El cine lejos de casa

Publicada en Perfil el 5/4/15

por Quintín

El otro día celebrábamos con el presidente de la filial madrileña de la agrupación “César Aira para el Nobel” su nominación como finalista para el premio Booker. Aira figura allí con otros nueve escritores, en su mayoría del Tercer Mundo (nadie es perfecto), de los cuáles solo he leído a uno: el húngaro László Krasznahorkai.

Madrid

Krasznahorkai es el autor de al menos dos novelas en las que se basan películas de su compatriota Béla Tarr: Satantango y Armonías de Werckmeister. La lectura de esta última, que se publicó en castellano bajo el título Melancolía de la resistencia, es una experiencia demandante, que recuerda a la de comerse un ladrillo recién horneado. Se le atribuye a su autor un extraordinario humor negro del cual no pude percibir rastros pero quería señalar que al leer la novela me sorprendió retrospectivamente lo fiel que era la adaptación de Béla Tarr, cómo el director se había tomado el trabajo de encontrar locaciones que parecían inhallables fuera de las páginas del libro y llevó el pathos sombrío y terminal del autor hasta un curioso y literal acabamiento cinematográfico, en las antípodas de las simplificaciones mediante las que suele llevarse la literatura a la pantalla. Es como si Béla Tarr estuviera poseído por el espíritu de Krasznahorkai al punto de poder trasladarlo al cine como quien pasa de la sala al dormitorio. No se supone que estas cosas ocurran, ni siquiera que sean deseables. Todos hemos leído y repetido que las películas tienen el derecho a la autonomía respecto del material del que parten. Pero la empresa de Béla Tarr hace pensar que los directores son tal vez demasiado perezosos o autocomplacientes. Lo curioso es que Tarr no solo recurrió a esa transcripción extremadamente fiel con un colaborador habitual como Krasznahorkai. También lo hizo cuando le tocó adaptar a Simenon en El hombre de Londres y le encontró a la novela, especialmente a sus páginas iniciales, un lugar físico que parece surgido de un pase de magia.

En Madrid, volví a pensar en Béla Tarr y en las adaptaciones cuando la otra noche me aventuré a ver la versión de Inherent Vice, la novela de Thomas Pynchon, que hizo Paul Thomas Anderson. Traducida como Vicio Propio, se estrenó en España como Puro vicio. Digo que me aventuré porque en esa salita en el sótano de uno de los pocos cines en versión subtitulada de Madrid, tuve la impresión de que estaba en territorio ajeno, al punto que el recuerdo tan agradable que tenía de la novela se transformaba en un espectáculo más bien forzado y tenebroso, ciertamente intenso, tremendamente histriónico y con momentos de humor potentes, pero que a esa hora y en ese lugar me llevaban más bien a preguntarme qué estaba haciendo allí y si ir al cine lejos de casa no era una actividad peligrosa para el espíritu. La novela de Pynchon es ligera y luminosa; su poder proviene en buena medida de los espacios que evoca, espacios mentales, políticos, humanos, tecnológicos, culturales pero ante todo geográficos: la ciudad, el mar, las calles, los bares. Sé que queda bien y resulta de crítico actualizado decir que el gran Paul Thomas Anderson adaptó al gran Thomas Pynchon en una película protagonizada por el gran Joachin Phoenix y otros grandes actores. Pero la dramaturgia intensiva nunca logra hacer grande al cine. Solo lo infla.

Foto: Flavia de la Fuente

10 comentarios to “El cine lejos de casa”

  1. Yupi Says:

    Qué raro todo. Aira de frac será un Aira de las novelas de Aira más que de la realidad. Estos días de recogimiento y meditación cargué la computadora para que evaluara las menciones en el discurso de recepción del Nobel. Eston son los resultados:
    Borges (15 menciones)
    Pringles (12)
    Osvaldo Lamborghini (8)
    Kafka (5)
    Pelopincho y Cachirula (1)

    Muy bueno el párrafo sobre Anderson, ¿pero cómo se te ocurrió ver esa película ultrameláncolica lejos de casa? Igual me gustó. O me gustó la música. Alguien dijo que Pynchon debe de llevarse perfectamente con sus ex, rareza que puede aplicarse a Anderson.

  2. Maria C.Reiriz Says:

    Una pregunta: ¿Tanto les gusta Inherent Vice? A mi me parece el Pynchon más flojo, el menos atractivo… Por momentos, lineal. Confieso que no es uno de mis escritores amados, aunque lo he leído, casi todo y lo sigo. Pero justo ese libro…..
    Tal vez la equivocada sea yo… Un saludo amigos

  3. JC Says:

    No he visto esas películas de Bela Tarr pero si creo en la autonomía del cine, ver la fiel adaptación de El castillo que hizo Haneke me aburrió muchísimo, no le encontré sentido a la empresa. Tampoco leí a Pynchon pero después de ver esa excelente película tengo muchas ganas. Viendo las críticas en Argentina diría que las opiniones están divididas y sospecho que por aquí resulta más actualizado elogiar a Phoenix de Petzold, que también me gustó mucho y seguramente rechazará Q si la ve.

  4. Yupi Says:

    Ya que estamos. ¡Qué mala es Relatos Salvajes! Es mala del modo más sonso, sin sorpresa ni encanto. El arte siempre tiende a la singularidad. ¿Algún hombre se transformó en insecto? ¿Se tienen noticias de un sótano donde donde están todos los puntos del universo? Aun en el plano figurativo opera con reglas distintas a las de la realidad. Como la famosa invectiva del Dr. Johnson ante la crítica de Boileau a Shakespeare por infringir la unidad de lugar: “El espectador sabe que no está en Roma ni en Alejandría sino sentado en el teatro, salvo que sea estúpido o esté loco”.

    Relatos Salvajes se pega tanto a su materia que para disimularlo sólo queda subdividirla en sketchs, con lo que termina pareciéndose a la lectura de un periódico. Primer ejemplo: piloto demente estrella su avión. Que sea el caso más improbable anticipa que los otros cinco episodios ocurrirán en algún momento, si no es que ya ocurrieron.

  5. Marcelo Calleja Says:

    Q, no seas sádico, pobre Aira, ¿
    qué hizo para merecer el Nobel?

  6. fsdfdf@dfsdfsdfd.com Says:

    Relatos Salvajes se pega tanto a su materia que para disimularlo sólo queda subdividirla en sketchs, con lo que termina pareciéndose a la lectura de un periódico. Primer ejemplo: piloto demente estrella su avión. Que sea el caso más improbable anticipa que los otros cinco episodios ocurrirán en algún momento, si no es que ya ocurrieron.

  7. Larsen Says:

    Vicio propio me pareció fallidísima. No mucho más que cabezas parlantes, histrionismo innecesario y diseño de arte.

  8. Laura J Says:

    Guau ! se fueron a vivir a san clemente !!! ??? besos !

  9. FedericoR Says:

    “Es mala del modo más sonso, sin sorpresa ni encanto. ” La palabra “sonso” me hace feliz.

  10. Yupi Says:

    Criolla antigua. No hay tantas. La decadencia del tango impuso muchas que aspiran a criollas y se quedan en sonsas: pelandrún, chichipío, etc. Como dijo Borges mientras Bioy le leía novelas para el concurso de La Nación: “Caramba, hemos llegado a la perfección del cocoliche”.

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