse a sí mismo.

Foto: Flavia de la Fuente

Anuncios

2 comentarios to “En el país de los ciegos”

  1. Yupi Says:

    Bien, Montañés. Pero no olvide los oídos que bastante dedicación nos llevó la radio. Salud y más salud.
    http://www.youtube.com/watch?v=i4e9SUwL4JM

  2. Montañés Says:

    Salud, amigo, x 1 y x 2.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: