Diario intermitente (11)

por Quintín

4 de junio

Alguien estaciona un auto enfrente, sobre la plaza. Bajan dos parejas de adolescentes, dejan la puerta abierta, se sientan contra el cantero, se ponen a tomar mate y a escuchar música a todo volumen: suena una cumbia insufrible y machacona.

UnojodeSolita.P1000515

Me pongo a pensar un antídoto para taparla, pero no se me ocurre qué elegir. Abro un libro de Greil Marcus que compré hace poco: La historia del rock and roll en 10 canciones. Lo miré un par de veces y no entiendo bien cuáles son las diez canciones ni cuál es la idea de Marcus, que con el tiempo se vuelve cada vez más oblicuo y pomposo. De todos modos, retengo un nombre que emerge al pasar las páginas: Buddy Holly, que murió joven y al que nunca escuché demasiado. Pongo a andar el Spotify en el primer álbum de BH; el segundo tema es Peggy Sue, que me trae un gran recuerdo: dos días que pasamos con Flavia en un hotel de Richmond, en Londres, en el que servían pescado en el desayuno y vimos Peggy Sue Got Married, que entonces me pareció una película sublime. Eso fue en 1987, cuatro años antes de fundar una revista de cine, tal vez en parte porque los entendidos decían que Peggy Sue era un bodrio, incomparable con El padrino o Apocalypse Now. Durante mucho tiempo fui un gran defensor de algunas películas menores de Coppola (¡Jardines de piedra!) pero hoy Coppola me importa poco. [Suena bien el disco (Buddy Holly, 1958); el temprano rock and roll era emoción pura, música de un frescor incomparable; la colección de tragedias que liquidó a sus intérpretes más conocidos sigue siendo uno de los agujeros negros de la historia contemporánea].

Ayer y anteayer leí a Proust. Lo leo cada noche antes de dormir (hace tiempo que me acuesto temprano) siempre que no esté demasiado cansado como para poder superar al menos unas tres páginas sin dormirme [Holly canta su tema Words of Love, que yo escuché por primera vez por Los Beatles sin saber que era un cover; la versión de los Beatles es muy parecida, aunque tiene una alegría especial]; voy por el principio del tercer tomo, leo en el kindle la traducción de Alianza y mi propósito es avanzar 1% cada día, con lo cual puede que termine el tomo este año [ahora suena You’re So Square (Baby I don’t Care), que es de Lieber y Stoller y no sé si Elvis la grabó antes o después que Holly].

Cada noche, Proust me sorprende con el mismo truco: llevar el hilo del pensamiento al presente y presentarlo de tal modo que el lector sienta que está instalado en su cerebro. Proust se lee, entre otras cosas, para tener una medida de la inteligencia humana.

Ayer, entonado por la sesión nocturna de Proust, me fui a la mañana al café con los mismos siete libros que había llevado el lunes. Pero esta vez abrí el de Aira y lo leí hasta el final. No hay nada más parecido a Proust que Aira, no solo porque da la medida de la inteligencia de un escritor, sino que tiene el mismo método, ese discurrir rumiante (donde, además, la angustia está tan presente), que tanto puede llevar a la filosofía como a la autobiografía.

El último Aira se llama Biografía, un título sugestivo aunque leí que en una entrevista Aira decía que le puso el nombre al personaje por casualidad. Minga. Biografía empieza hablando de un señor llamado Biografía que se acaba de retirar de su trabajo y padece de manías persecutorias. Unas páginas más tarde nos enteramos de que el trabajo del que Biografía se ha retirado y que hacía “incomparablemente mejor que sus colegas”, era “la redacción de enumeraciones caóticas”, un asunto que le ocupaba solo unos momentos por día (tan bueno era en lo suyo), que al principio le dejaba poco dinero hasta que un día, las múltiples empresas para las que trabajaba [pongo otro disco, Holly canta Brown Eyed Hansome Man de Chuck Berry, una versión maravillosa, en la que brilla el ritmo percusivo de la guitarra de BH, que tanto recuerda a su vez a Bo Diddley], de los que solo recibía un dinero a la entrega, le empezaron a pagar por volver a utilizarlas y así ganó lo suficiente como para retirarse. Es imposible no ver en esta fábula la similitud con la carrera literaria de Aira, con su publicación para distintas editoriales, los difíciles comienzos y finalmente la llegada de mucho más dinero a partir de las traducciones y reediciones en el extranjero.

Pero, más importante, las “enumeraciones caóticas” no son otra cosa que esa versión tan proustiana de la literatura. Acabo de leer un artículo sobre Aira en el blog de Eterna Cadencia. Lo firma un tal Antonio Jiménez Morato y me pareció una enorme tontería. Morato describe a Aira como un discípulo de Duchamp, una especie de Duchamp de la literatura cuya preocupación es el arte conceptual. Es verdad que Aira habla siempre de Duchamp, pero como lector me parece solo un tema de su obra y un elemento con el que le gusta jugar a la hora de pensar qué cosa es un artista. Morato describe como uno de los tres momentos esenciales de la carrera de Aira la publicación de El mármol, que La Bestia Equilátera editó en 2011 con tres tapas distintas. Fue un gesto divertido, un gadget que hace sonreír a los seguidores del escritor y cebar a los coleccionistas con la idea de que las tres variantes juntas serán un lote muy valioso en cincuenta años (Aira les podría dejar unos cuantos juegos a sus hijos para que los vendan en su momento). Pero al lector, que el libro tenga una tapa, tres o cincuenta le resulta irrelevante: es el mismo libro, aunque a Morato le guste decir que no hay dos libros iguales simulando que la duchampización de la literatura no es más que una boutade. En cuanto a lo conceptual del arte de Aira, veamos su explicación de lo que son las famosas enumeraciones caóticas, tan obviamente emparentadas con la libertad de la materia proustiana y tan semejantes a sus propios libros sin argumento ni orden. Pero dejemos que Aira lo diga:

La clave para que las enumeraciones caóticas salieran realmente bien era que no tuvieran un eje, que no hubiera ningún concepto o clase que pudiera subsumir a sus miembros y estos retuvieran su completa independencia, irreductible a cualquier reunión, como elementos del universo lejanos unos de otros. ¿Pero de qué universo? Llegado a ese punto había que rendirse a una evidencia primordial: todos pertenecían al universo lingüístico de su mente. De modo que un decodificador habilísimo, inhumano, podría encontrar datos muy precisos sobre él.

Es muy divertida la ironía. No hace falta ser un decodificador habilísimo (ni inhumano, como una computadora) para encontrar las obvias relaciones en la prosa de Aira con su universo lingüístico por no decir, justamente, con su biografía.

Así es como el lector se queda perplejo cuando hacia el final de Biografía resulta que Biografía tiene una amante joven, bellísima que se supone geóloga [termina el disco de Buddy Holly, un placer] pero bien puede ser una joven confundida que se dedica a la militancia, un asunto que en palabras del narrador resulta un asunto oscuro, cuya chapucería oculta dudosos negociados, “propios del cinismo que infecta a su generación”. Pero no nos apresuremos a sacar conclusiones. Después de todo, en las enumeraciones caóticas de Biografía

todo el secreto estaba en interponer un pequeño pero profundo abismo de olvido entre un término y el siguiente, como si cada vez empezara a hablar otro, un desconocido.

A esta hora pasa Rimbaud y se lleva las pruebas de galera.

Foto: Flavia de la Fuente

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15 comentarios to “Diario intermitente (11)”

  1. La Novia de Troll Says:

    “Peggy, you know what a penis is? Stay away from it.”

  2. Yupi Says:

    Por lo menos el reseñista español no se llama Mato y Me Río (fantástico nombre inventado por Lamborghini). Tal vez lo que tomó Aira de Duchamp fue la separación entre intención y resultado, entre las pasiones del artista y la mente que crea. El resto final es esa suerte de fuego frío que transmiten sus novelas, difícil de ubicar y definir. Con El Mármol acertó involuntariamente: es la mejor edición de un libro de Aira por varios cuerpos. Está todo bien: la idea de las tapas, solapas y contratapas.

    Linda entrada. Dedicado al Diario intermitente.
    http://www.youtube.com/watch?v=mCoF9M-SN_I

  3. e. Says:

  4. e. Says:

  5. Marcia C. Reiriz Says:

    Sigo con interés los diarios intermitentes!!!! El libro del Wilcock me pareció muy interesante y para dosificar. en cuanto a Aira, creo que es un escritor excepcional, realmente. Pero no es una desmesura vincularlo con Proust con tanta intensidad? No lo se. Quizás yo tenga una concepción demasiado teológica de Proust y lo identifico con la literatura. Un saludo

  6. Yupi Says:

    Reiriz: circula la leyenda de que Aira puede pasar un examen sobre toda la obra de Proust, como decía Kipling de Stevenson. Es decir, que si le citaran una frase cualquiera inmediatamente podría ubicarla en francés. ¿Recuerda la librería de Fiorentino (“libro barato y fino”) en Caballito? Aira la visitaba todos los días, entre otras cosas porque el dueño era fanático proustiano, un modelo bastante universal de librero. Una vez se me ocurrió criticar a Proust delante de uno y me echó de la librería.

  7. Montañés Says:

    Qué buena la versión de Nirvana en vivo. Y el par Holly/Dylan, hermoso. Una más, a la salud del Diario intermitente y el raro placer de su lectura con banda sonora.

    Man in the long black coat.

  8. Yupi Says:

    Es bueno el juego doble. Va mi aporte.

    Aquí Joplin (versión cantante negra de discos de pasta)
    http://www.youtube.com/watch?v=MzCmh4yiaIw

    y acá Dylan (versión ciervo herido y desconcertado)
    http://www.youtube.com/watch?v=hzUpV5N4ov0

  9. Maria C.Reiriz Says:

    Yupi: No quise menospreciar a Aira, al que admiro y trato de leer todo lo que publica. Creo que es un escritor enorme. Pero confieso que Proust me parece de una altura inalcanzable… Como no recordar la libreria de Fiorentino en todos los lugares donde estuvo….Gran personaje de Caballito. Compré allí los libros más queridos de mi biblioteca. Un saludo

  10. Yupi Says:

    Pero si nadie pensó que lo menospreciara! Le propongo un trato. Usted nos deja decir que Aira es más grande que Homero y el Dante, si hace falta, y nosotros la dejamos decir que Álvarez Tuñón es el pararrayos de la hermosura, el alma eterna y la belleza inmortal. Listo. Trato hecho nunca deshecho.

  11. Maria C.Reiriz Says:

    Yupi: Buenisimo el trato y con altisimo humor! Pero debo decirle algo: Yo leí casi todo Aira. Pero Ud. leyó a Alvarez Tuñón? Le cuento algo. No es que me parezca tan pararrayo de hermosura, lo que lo veo es muy, pero muy omitido y ninguneado y me suscita apoyo. Aparte es muy bueno. Me encantó que Ud.,recordara a Fiorentino. Pensaba que iba camino al olvido. Un abrazo

  12. Montañés Says:

    Un par de fichas más al juego doble.

    Jack-A-Roe, por Grateful Dead.

    Jack-A-Roe, por Dylan.

  13. Montañés Says:

    Y otro par a la remembranza.

    And those were the days of roses.

    In the days of old, in the days of gold.

  14. Yupi Says:

    Los españoles fueron los últimos en reconocer a Borges y ahora son los primeros en premiar a Piglia. Son invulnerables. Viven felices en el matete.

  15. fusuy Says:

    Los españoles fueron los últimos en reconocer a Borges y ahora son los primeros en premiar a Piglia. Son invulnerables. Viven felices en el matete.

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