Dietario marplatense (2)

por Quintín

Domingo 23. Me levanto temprano para ver si arreglo el problema de la acreditación. Voy al foyer del Auditorio donde me encuentro con Marcelo Alderete y Cecilia Barrionuevo. Alderete presenta Jauja, estreno argentino de Lisandro Alonso. La sala está llena, hay mucha expectativa. Nos quedamos afuera tomando café y Cecilia se ofrece a resolver el problema de la credencial para que pueda sacar entradas online. Al rato, vuelve Cecilia, termina la película. No hay aplausos, pero sí una gran expectativa por la charla posterior con el público y la prensa. ¿Qué fue exactamente lo que vimos, se preguntan los espectadores, seguros de que vieron algo que excede el rango del cine argentino. Me cuentan que Alonso le preguntó al público qué interpretaba cada uno. Película tan placentera como difícil de poner en un recuadro.

Mardel

Vuelvo al hotel para ver si ahora sí puedo reservar entradas con el sistema del festival. No lo logro. Mientras tanto, Flavia se fue a nadar a la playa. Medio desesperado, voy a la oficina del festival y, tras un ligero retoque, soy un acreditado pleno.

Entusiasmado, tomo un taxi con el recién llegado Campos Gómez para ver Basilio Martín Patiño, la décima carta de Virginia García del Pino. Somos menos de diez en la sala. En cambio, me cuentan que en frente hay una multitud para ver algo que se llama El 5 de Talleres.

Patiño, de quien MDP ofrece una retrospectiva, es un director del que conozco el nombre y dos títulos: Canciones después de una guerra y Nueve cartas a Berta. Pero no vi ninguna. La película me convence de que debo verlas y que se trata de un director muy interesante, fuera de los caminos conocidos del cine español. Pero la película en sí no me convence: el exceso de dispositivos, tan propio del “documental de creación” la achata y, lo que es peor, aplasta al director retratado bajo premisas formales y sobreinterpreta el material de archivo. Lo que es peor, en el film Patiño mira sus viejos materiales en papel o en celuloide y no los reconoce, algo perfectamente normal en quien hace tiempo que no mira su trabajo. Pero del Pino sugiere que Patiño está senil y la película explora un morbo falsificado.

Este año, el corto institucional del festival conmemora los 60 años y lo filmó Esteban Sapir. Es de lo mejor que se ha visto como corto institucional: cálido, imaginativo, riguroso y muy disfrutable. Fernando Peña me confirmó en el desayuno que las películas cuyos fragmentos aparecen se dieron alguna vez en Mar del Plata, que tiene una tradición para rescatar. Viendo un plano de Il sorpasso, con Gassman y Trintignant recorriendo la ruta en su convertible, pensé: que éramos todos muy jóvenes entonces.

Foto: Flavia de la Fuente

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