Intrascendencias (73)

Larraquy

por Quintín

Leo el segundo relato y termino La comemadre de Roque Larraquy. El segundo cuento, “2009”, es independiente de “1907” pero solo hasta cierto punto. Por un lado, hacia el final reaparecen el sanatorio de Temperley, los apuntes de Quintana, el Palais de Glace (que ahora no es una pista de patinaje sino un centro cultural) y, desde luego, la comemadre, una especie perdida entre el reino animal y vegetal que se reproduce por esporas y se devora a sí misma junto con lo que se le ponga al alcance. Es uno de los tantos toques siniestros del libro, al que no le faltan mutilaciones, amputaciones y monstruosidades.

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Pero además de esos elementos comunes, los dos cuentos (las dos nouvelles, sería mejor llamarlas) son homólogos porque son hipérboles de dos mundos que canalizan el deseo de triunfar del narrador. Si “1907” se ocupa de las prácticas y la falta de escrúpulos de la medicina de la época, “2009” trata sobre las artes plásticas, de su mercado actual y de la búsqueda de originalidad a cualquier precio. En ambos casos, el cuento es la historia perversa de un talento particular: el del burócrata en un caso, el del artista en el otro. Ambos son metáforas de la literatura pero la literatura es al mismo tiempo el exorcismo que neutraliza las aberraciones del arte y la ciencia al exponerlos sin hacer daño, aislando de lo fáctico el acto de imaginación. Aira expone en El mago esa idea de la literatura como expresión inocua de la voluntad de poder y Larraquy le hace un curioso homenaje a Aira en a dos páginas del final cuando usa la palabra “verosímil”, un talismán Aira nunca deja de incluir en sus libros:

Eso nos da tiempo para discutir el verosímil del relato e imaginar una vida sexual basada en oclusiones o pudores enfermizos.

Pero también, como para mezclar las pistas o hacer una broma pesada, llama César a un personaje secundario al que le adjudica estos rasgos:

César crece como un hijo bocón y consentido, propenso a la mala conducta, a las enfermedades de piel, a las prostitutas y a Mussolini, atributos que lo convierten en un abuelo pintoresco que sobrevive la saga familiar a través de anécdotas terribles.

“1097” y “2009” podrían ser, de Borges a Aira, dos modos de escritura capaces de abarcarlo todo en una época distinta, escrituras que Larraquy absorbe y procesa a su manera. Pero a Larraquy no le falta originalidad. Al contrario. Tanto su fantasía científica como su historia de un genio precoz de la plástica que evoluciona hacia lo aberrante dejan una fosforescente estela de humor negro a partir de un uso preciso del contexto del relato, de la medicina decimonónica en un caso y del ultracompetitivo mundo del arte y su relación con los medios en el otro. La comemadre es un libro increíblemente abigarrado, donde las historias se cruzan y multiplican y donde cada párrafo, de enorme consistencia, incluye un matiz de invención. En “2009” hay también un texto, en este caso la tesis de una estudiante americana llamada Linda Carter (“mártir de la homonimia”) sobre el protagonista. La idea de la duplicación es recurrente en el relato: Carter se llama igual que la Mujer Maravilla, el narrador tiene en Lucio Lavat un doble idéntico y aparece también un bebé con dos cabezas, que a su vez es expuesto en la televisión como le ocurre al protagonista. Es una muestra más de lo intrincadas que son las conexiones dentro del relato. Por otra parte, si el cuaderno de Quintana, escrito como un protocolo de investigación médica, daba cuenta a su modo de la ciencia de la época, la tesis de Carter es su equivalente actual en el ámbito de las ciencias sociales, codificada según las normas pero con apuntes propios:

La copia de la tesis está encuadernada en símil cuero. Me detengo a observarla en detalle antes de continuar la lectura. El tono general del texto es austero, salvo una primera y afiebrada nota al pie donde Linda afirma que yo mismo planifiqué mi vida desde el principio, sin errar nunca, y que esa, mi obra, cumple en mí (o cierra conmigo, no queda claro) el proyecto de las vanguardias históricas. Luego descubro que todas las notas al pie de la tesis de Linda Carter son igualmente desatinadas. En el vaivén de su humor académico soy un artista de lo binario, el hijo de la cultura del capital, la salvación del arte y la negación encarnada del arte.

La de Larraquy es una inteligencia superior que no deja cabos sueltos. Como se ve, hasta la crítica está incluida en su escritura brillante y un poco paranoica. La comemadre es un libro inesperado y admirable.

Foto: Flavia de la Fuente

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7 comentarios to “Intrascendencias (73)”

  1. La novia de Troll Says:

    Pobre Quintana y su hijo finamente pecoso!! :D

  2. La novia de Troll Says:

    ops “finamente” x “finalmente” :P

  3. Yupi Says:

    Muy bien Larraquy. Después del anticipo de la novia de troll temía el desastre. Hablando de temores, el 3 de mayo pelea el chino Maidana contra Mayweather. Qué simpático me cae Maidana y qué difícil lo veo. Para ganar prácticamente no le queda otra que arrancarle la cabeza, como los científicos de Larraquy, por eso mismo puede ser una linda pelea.

  4. Johny Malone Says:

    Entrenando sólo un mes antes porque espera el nacimiento de su hijo… El familismo argentino lo lleva a la lona con el bailarín del box!!

  5. hernan Says:

    el bailarin del box tiene menos pegada que nicolino

  6. La novia de Troll Says:

    No se asuste Y, es que me estoy poniendo más cabrón que el Ogro de San Clemente!! -tema de la semana con mi psicoanalista.
    (También es cierto que nos lo atosigan: lo hacen leer Dupont y Larraquy es Balzac redivivo!! :D )
    Más seriamente, y con la lectura completada, la segunda “nouvelle” me sigue pareciendo mucho menos interesante u original que la primera ( lectura confusa de Lamborghini, pero dejemos ese asunto para los doctorandos) aunque dos “nouvelles” y sus trabajadas/ tropezadas relaciones es de gran ambición…en fin, pronto habrá que revisar la segunda!!

  7. Yupi Says:

    Quizás sea menos original justamente porque corresponde a nuestra época de psicoanalistas, esos lamentables técnicos del deseo, como los llamaba el finado Foucault. Pero mejor no pensar en cosas tristes esta tarde. Dedicado a las intrascendencias del ogro sanclementino y a los tiempos idos de Larraquy, esta hermosa milonga perfectamente interpretada por el cantor.
    http://www.youtube.com/watch?v=t1EXxpgR6po

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