Morfando en Madrid (7)

La noche de las sociólogas

por Quintín

Ayer comimos al mediodía y a la noche en lugares parecidos: dos de esos bares-restaurantes-tabernas tan típicos en España donde uno se alimenta en base a pinchos y raciones. Ese rubro abarca desde el bar ordinario de la esquina donde salvo la tortilla (que siempre les sale bien), la comida es rutinaria y descuidada, a verdaderos reductos de lujo gastronómico. El boliche del mediodía estuvo en la parte baja de la escala y el de la noche en la alta.

Demos cuente brevemente del primero, La Ardosa en Malasaña, donde pedimos, tortilla y rabas (Flavia no puede resistirse a la tortilla ni a las rabas, que le recuerdan no sé qué cosa de la infancia), mojama de atún y cecina de León con pimientos del piquillo. No los recordaremos.

En cambio, cenamos en Juana la Loca. en la Plaza de la Puerta de Moros, un lugar sin ninguna sofisticación en el aspecto pero que, a diferencia del otro, tiene un cocinero. Es decir, alguien que sabe lo que hace con la comida. En estos lugares, es imposible saberlo de antemano, aunque la carta hacía pensar en un toque gourmet-fusión-moderno. Pero hasta que uno no prueba la comida, bien puede ser una mera ostentación de nombres. Pero, en este caso, era mucho más que eso.

Digamos que la Familia de la Fuente compartió la velada con dos encantadoras sociólogas, Valeria Hall y Milena Leivi. Leivi (creo) fue compañera de Lisandro y Hall (me parece) fue profesora de ambos en la universidad. Algo así. Hall trabaja en Chile y tiene un buen paladar. Leivi es agente de las Naciones Unidas pero es medio remilgada para comer, tanto que no se animó a probar un par de platillos a los que Flavia (reina de la fobia gastronómica) esta vez les hincó el diente. Después de aclarar que no había ningún kirchnerista en la mesa, vayamos a los bifes, aunque no los haya habido

Con Flavia y Lisandro habíamos quedado en comer alguna vez jamón de bellota (el súmum de los jamones de cerdo ibérico) y pedimos una ración. El mozo nos vio pinta de ser gente paqueta y decidió recomendarnos los platos que no figuraban en la carta y a todos les dijimos que sí.

Aparecieron entonces en la mesa una Fideuá (pariente de la paella hecho con fideos en vez de arroz) con tinta de sepia y butiffarra de calamares (un 10), anchoas servidas sobre pan y tomate (las mejores anchoas del viaje) y gyozas (empanadas chino-japonesas) rellenas de bacalao y pimientos del piquillo. Es decir, un pequeño pero esmerado despliegue de cocina catalana, vasca y oriental en un lugar sin en el que la mayoría de los parroquianos miraba el partido del Real Madrid. Allí es donde uno comprende que la civilización ha avanzado sin que uno lo note y la contaminación culinaria es uno de los aportes más duraderos de la globalización.

Como teníamos un poco de hambre, completamos con otros dos platos: rabo de toro estofado y risotto de setas, en una insuperable combinación francoibérica. Después hubo un delicioso sorbete de mandarina para los golosos (o sea, yo).

Tomamos dos vinos que resultaron ser obra del mismo wine-maker, un tal Alvaro Palacios al que en algunos sites españoles le rinden culto. El primero, Petalos del Bierzo (casi Galicia), nos gustó. El otro, Camins del Priorat (Cataluña), no nos gustó.

Esa fue nuestra última cena madrileña. Ahora que me doy cuenta, no aproveché la presencia de las sociólogas para preguntarles cuándo fue que en esa facultad empezó el adoctrinamiento y la producción en serie de cuadros de futuras dictaduras leninistas. Tal vez algún día entienda ese proceso de lavado de cerebro no del todo distinto del que emprendieron aquellas Cátedras Nacionales que conocí en los 70 y que tantas tragedias causaron.

Fotos: El mozo y Flavia

3 respuestas to “Morfando en Madrid (7)”

  1. Santi Says:

    Q., las crónicas gastronómicas son excelentes, incluso esta, pero en el último párrafo me parece que la pifiaste un poco.

  2. Valeria Hall Says:

    Ahora que leo pienso que el mozo nos vio cara de gente paqueta y, paradójicamente, arriesgada: pasto del incendio que hubiéramos decidido de antemano. Y qué bien salió!

  3. Vero Says:

    Quien eligió Juana la Loca sabe lo que hace cuando de comer de trata. Para mi gusto, de las mejores «taperías» que tenemos por aquí! La próxima vez que deambulen por Malasaña, recalen en La Musa y prueben los langostinos empanados, el guacamole….y la Bomba (una papa rellena que se paladea por los ojos desde que la dejan en la mesa). Y el mojito de frutos rojos…que no será un Rioja pero para mojito…satisface a gourmets y gourmands! Y gracias por entretener a Hall en su primera noche! Soy la culpable de dejarla sola en Madrid !

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