Aviones sobre Maracay

Para despedir a Juan Arango

por Yupi

Cuentan que al nacer Juan Arango le hicieron dos regalos: un avioncito y una pelota de goma. “Esto es para que viaje y esto para que juegue”, sentenció uno de sus tíos señalando los envoltorios. La frase resultó un prodigio de síntesis porque en el desarrollo de uno de los términos estaba implícito el del otro. El niño jugó, se hizo muchacho, llegó a primera división, al seleccionado, y el progreso trajo naturalmente los aviones. El último se lo llevó de la Copa América.

La historia de futbolistas que se abren camino en un medio hostil o indiferente siempre atesora un lado fantástico. Arango nació el 17 de mayo de 1980 en Maracay, Venezuela. Desde muy chico supo que ser venezolano y futbolista era una especie de contradicción. Su padre había intentado serlo sin ningún éxito, como quien corrobora un teorema. La sombra continental de Brasil y la Argentina parecía demasiado grande para soñar con el salto europeo, y las aspiraciones se limitaban al campeonato local. Sin embargo, Arango era producto de un sueño, el de su padre, así que nunca terminaba de encajar en la realidad. En todos los equipos su figura se recortaba nítidamente contra un fondo de camisetas iguales. Ya entonces solía conectar unos tremendos zurdazos de media volea que rompían la parsimonia tropical. Primero en las inferiores de la UCV, luego en el Nueva Cádiz de Cumaná, los Zulianos de Maracaibo y enseguida el pase a los Rayados de Monterrey donde lo estaba esperando Benito Floro, que terminaría llevándoselo al Mallorca en 2004. El trayecto fue rápido y ascendente, sin desvíos.

En este punto, cuando el sueño se realiza, generalmente se estancan las historias. La mayoría de los obstáculos se han eliminado y queda un margen cada vez menor, decreciente, agravado por la soledad y la distancia. Su padre le había advertido al pie del avión: “La cuestión no es llegar sino quedarse”. No tardó en comprobarlo. De entrada debió sobrellevar un codazo que casi le cuesta la vida en plena cancha: paro respiratorio, convulsiones, traumatismo encefálico y fractura del hueso malar con terapia intensiva incluida. El venezolano perdió la conciencia el domingo y recién volvió a recuperarla el lunes siguiente. Al despertar no hizo declaraciones rimbombantes ni adoptó el papel de inmigrante maltratado; tampoco se dejó intimidar. Simplemente, volvió a jugar. Y jugó cada vez mejor. Apenas comenzada la temporada siguiente le endosó a la Real Sociedad tres golazos terribles, el último –quizás el más lindo de ese campeonato– firmado con su especialidad: de espaldas y a la media vuelta, sin dejarla caer, un misil pegado al palo.

Tímido, callado, introspectivo, características que pueden confundirse con la arrogancia, Juan Arango, “Arangol”, como le dicen en su tierra, pertenece a la clase de futbolistas que hacen de la discreción una fuente de poder. Todavía hoy la selección de Venezuela depende de su presencia para mantenerse a flote, y esta circunstancia refleja el futuro. Es un equipo extraño, inescrutable, que en una buena tarde puede complicar a cualquiera. La incorporación de los jóvenes no ha hecho más que multiplicar la incertidumbre. Nadie sabe muy bien qué piensan ni qué harán en el próximo segundo, están construidos como de material aislante: pueden inventar lo mejor, lo peor y aun no inventar nada en absoluto. En el centro de ese porvenir hermético sigue el eterno Arango, cumpliendo la profecía familiar. La única certeza que tenemos es que viene en avión y juega a la pelota.

11 comentarios to “Aviones sobre Maracay”

  1. janfiloso Says:

    No comento los post de futbol de Quintin en el blog, pero los faveo en twitter, son muy buenos y siempre los leo, pero no puedo dejar de comentar este de Yupi que es poesía pura. Hay que ser muy bueno para producir estos textos sobre temas que en general dan mas para broncas y desencuentros que para miradas tan sutiles y metafóricas.

  2. Yupi Says:

    Sí, pero es un peligro escribir de esa forma. Como me hice viejo aprovecho tu comentario para legar algunas máximas a los jóvenes cronistas de mi patria (me tienen los huevos llenos con la patria), como San Martín. Ahí van.
    1. Nunca confundan periodismo con literatura.
    2. No empiecen la crónica de un partido con una descripción del atardecer, salvo que el atardecer esté relacionado con el partido (por ejemplo, que el sol molestaba al arquero).
    3. No concluyan un texto con un golpe de efecto. El lector pensará que no sabían cómo concluirlo, y tendrá razón.
    4. Eviten expresiones rebuscadas o demagogas.
    5. Piensen en lo que escriben. Una nota necesita ideas, no opiniones a la bartola.
    6. Recuerden que la escritura tiene reglas de perspectiva y proporción. Si ustedes nacieron sabiéndolas, los felicito, pero si no deben aprenderlas.
    7. No usen frases largas para describir acciones cortas, ni una sucesión de frases cortas para acciones de larga duración.
    8. Vigilen el uso de gerundios y de verbos auxiliares.
    9. Tengan en cuenta el sonido del sentido. Si algo en el texto les suena mal, es probable que esté mal.
    10. No se hagan los vivos. Recuerden que siempre es mejor caer en gracia que ser graciosos.

  3. Ezequiel Grimaldi (@EzequielGrimald) Says:

    Grandísimo texto.

  4. La Novia de Troll Says:

    Yupi, procer interplanetario!! :D

  5. Yupi Says:

    Cuando era muchacho escribí en un diario español la palabra prócer. Recuerdo que apareció el jefe de redacción agitando la nota (existían las máquinas de escribir) al grito de “¡Quién cojones escribió esto! ¡Contrataron a Góngora!”. Una prueba en favor del idioma argentino. (Como alguien vuelva a hablarme de la patria me corto las bolas en pequeñas rodajas).

    Bueno, se murió Laura Antonelli. Hermosa, simpática, loca como una cabra. Tuvo la rareza de mandar todo el demonio y que no resultara una impostura. Hasta siempre.
    http://www.youtube.com/watch?v=GNMiSl_G4xU

  6. janfiloso Says:

    Gran decálogo.

  7. janfiloso Says:

    Y mi adolescencia recuerda perfectamente a Laura Antonelli.

  8. janfiloso Says:

    Malicia, 1973. ¡Guau, que película de Laura!

  9. janfiloso Says:

    … y en 1973 yo tenía 19 añitos …

  10. Mulder Says:

    Grande, Yupi.

    Porque sí: http://www.youtube.com/watch?v=RvK7PCO6T0M

  11. Yupi Says:

    Salud Mulder. Este se lo dedicamos a la pleiteadora María Kodama, en la esperanza de que entienda algo por una vez en su vida.
    http://www.youtube.com/watch?v=lBC2lsbvfHY

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