Diario intermitente (22)

por Quintín

6 de julio

Casi una semana sin escribir. En el medio hubo elecciones, la Argentina perdió la final de la Copa América y el kirchnerismo siguió destruyendo lo poco que queda del sistema jurídico. Me dieron el alta de la mordedura, Solita mejoró, pero seguimos sin saber qué hacemos con las pobres perras, a las que no podemos juntar más.

Solita.P1060974

El otro día vi por televisión a Manuel Mora y Araujo en el programa de Pagni (el tipo que pronuncia Scioli como si alguno de los dos fuera italiano). No tengo muy identificado a Mora y Araujo, aunque me pareció un sociólogo competente. Sin embargo, me llamó la atención la facilidad con la que aceptaba al oficialismo y sus figuras. Su excusa científica (digamos) es que el peronismo ha demostrado que sabe gobernar, que una buena parte de la población necesita del Estado y el kirchnerismo aprendió cómo dárselo, además de beneficiar también a otros sectores sociales.

Convencido como estoy de que el camino de la demagogia K (como el de Podemos o el de Syriza y también de la ultraderecha de varias naciones europeas) conduce irremediablemente a la dictadura, me pregunto por qué nuestros intelectuales y, en particular los sociólogos y politólogos, no están preparados para enfrentarse con una situación como esta y la asimilan a mapas políticos de la democracia contemporánea y no se les ocurre pensar siquiera por un momento en el del totalitarismo de entreguerras y de los regímenes que avanzaron sobre un mundo que se suponía ordenado con la facilidad del cuchillo en la manteca.

Creo que los académicos de las ciencias sociales le dejaron el análisis de la ascensión del fascismo y el comunismo a los historiadores, mientras que ellos se ocupaban de cuestiones más contemporáneas y lucrativas como el marketing electoral, disciplina que se ejerce en el mundo occidental asumiendo que nadie está pateando el tablero de la democracia liberal (¿qué sentido tiene aplicarle los mismos métodos a Obama y a Putin?). Mientras parte de los intelectuales se pliegan a los nuevos populismos (lo mismo que ocurrió con sus antecesores que cantaron las loas de Mussolini o de Stalin), otros conservan intactas sus nostalgias marxistas, con las que saltaron en garrocha sobre lo más terrible del siglo XX, apoyados en el dogma de que esos horrores que no habrían de repetirse, afirmación que solo se sostiene si se la entiende con literalidad absoluta. Hoy conviven con los monstruos de Corea del Norte, con el monstruo capitalista-leninista chino y con un régimen cubano miserable pero indestructible sin que esas cuestiones les preocupen siempre que no afecte el sistema de punteros del Gran Buenos Aires.

Demasiada política. Pasemos a la música. Estos días estuve de gira por un territorio desconocido aunque de algún modo me fascina, que es el pop de vanguardia. Para acotar la excursión, me limité a escuchar a John Cale en su período solista, después de los Velvet Underground. Escuché lo que hay en Spotify desde 1970 hasta 2005, los LP Vintage Violence, The Academy in Peril, Paris 1919, Fear, Slow Dazzle, Eat/Kiss; Music for the Films by Andy Warhol, Hobosapiens y Black Acetate. A la noche agregué Songs for Drella, el famoso homenaje de Cale y Reed a Warhol, que dejó a Flavia muy impresionada por lo que llegaba desde mi escritorio al suyo. Debo decir que a mí también. Cale es muy bueno, pero como no tengo recuerdos previos, no sé desde dónde escucharlo. El pop que rechaza el blues y el jazz (no es exactamente así con Cale, pero…), la música de diseño, me resulta dura de roer, la siento caer tarde o temprano en un pozo de repetición, y monotonía. Igual, lo que escuché merece un bis y, mientras tanto, no pierdo la esperanza de entender esta música (poder distinguir lo bueno de lo malo, lo auténtico de la copia, la inspiración de la técnica, etc.).

Sigo leyendo Europa Central de William Vollmann. Llevo cien páginas y el interés del libro no decae. Es una visita a esa zona de la historia que, como decía más arriba, nadie quiere tomar en cuenta en relación con el presente, aunque provea de incontables entradas para la ficción. No solo los acontecimientos en sí, sino el arte, el pensamiento y la tecnología que los acompañaron. La originalidad del procedimiento de Vollmann es narrar mediante una primera persona que cambia de identidad: puede ser un soldado alemán que presenció las primeras pruebas de aviones a reacción, puede ser un esbirro de la KGB encargado de seguir a Anna Ajmátova y reportar sus relaciones lésbicas con la mujer de Shostakovitch (el compositor es, al parecer, el personaje central del libro). Pero no se trata de una “novela coral”: el truco de Vollmann es que esos personajes que hablan en primera persona son de algún modo el mismo, un peón genérico, el soldado universal en la catástrofe europea.

El otro rasgo, muy posmoderno, de la novela es que resulta difícil distinguir los hechos históricos de las invenciones de Vollmann a partir de ellos. No sabemos, por ejemplo, si ese romance entre mujeres del que hablé arriba fue cierto. En las notas, que son muchas, Vollman aclara a veces qué es realidad y qué es fantasía aunque, claro, nos damos cuenta de que no importa, que su escritura es pura cuestión de pathos, de recrear las emociones colectivas e individuales que atravesaron a los protagonistas de esa época. En ese sentido, Vollman le dedica algún capítulo a Kathe Kollwitz (1867-1945), pintora y escultora alemana cuya obra (muy impresionante) gira alrededor de la muerte y el dolor de los pobres y desfavorecidos. Kollwitz era comunista y tuvo problemas con los nazis, pero su determinación por expresar ese universo de sufrimiento es muy afín al libro. Aunque Kollwitz figura en las enciclopedias (y, naturalmente en la Wikipedia), es de la clase de artistas que su posteridad querría olvidar.

Después de John Cale llegué de algún modo a Richard Thompson, que empezó en Fairport Convention en 1968 y después siguió durante un tiempo con su primera mujer Linda hasta divorciarse después de una gira que incluyó peleas sobre el escenario entre los cónyuges. Nacido en 1949 en Londres de padre escocés, Thompson fue guitarrista, songwriter y también cantante; una de las curiosidades de su vida es que abrazó en algún momento el sufismo islámico y sigue siendo musulmán, complicada condición para quien vive hoy en California. Me intrigó mucho el personaje, pero también su música, de la que tampoco tenía demasiada idea. Hoy me puse con los discos de Fairport Convention (Thompson participó en los cinco primeros), después de leer que la banda tuvo muchos cambios en su alineación, pero sus fundadores pensaron en ser la versión inglesa del folk-rock, un género que siempre me resultó más bien pastoso (no soporto más de media canción de The Byrds), aunque me gusta mucho uno de sus parientes, el country-rock de Gram Parsons.

De todos modos, lo que escuché fue una sorpresa bastante agradable. El primer disco, que se llama Fairport Convention, está compuesto básicamente de covers y es más rockero que los posteriores. A partir del segundo, se incorpora la cantante Sandy Denny, a la que todo el mundo reverencia. Denny es un poco demasiado virtuosa y ostensible para mí y, en una primera escucha, me gustó más la más modesta Judy Dyble, vocalista de ese primer álbum. Leo que el grupo fue transitando entre un primer estilo más influido por sus contrapartes americanas hacia una variante cada vez más autóctona, ligada a las tradiciones británicas. Escucho ahora el tercer LP, Unhalfbricking, en el que hay todavía varios covers de temas americanos. Ahora suena una muy buena y muy curiosa versión cajun (en patois) de If you gotta go, go now, de Dylan. Tengo la impresión de que este género, contemporáneo de la psicodelia y el rock sinfónico (con los que, sin embargo, tenía conexiones) nunca fue demasiado popular en la Argentina. Consulto el libro de Cambiasso (Vendiendo Inglaterra por una libra, que debería leer de nuevo hasta aprenderlo) y veo que tiene a los FC como un grupo más bien conservador. En otra parte leo que con los años se convirtieron en una especie de museo del folk británico. De todos modos, el disco clave parece ser el siguiente: Liege and Lief. En este momento escucho un largo tema de 11 minutos, Sailor’s Life, que fue la avanzada de la banda hacia el folk duro, y es bastante latoso. Por no decir muy latoso.

En estos días estuve leyendo varios libros de escritores jóvenes argentinos (más o menos nuevos, más o menos consagrados) y sigo con una impresión muy ambigua sobre la producción local. Por un lado, se puede decir que hay mucha gente que escribe bien, que ya tiene una obra considerable y que revela talento, libertad, interés por la literatura y espíritu de innovación. Sin embargo, estos elogios están limitados por cierto aire de familia, por la impresión de que la libertad no es tan grande porque se trata de una literatura que se practica dentro de los parámetros de una educación común, de una impronta que la Facultad de Letras ha dejado incluso entre los que no estudiaron en ella y que se traduce en una base compartida de opiniones, devociones y prohibiciones. Todo funciona como si el conjunto de voces individuales de estos escritores, digamos desde Katchadjian (tan mentado en estos días gracias a las canalladas de Kodama) hasta Mairal fueran matices de una misma voz, expresiones de una comunidad que tiene en los últimos años una multiplicidad de canales comunes, de vasos comunicantes. Es posible que los años kirchneristas hayan (re)convertido la literatura argentina en un hecho social. Pero es solo una especulación.

Suena Fairport Convention en una versión de Percy’s Song de Dylan, que en ese momento era inédita (aparecería en Biograph, que es de 1985) aunque es un outtake de las sesiones de The Times they Are A’Changing (1963). Es notable que Dylan compusiera durante varios años una pléyade de canciones que no grababa, pero que que le dieron brillo a la discografía ajena (desde Joan Baez a Manfred Mann). La versión de Percy’s song es un poco melosa, no del todo lograda. La pista siguiente del disco es la mucho más silvestre y distendida Million dollar bash, también de Dylan, pero de las Basement Tapes y que tampoco estaba editada en 1969. Pero después (este es casi un álbum de covers de Dylan) viene Dear Landlord, que es de John Wesley Harding (1967) y la interpretación de Sandy Denny es realmente buena. El último tema del disco es Ballad of Easy Rider, casi en simultáneo con la versión original de The Byrds (y que tiene una no acreditada participación de Dylan en la composición): es un lindo tema, que me deja en óptimas condiciones para escuchar Liege and Lief.

Tengo una gran simpatía por la editorial boliviana El Cuervo y, cada vez que encuentro libros de ellos trato de comprarlos (aunque el gobierno argentino hace lo que puede para dificultarme la tarea). Hoy, revisando las pilas recientes, encontré El hombre que amaba a Amy Winehouse (2014), un título que hace pensar en cualquier cosa menos en las memorias de un poeta de culto, leyenda de la bohemia intelectual boliviana. El autor se llama Julio Barriga, nació en 1956 en Tarija y la tapa lo muestra con grandes bigotes y el torso desnudo, en una pose que recuerda a una foto famosa de Fogwill. Pero Barriga no fue nunca un gran publicista sino un poeta marginal que se ganó la vida como pudo en varias ciudades (incluida Mendoza) aunque trabajó lo menos que pudo y lo más lejos posible de las ocupaciones convencionales. De todo esto habla el prólogo de Fernando Barrientos, escrito con inteligencia y cariño, que describe algunas peculiaridades del personaje, habla de su humor y de sus aforismos, de su estilo de vida precariamente macedoniano y de su amor por el alcohol. A la pasada, transcribe también algunos de sus versos. En particular este poema, inspirado en un verso de Dylan Thomas:

Oh, hazme una máscara porque estoy muy solo
y quiero estar más solo todavía
nunca prestar a nada ni las manos ni la lengua
vivir poemas antes que escribirlos
porque mis últimas visiones se avecinan
un golpe de tu mirada me despluma
ángeles golpean la puerta trasera
la lluvia desamarra música y cataclismo
mi editor llora de la risa
un tic tac conecta cuchillos y gargantas
el fondo del abismo bate alas
como si empezara a descreer de los milagros
o un quieto torbellino me borrara los ojos.

Leí solo el principio de las memorias, un capítulo en el que Barriga habla de su infancia en distintos pueblos donde sus padres eran maestros y en los que vivió una vida bucólica y feliz en lugares a los que no llegaba la televisión y estaban quedados en el tiempo. Además dice cosas como esta:

No me interesa compartir recuerdos, no creo que sea posible hacerlo, aquellos que dicen compartir recuerdos, en mi opinión están mintiendo, o solo se equivocan de buena fe. Siempre he visto con incomodidad y aun con dolor, el hecho de que incluso con las personas más cercanas y queridas, escasas veces es posible coincidir con los recuerdos. Esto es algo que me produce una sensación similar a la sentida en Mendoza, Argentina, donde caí a un hospital y me releí los Evangelios, constatando con sumo malestar que los cuatro principales testigos del hecho más importante de la humanidad, no puedan coincidir y ofrezcan distintas versiones del mismo. Esa terrible calidad personal e intransferible del recuerdo es como la marca individual que pretendemos imprimir a la memoria del mundo y de las cosas. La soportable soledad de los recuerdos.

Escucho el famoso Liege and Lief, dos palabras en dialecto medieval inglés, que quieren decir “leal” y “preparado” (loyal y ready). Se supone que estamos ante el mayor disco de folk británico de todos los tiempos y aquí ya no hay covers de Dylan, sino versiones eléctricas de temas tradicionales más o menos olvidados. Si los primeros discos de Fairport Convention, con sus estilo influenciado por el rock de la Costa Oeste, me resultaban fáciles de escuchar, aquí hacen el tipo de música de la que siempre me mantuve alejado: poco swing, una voz femenina chillona (aunque sobria a su manera). De pronto, aparece la base rockera que uno necesita para respirar aliviado y aligera la atmósfera pero, aun así, el revivalismo es de una rigidez que me ataca los nervios, igual que los instrumentos antiguos, igual que los aires europeos de los que se nutre mucha música clásica. Pero, de todos modos, la facilidad con la que uno puede escuchar música en estos días hace que me tiente la oportunidad de prestar atención desprejuiciada y aprender. Si tengo que mencionar un elemento que me atrae (y me inquieta) de Fairport Convention es su extrema limpidez.

Foto: Flavia de la Fuente

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20 comentarios to “Diario intermitente (22)”

  1. Mariano Molinari Says:

    Usted es inoxidable.

  2. dB Says:

    Q, vos te creés en serio todo ese verso apocalíptico de la dictadura K o es solo para asustar a la gilada? A pesar de que te conozco no me deja de sorprender el nivel de delirium.

  3. Hugo Abbati Says:

    Como veo que sigue usted con Europa Central, aquí le envío un trabajo de un amigo sobre Käthe Kollwitz.

    http://www.fronterad.com/?q=epifanias-dolor-kaethe-kollwitz-pintora-que-alerto-llegada-hitler

    Y hablando de Dylan, anoche tuve la suerte de verlo aquí, en Granada, y sólo una vez me sentí tan respetado como espectador, fue cuando vi al doble trío de King Crimson en Bs. As. Dylan estuvo relajado, inusitadamente amable, y nos regaló un par de canciones volviendo (!) al escenario cuando todo había terminado, entre ellas una irreconocible Blowing in the wind, el único standard en toda la noche. Nos decía algo así como “ahora estoy en esto, escuchen”.

  4. Eduardo Reviriego (Daio) Says:

    ¿Delirios?
    Lean el decreto 1311/2015, que crea la Doctrina nacional de inteligencia, y después me cuentan.
    Como bien advierte 0’Donell “la democracia también puede morir lentamente, no ya por abruptos golpes miliares sino mediante una sucesión de medidas, poco espectaculares pero acumulativamente letales”.- (3) 0’Donnell, Guillermo. La democracia delegativa. La Nación. Bs. As. 28-05-2009. Pág. 17.-

  5. Yupi Says:

    Sin duda Fairport abrió el camino en varios frentes, pero mi voto es indeclinable. ¿Cómo no elegir a alguien que a los 20 años escribió “Podría haber sido un libro”? Acá un lindo documental.
    http://www.youtube.com/watch?v=evvEu7KVGQE

  6. dB Says:

    sí, delirios a los que pretenden dar visos científicos con citas académicas para dar la impresión de que la verdad se funda en conceptos teóricos inaplicables y no en hechos o elementos que tengan que ver con la realidad.

  7. dB Says:

    todo este buzzword pseudoacadémico es el equivalente pseudointelectual de las charlas de señoras gordas de recoleta, para las cuales este es un gobierno de comunistas. No es que pretenda decir que este es un gobierno democrático, pero divagar en una nube de pedos no contribuye a resolver los problemas.

  8. lalectoraprovisoria Says:

    Sabés qué, dB, hago este diario porque tengo ganas de escibir y para los amigos (conocidos o desconocidos), no para que un imbécil me venga a insultar. Así que no vuelvas más por acá.

    Q

  9. Eduardo Reviriego (Daio) Says:

    Algunos hacen buena letra para que le den alguna de las subrogancias que están distribuyendo entre los militantes.
    Otros no se arriesgan a poner en movimiento el cerebro leyendo algún texto.

  10. Maria C.Reiriz Says:

    Me considero una amiga desconocida de Quintin, al que jamás vi personalmente, pero disfruto su pagina y el intercambio de lecturas, observaciones y opiniones. La mayoria de las veces coincidimos y en otras no y en esta discrepancia también está lo atractivo y maravilloso. Por eso creo que db es un desubicado y no me parece propio de seres humanos sensibles y profundos entrar a una casa (la lectora provisoria lo es) insultando al dueño con un autoritarismo mediocre, al dueño que nos invita de buena fe y es, esencialmente un hombre del libro.

  11. lalectoraprovisoria Says:

    Les cuento que borré los dos últimos comentarios de dB a quien, por lo que ahora recuerdo, ya había echado en su momento. No quiero perder el tiempo discutiendo contra la mala fe.

    Q

  12. Hugo Abbati Says:

    El Modelo Psicopático. Es curioso que un tipo como Aníbal Fernández, con esa retórica barata, esté donde está (y no donde debiera estar). O, peor, no es curioso, es posible (a los hechos me remito). Ojo a las caritas de Sabatella y de la conductora del programa: seriedad adecuada a las circunstancias, lo que está en juego es la construcción de la Patria, y con eso no se jode.
    El aplauso final es, simplemente, una delicia argentina, de esta Argentina.
    Un ejercicio estético/político es ver el vídeo sin sonido. Ese bigote…

  13. Eduardo Reviriego (Daio) Says:

    A “bigotes” se lo nota un poco asustado, el peronismo solo no le asegura el triunfo electoral, y tiene razón, un buen % de peronistas están no solo con Massa, también con Marcri, con Lilita, con De la Sota, la gente de San Luis, etc. Si a ese le sumamos la candidatura repelente de su compañero de fórmula, el panorama no deja de ser sombrío, claro que él no se preocupa por el papelón, siempre tiene el baúl del coche para esconderse.

  14. RT Says:

    Q, dele una chance a “Small town romance”, de Richard Tompson. Registra un par de actuaciones solo con su guitarra acústica, de los años 82 y 83, creo. Fue el primer disco que escuché del hombre (lo sacó Rhyno en CD recién en los ’90), y me convirtió en su admirador para siempre.

  15. RT Says:

    Y ya que el otro día se hablaba acá de la divina Joni, hélo aquí a Thompson con esta gran versión de Woodstock:

  16. lalectoraprovisoria Says:

    Sí, es bueno ese disco. Lo había comentado en la nota, pero se colgó el Word y se borró esa parte. Cuando la reescribí me olvidé, además de que me aumentó el mal humor. Me refiero a la nota del Diario 24.

    Q

  17. RT Says:

    “Small town romance” fue editado por Rykodisc, ¡perdón!

  18. RT Says:

    Si le gustó, puede entrarle al disco acústico del doble “You? Me? Us?”. Thompson en su faceta eléctrica me engancha menos, suena demasiado profesional, demasiado virtuoso, como le pasaba a Spinetta con Los Socios del Desierto…

  19. guillermo Says:

    Q, hacía tiempo que no pasaba por aquí, y leí la noticia de tus perras. Si entendí bien, las otras 2 atacaron a Solita, y cuando vos/Flavia trataron de pararlas, los mordieron a Uds. Por lo que sé de perros (tengo y he tenido antes), la relación de los perros con los humanos se basa en la estructura de la jauría, los humanos al tope, y perro/perros debajo, con su propio escalafón social inter-perruno. Evidentemente ese escalafón inter-perruno se rompió en el caso de las tuyas, pero lo grave es que los hayan atacado a Uds, lo que implica que han dejado de aceptar su autoridad. Aqui en Inglaterra, si tuviste que ir al hospital por un ataque de perro, aunque sea tuyo, la municipalidad te hace sacrificar al perro, porque no hay garantía que no vuelva a hacerlo. No sugiero que sacrifiques a Ella y Janis, pero me parece que van a tener que buscarles otro hogar, donde tengan posibilidad de reconstruir la estructura del grupo/jauria sin historia anterior. Si vivieras en una estancia de 10000 has con parque haciendo juego la posibilidad de tenerlas separadas con exito seria viable, pero en una casa normal me parece muy dificil, y basta un instante, una puerta abierta por error, para que pase un desastre. Saludos, Guillermo

  20. lalectoraprovisoria Says:

    La perra no me atacó. Yo le metí la mano en la boca en medio de la pelea. A veces creo que es una suerte no vivir en Inglaterra. Saludos.

    Q

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