Los crímenes del comunismo

Publicada en Perfil el 8/3/15

por Quintín

El sistema soviético y el estalinismo en particular han dado lugar a una extensa literatura, pero son particularmente aptos para la novela policial. Después de todo, 1984 admite ser infinitamente transformada en una novela de género. Basta modificar ligeramente a Orwell y plantar en ese ambiente de mentiras, paranoia y brutalidad un protagonista con sed de justicia y sugerir que puede lograrla. Eso es lo que hacen dos autores británicos recientes —uno más bien aficionado, el otro más profesional— con sus policías soviéticos empeñados en averiguar la verdad donde no se puede. Uno es el irlandés William Ryan en Requiem ruso, primer episodio de la saga del capitán Alexei Korolev, que cree tanto en Stalin como en Cristo y se las arregla para ser un buen tipo en el uniforme equivocado (la esencia de la novela policial ha sido siempre esa). Requiem ruso es un libro flojo y ameno, propio de un abogado que se puso a escribir en sus ratos libres.

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Mucho más profesionales que Ryan son el británico Tom Rob Smith y su agente de la proto KGB Leo Demidov. El niño 44 está situada en 1953 pero se basa en un asesino serial posterior, Andrei Chikatilo, quien no era detenido porque los asesinos seriales no podían existir en la sociedad socialista y se le endilgaba cada uno de sus crímenes a un inocente distinto. Además de tener un caso imposible, Demidov está en conflicto con su fe comunista, con sus padres, con su esposa y con sus compañeros de trabajo. Smith orienta la pesadilla orwelliana hacia la novela de terror: los personajes se parecen a vampiros enmascarados y el libro es un museo de horrores burocráticos con una particular afición por lo truculento. El niño 44 no da respiro, no tiene un momento de calma y recupera ecos de distintas fuentes literarias, desde Dostoievski y Nadezhda Mandelstam, a Stephen King y Martin Cruz Smith. Tanta adrenalina parece pensada para el cine (la película se estrena en abril) pero El niño 44 (el libro) es una porquería, un Frankenstein sin alma compuesto por atrocidades gratuitas

Pero una cosa fueron los comunistas de allá y otra los de acá, es decir de los países donde el Partido nunca alcanzó el poder. Un caso es el de la Argentina, donde el médico Jorge Yaco acaba de publicar El oro de Berlín, una novela policial ambientada en los 70 entre Buenos Aires y Berlín Oriental que habla con conocimiento de causa del PC de esos años, de la obediencia a Moscú, de las traiciones internas, del apoyo a Videla, de las empresas del Partido, de gente siniestra pero también de algunos militantes sinceros y abnegados. Hay en el libro tristeza y nostalgia y se lee como una memoria convertida en ficción, empobrecida mediante las fórmulas del género y los recursos del taller literario.

La principal fuente de El oro de Berlín está sin duda en Asesinato en el Comité Central de Manuel Vázquez Montalbán, un episodio de la serie de Pepe Carvalho. Nunca la había leído y me llevé una sorpresa: el libro es un amargo, correoso, nihilista, disimulado homenaje al Partido Comunista, a Santiago Carrillo, a la vía europea al socialismo, a la literatura y a toda una serie de cosas que el autor sabe que hacen mal y van peor, pero son las que ha conocido y amado. La sorpresa fue encontrar allí el libro de un escritor.

Foto: Flavia de la Fuente

4 comentarios to “Los crímenes del comunismo”

  1. Yupi Says:

    Supongo que la clave es la distinción entre el comunismo de allá y el de acá, cualquier acá. La nostalgia fermenta en la distancia. Lo inexplicable es que alguien como Carrillo, que conoció los dos lados, no condenara de entrada a Stalin. En fin. En este día sagrado dedico la siguiente pieza en versión rusa a la Novia de troll y Maria Reiriz, únicas damas de LLP. Roll over Beethoven es un poroto al lado esto.
    http://www.youtube.com/watch?v=vWFcbuOav3g

  2. Maria C.Reiriz Says:

    Gracias Yupi, por haberme tenido en cuenta y recordado! A mi edad, no es algo menor. Hermosa versión!!! En cuanto al Partico Comunista, como toda utopia fracasada, genera tristeza y nostalgia y creo que Vazquez Mointalban la refleja muy bien. Hay muchos que creyeron de buena fe y fueron perseguidos y hay otros que fueron comisarios a veces estupidos y a veces despiadados. Un saludo

  3. Yupi Says:

    No, por internet es de edad indefinida, como por teléfono. Yo por telégrafo soy lampiño. ¿Alguien puede explicarme qué pasó para que se salude a Sofovich como un hombre culto? A eso hemos llegado. A mucho menos, en realidad.

  4. Bernardo Says:

    Lea todo Carvalho, Q.

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