Primera página (109), la respuesta

La tinaja, de Luigi Pirandello

por Flavia de la Fuente

Ayer me agarró nostalgia de las primeras páginas. Tan saturada estaba cuando abandonamos el proyecto que nunca pensé que recobraría el brío. Ni siquiera pude leer el librito de Pirandello que dejé pendiente hace más de un mes. Su mera existencia me perturbaba, me daba una sensación inmensa de fatiga, casi me daba náuseas, y les juro que no exagero. Pero ayer, después de una tonificante sesión de natación marina, me topé con La tinaja y lo leí. No es que lo mío haya sido una gran hazaña, porque el libro es de esos cuentos bellamente ilustrados de Gadir, de más o menos tres páginas con letra grande, pero lo cierto es que logré vencer la aprensión y parece que seguiremos jugando a partir de ahora, pero con reglas más permisivas a las primeras páginas. Quizás un libro cada uno, solo una vez por semana, sea una buena dosis. Serían dos primeras páginas por semana, una de Q y otra mía. No suena nada mal para la temporada veraniega.

Lo primero que me llamó la atención fue que Luigi Pirandello nació en 1837 y murió en 1936. O sea que el hombre vivió a caballo entre el siglo XIX y el XX. Pensé en todos los cambios de los que había sido testigo testigo, si vivía un poquito más hasta hubiese conocido la televisión. Me enteré también de que ganó el Nobel en 1934 y que entre sus obras más destacadas están Seis personajes en busca de autor y El difunto Matías Pascal. También dice la contratapa que nació en Kaos, Sicilia y murió en Roma.

Yo no había leído nada de Pirandello hasta el momento, solo recordaba vagamente haber visto hace mil años una película de los hermanos Taviani. Me acabo de fijar en la IMDB y la película en cuestión era Kaos, de 1984, una película de cinco episodios todos basados en relatos de Pirandello y uno de ellos es La tinaja. Solo me viene a la memoria una vasija de cerámica enorme que se movía y nada más. Pasó mucho tiempo desde 1984. Buscando más información sobre la película, me encontré con esta reseña de Tu ridi, del amigo Luciano Monteagudo, que, además, da mucha información sobre Kaos, Pirandello y su opinión sobre el cine.

Volviendo a La tinaja, en la introducción prometen un cuento desopilante y la verdad es que no me reí nada. Quizás mi falta de humor se deba a que me duele la muela desde hace una semana. No tengo forma de saberlo, aunque anoche, pese al dolor, me reí mucho con Q en la cama, antes de dormirnos, porque decía que Solita era una perra refinada, de la estirpe de los zorros, y que, en cambio, Ella y Janis eran como ovejas, pesadas y tontas, dos animales mucho más rústicos que la sofisticada Soli. Y antes de dormir también me dolía la muela. Así que no sé qué decirles. Por las dudas y, de paso, para matar el tiempo mientras soporto el maldito dolor, les voy a refrescar el argumento a los desmemoriados o a quienes nunca leyeron el cuentito de Pirandello.

Resulta que en una aldea vivía el señor Lollò Zirafa, un productor de aceite famoso por su malhumor e intolerancia. El tipo vivía pleiteando por todo y a todos, y era famoso por eso en el pueblo. Era un auténtico cascarrabias. Ante el menor inconveniente, recurría a sus abogados quienes hartos de tantos litigios intrascendentes le regalaron el código civil para que él mismo estudiara sus infinitos casos, y no los molestara más con sus reiteradas y descabelladas consultas. Para colmo, el infeliz de Zirafa, de tanto pleitear sin éxito, estaba medio arruinado.

Pero, por suerte para sus finanzas, este año había tenido una buena cosecha de olivas y planeaba obtener más aceite que nunca. Así que, lleno de optimismo, encargó una vasija especial al alfarero, una vasija enorme, para poder poner a buen resguardo el oro líquido que pensaba atesorar. Mas nada en este mundo es infalible y la nueva tinaja, de pronto, se quebró. No se imaginan el susto que se agarraron los que presenciaron el hecho. Todos empalidecieron y aguardaron temerosos la inminente furia de Zirafa, que se desataría ni bien se enterara del accidente. Obviamente, don Lollò no consideró jamás la posibilidad de un incidente casual, sino que de inmediato empezó a buscar un culpable ya que imaginó que alguien, de pura mala entraña, le había roto su nueva tinaja a mansalva. Pero la ira, en este caso, no conducía a ningún lado. La vasija estaba rota y había que repararla. Como, casualmente, se hallaba por ahí el gran alfarero Tío Dima Licasi, inventor de una masilla infalible, don Lollò le encargó que la reparara. El señor Licasi insistió en que solo bastaba pegarla con su milagrosa masilla de la cual estaba muy orgulloso, pero el desconfiado Lolló lo obligó a que también la fijara con grapas. Por más que se resistió Licasi a esta idea de las grapas, nada pudo con la tozudez de Lollò que le insistió hasta hartarlo con el asunto de las grapas y al buen inventor no le quedó otra que cortar por lo sano y darle la razón. Así que Licasi se tuvo que meter en la tinaja para repararla por dentro como quería su empleador. ¿Y qué pasó? Una vez que el buen alfarero terminó de poner la última grapa se dio cuenta de que había quedado atrapado en la tinaja y que no sabía cómo salir de allí. ¡Socorro!, empezó a implorar el pobre artesano. ¿Alguien me puede ayudar a salir de aquí? Todo el pueblo pensaba y pensaba en cómo ayudarlo, pero a nadie se le ocurría otra cosa que volver a romper la tinaja del señor Zirafa. Cuando llegó a oídos de don Lollò esta nueva desgracia, en lugar de apiadarse del pobre hombre atrapado en la vasija, se  enfureció aun más y, a los gritos, le exigió al buen alfarero que estaba preso en su tinaja que le pagara una indemnización por mala praxis. Por supuesto, el noble artesano se negaba rotundamente a poner un solo peso de su bolsillo, porque él había sugerido pegar con su masilla mágica la tinaja y así no habría habido problema alguno. El tiempo pasaba y Licasi seguía dentro de la tinaja. Pero Lollò era incansable para los litigios, así que se sucedieron infinitas discusiones hasta que en un momento de desesperación, irritado por su impotencia frente esta situación absurda, le dio una patada a la tinaja que rodó y rodó hasta que chocó contra algo y se volvió a partir y el buen alfarero finalmente pudo salir. Y colorín colorado este cuento se ha terminado.

Ahora que lo conté, La tinaja me gustó más, me cayó más simpático. Es una historia divertida sobre testarudos y pleiteros. Y, además, está muy bien escrito. Es un placer su lectura y muy breve.

Ultimo momento. Acabo de visitar la Wikipedia para ver si me enteraba de algo más sobre el célebre escritor italiano y descubro que Pirandello no nació en 1837 sino en 1867, así que todo mi primer párrafo sobre el hombre que había vivido a caballo de los dos siglos es solo parcialmente cierto, y el pobre Pirandello no vivió 99 años, sino apenas 69, o sea que cabalgó mucho menos. Una desilusión doble. En primer lugar, porque siempre me gusta encontrar personajes longevos, me hacen creer por un ratito en la inmortalidad. En segundo lugar, porque ya no se puede creer en nadie. Porque lo cierto es que mi error proviene de la contratapa de la edición de Gadir. ¿No es indignante que un libro de tanta producción editorial tenga tamaños errores? Les juro que ni se me ocurrió verificar el dato. Una editorial tan prestigiosa, con un catálogo tan distinguido, no puede cometer errores tan burdos. Si uno imagina el costo de un libro de tapas duras, con papel ilustración, dibujos en colores con una calidad de impresión notable, elegante tipografía, en fin, un libro muy caro, lo menos que se espera es que varios correctores y editores chequeen los datos (mínimos por otra parte) que se publican. Pero claro, eso es lo que menos importa. Así están las cosas.

4 respuestas to “Primera página (109), la respuesta”

  1. irrepetible Says:

    Volvieron las Primeras Paginas!!! Gracias, F…

  2. Lucas Says:

    Estaba escuchando Silvio Rodriguez y mientras transcurrian los acordes de «Totí» me dieron ganas de digustar sus estrofas. Al llegar a la parte: «Bello totí fulígeno,» me di cuenta que fulígeno era una de esas palabras que no conocia entonces empece a buscar por la Web y… Zaf

    Llegue a este blog. Que puedo decir, me encanta y siento que puedo aprender mucho (que no es poco)
    Saludos

    Lucas

  3. dizza Says:

    Es agradable y consuela volver a leer las primeras páginas. También se extraña Walser (asocio estas primeras páginas de F. con la escritura de Walser, así de interesante y con esa comicidad reconfortante y espontánea -entre el dolor de muelas (sorry, no por el dolor sino por la situación ) , la edad de Pirandello, el error de la Editorial Gadir sobre dicha fechas biográficas y la historia de la tinaja.
    la vida es bella pese a todo, aunque sea al 2 %

  4. lalectoraprovisoria Says:

    Qué suerte que volviste, dizza! Te extrañaba mucho. Es que anduve muy cansada y débil. Pero desde que empecé a nadar me fui recuperando y ya volverán las primeras páginas. Cuando vuelva a casa mando una nueva, porque me toca a mí.

    De Walser habrá que olvidarse por un tiempo porque el amigo Dasbald anda de paseo por Polonia y recién vuelve a la Argentina en enero. Así que deberemos tenerle un poco de paciencia, pero confío en que algún día seguirá con sus traducciones de los retratos de escritores de nuestro amigo suizo.

    Besos,

    F

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