Un artista insospechado

Publicado en Perfil el 10/5/15

por Quintín

En Conversaciones con artistas contemporáneos de Hans Ulrich Obrist, una publicación de la prolífica Universidad Diego Portales, aparece Marina Abramovic, la reina de la performance que en estos días alborota Buenos Aires con su presencia y sus talleres. En la primera entrevista del libro, Abramovic se encuentra con Gregory Chaitin en Japón y lo sorprende diciendo: “descubro que usted es muy poético y tiene una energía erótica enorme”. Uno se podría imaginar a Chaitin pintando medio desnudo como Nick Nolte en aquella (mala) película de Scorsese, pero Chaitin es matemático. Sin embargo, su apareamiento con Abramovic no es caprichoso, porque ambos están en el límite de sus disciplinas.

Enlaplaya20

Aunque el libro no lo menciona, Chaitin vivió de chico en la Argentina (es una especie de Viggo Mortensen de la ciencia) y estuvo por aquí unas cuantas veces más. De hecho, en su página de internet se lo puede ver en una foto con Hernán Lombardi, el ministro de cultura macrista caído en desgracia, en un reciente festival de matemática. Yo lo conocí hace mucho más tiempo, cuando estudiaba en Ciencias Exactas y un día apareció un tipo bajito que hablaba un extraño spanglish y que demostró el teorema de Gödel utilizando herramientas de computación. En la clase siguiente, Chaitin dio otras dos demostraciones del teorema de Gödel, en la posterior otras cuatro y no sé cuántas clases hubo. Como a mucha gente, siempre me atrajo el famoso teorema de Gödel sobre la incompletitud de la aritmética y la existencia de proposiciones verdaderas pero indemostrables, aunque solo entendí su trabajo muchos años más tarde, en un seminario con Carlos Lungarzo en la facultad de filosofía cuyo otro alumno era Horacio Arló, quien murió hace poco en Estados Unidos.

Chaitin cuenta su propia historia con la demostración de Gödel (a la que considera pobre en ideas) en un libro que acaba de aparecer bajo el título El número omega; límites y enigmas de la matemática y que es de lo mejor que la divulgación matemática puede ofrecer, en las antípodas de un cuentito engañoso como el de Simon Singh sobre el teorema de Fermat. El número omega es un libro extraordinario: permite hacerse una idea del trabajo de Chaitin como pionero de la Teoría Algorítmica de la Información, de los números aleatorios, de la parada de Turing, del lenguaje de programación LISP, de la matematización de la teoría de Darwin y de muchas cosas por fuera de lo técnico, como de su brillante defensa de Leibniz contra Newton (y contra Voltaire) o de una concepción de la matemática que privilegia la búsqueda sobre la demostración rutinaria y el paper.

Chaitin se ganó siempre la vida trabajando como investigador para IBM, lo que le permite un notable grado de libertad para hacer matemática y para hablar sobre ella, un poco por fuera del mundo de sus colegas entre quienes despierta distintos grados de rechazo. Como en el caso de Abramovic, Chaitin se preguntó si su disciplina no podría ser otra cosa de lo que se suponía. Pero mientras que las artes visuales admiten la disidencia como parte esencial de su evolución (como también ocurre en la física y las ciencias naturales), es raro que alguien suponga que la matemática podría ser de otra manera como se sugiere en este libro tan singular, apasionado y personal.

Foto: Flavia de la Fuente

2 comentarios to “Un artista insospechado”

  1. Yupi Says:

    Ya quiero leerlo. Lo apasionante de la paradoja es el problema de la autorreferencialidad. Aira lo plantea continuamente en sus novelas con mucha destreza. Un sistema que incluya proposiciones verdaderas pero indemostrables linda con la religión, es decir, con Dios, el único que no puede preguntarse por sí mismo… Ahora recuerdo una frase de Borges sobre Godel que tal vez entra en el caso: “Fue matemático y loco, pero no al mismo tiempo”.

  2. santiago Says:

    Muy bien que se anime a apoyar a Leibniz, es el único que proveyó el sustento teórico al cálculo. Y todavía no se lo entiende bien a Guillermo Godofredo. El afano de Newton y el posterior silencio frente a ese acto es de una obviedad tal que a uno le hace dudar que cosa es el hombre, hablando en general.

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