El huevo o la naranja

Por Vera Rubinstein

La gente se pregunta «Qué vino primero, ¿el huevo o la gallina?», cuando la respuesta es más que obvia: el huevo. Deberíamos preguntarnos cosas más importantes e intrigantes como a qué se le dio el nombre de «naranja» primero, ¿a la fruta o al color?

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En muchos idiomas es así: «orange» en inglés y en francés, «laranja» en portugués. Al parecer, en ruso se dicen distino, pero en italiano sólo cambia la terminación «arancia – arancio/ne». En griego se dice igual, así que vamos a suponer que es una cuestión grecolatina, porque me fijé y, a juzgar por los dibujitos, los chinos también lo dicen diferente. Imaginemos, entonces, a uno de los primeros habitantes de lo que ahora es Grecia. Recién se estaba poniendo de moda esto del lenguaje y no todo estaba definido. Entonces, este señor encuentra un arbolito con pelotas anaranjadas en el camino a su…aldea. Agarra una y se la lleva a sus compañeros.

Primero la abren con una piedra. A uno le salta jugo en el ojo y, como todavía eran medio cavernícolas, todos se asustan y piensan que es algo dañino. Es así, no todos los griegos fueron Platón.

La fruta rueda por el piso y le llega a un niño de naturaleza curiosa, como cualquiera de su edad. «¿Qué es?» pregunta. «Cómo saberlo…» piensa alguno. La criatura, sólo con formular una simple frase interrogatoria, contagia la curiosidad a los adultos. Uno de ellos agarra nuevamente el fruto y lo abre más, ahora con la precaución de alejarse. Le pegan un lengüetazo (no todos a la vez, mucha luz para empezar con la chanchada) y deciden que es comestible.

¿Qué hacemos nosotros cuando encontramos algo nuevo? Le damos un nombre y una definición. Por ejemplo: un tomate es una fruta de color rojo, a veces puede ser ácida y a veces dulce. ¡Qué fácil para los que descubrieron el tomate! Ya conocían todas esas palabrotas…

Estos griegos tuvieron que empezar de a poco. «Se come» repitieron. «Es redondo, grueso…y amargo y dulce» «¡¡¡COMO EL POMELO!!!» gritó el sordo del grupo. No podían definir algo como otra cosa. Pensaron qué tenían de distinto un pomelo y una de esas cosas raras. «El color» dijo el niño, que todavía observaba la reunión.
He aquí el problema: ¿conocían los griegos el color naranja?

«Naturalmente» pensarán ustedes «el atardecer es naranja». Muy bien. En ese caso se los concedo: los griegos tenían una palabra asociada a ese color, ya que lo veían todos los días. Por ende, el color le dio el nombre a la fruta.

Sin embargo, esto es todo mentira, porque las naranjas son de China, no de Grecia. Esto no sucedió, al menos no tan así. Pero ¿qué importa? Ahora seguramente ustedes estén convencidos de que el color es a la fruta lo que el huevo es a la gallina: un antecedente.

Aquellos que no están convencidos aún, no se preocupen: apenas aparezca una máquina del tiempo, lo primero que voy a hacer es sacarles esta duda de encima.

Foto: Flavia de la Fuente

4 respuestas to “El huevo o la naranja”

  1. Yupi Says:

    Ja. Está bien. La gallina es el procedimiento de un huevo para producir otro huevo, dijo Butler.

  2. Janfiloso Says:

    Escribir divertido es escribir dos veces.

  3. Roger Malquerer Says:

    Viva Vera!

  4. norma Says:

    Que imaginacion.Geniales las deducciones.

    10 a la fotografa.

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